Néstor Kirchner se había prometido privilegiar la relación con Brasil sobre cualquier otro vínculo internacional. Sin embargo es en ese país donde han aparecido los primeros desafíos. No sólo porque la relación comercial se vuelve día a día más asimétrica. Tampoco porque George W. Bush le ha señalado a Lula Da Silva como el norte a seguir, igual que el Fondo Monetario Internacional, que señala a la gestión del líder del PT como un modelo de modernización. No le va bien con los intelectuales de izquierda en la comparación con Lula (como lo demostró el francés Alain Touraine) y, esta es la novedad, tampoco luce Kirchner ante la prensa brasileña. Desde allí le dedicaron el último fin de semana el retrato más duro que haya recibido en el extranjero. Se trata de una nota que la revista «Veja» -la más leída de Brasil y, por lo tanto, la de mayor tiraje en el mundo- tituló «El riesgo Kirchner». El texto pertenece a Raúl Juste Lores, encargado de Internacionales de la publicación y ex corresponsal en la Argentina. El Presidente queda retratado como un caudillo bastante convencional, que gusta de deambular por los asilos y escuelas de la periferia y tiene en las encuestas a su principal asesor.Y se plantea un enigma central, incomprensible para cualquier mirada externa: ¿Por qué Kirchner, que preside un país al que le resulta urgente recuperar el financiamiento y la inversión, ha elegido desairar sistemáticamente al empresariado? La nota enumera los episodios, ya conocidos en la Argentina, de esa agresividad. Y se plantea la posibilidad de que con su política populista Kirchner termine pulverizando algunas de las ventajas competitivas que la Argentina todavía conserva. Termina con una pregunta más la nota de «Veja»: ¿Hasta cuándo Kirchner seguirá jugando con la mente puesta solamente en la hinchada? Veamos:
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Casi tres meses después de haber asumido la Presidencia de la Argentina, Néstor Kirchner todavía parece un candidato. Durante la campaña, culpaba al empresariado local, a las empresas extranjeras y al Fondo Monetario Internacional (FMI) por casi todos los males del país.
No moderó el tono después de su asunción. Se puede argumentar que se trata de una demostración de coherencia. Pero también es una actitud de alto riesgo para un gobierno que tiene entre sus desafíos probar al mundo que la Argentina es un país serio.
Si se las toma al pie de la letra, las bravatas presidenciales van a dificultar el acceso a lo que los argentinos más necesitan en este momento: inversiones y préstamos internacionales. La visita de Kirchner a Europa el mes pasado fue una sucesión de descortesías innecesarias. En Inglaterra, en vez de aprovechar para obtener algo del primer ministro Tony Blair, desperdició el encuentro reclamando la soberanía de las Malvinas. No hay urgencia en resolver la disputa en torno a las islas, motivo de una guerra entre los dos países en 1982.
En España, Kirchner declaró que las empresas españolas «fueron cómplices de las políticas de los años '90". Los españoles son los mayores inversores extranjeros en la Argentina y poseen las principales empresas en sectores estratégicos como el petróleo, la energía eléctrica y las telecomunicaciones.
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