Una democracia agrietada
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La primera desvirtuación democrática está en la concurrencia a las urnas con un ausentismo sorprendente, que sólo se daba en el país en los años '30 del «fraude patriótico», con similar gravedad socioeconómica y niveles de desempleo. Cuando la crisis aprieta tanto, demasiada gente no se interesa por las urnas, que consideran una excentricidad de políticos frente a sus necesidades apremiantes de cada día.
Volvemos a los años '30 en casi todo a nivel comicios. Volvió, como entonces, el poderío al viejo «puntero», que esgrime su experiencia y arrastra votantes. En la Capital Federal se triunfó en base al gasto desde el Estado, reparto de créditos, compra de «punteros» que utilizaban hasta la amenaza de supresión de algún plan asistencial al ausente. Con tal de ganar a cualquier precio, el ministro Gustavo Béliz hasta prohibió votar a policías. En los barrios porteños de Lugano, Mataderos y Versailles, donde Macri había ganado en la primera vuelta, aparecieron 50.000 votantes más. Y ganó Ibarra. Macri no especuló con sus listas y su falta de experiencia dejó «punteros» heridos. Así le fue por no adaptarse a la política sucia argentina.
El voto en blanco fue segundo en la provincia detrás de Sola. ¿Qué significa? Lo mismo, que la crisis economico-social terrible hace que mucha gente sea arriada a votar para no perder planes asistenciales del gobierno, pero en el cuarto oscuro no vota a ninguno. Menos a los diputados bonaerenses. Pero cumplieron para que no les saquen «los planes», de 150 pesos.
Entre abstención y voto en blanco, 40% de los bonaerenses no elegieron a quién los gobierne.
La izquierda en la provincia de Buenos Aires -prácticamente en todo el interior del país-está extinguiéndose.Pero se aferran a considerarlo bien de izquierda a Kirchner, aunque eso no surge para nada de lo acordado por el presidente con el Fondo Monetario Internacional y con el presidente George W. Bush. Pero necesitan sostener que es marxista.
Hay hechos que requieren un sutil analisis y otros incomprensibles. Entre estos últimos está que la mayor parte del voto a Patricia Bullrich haya ido a Ibarra y no a Macri. Hasta la derecha parece así un poco alocada. En cambio es comprensible que los barrios pobres que antes votaron a Macri giraran a Ibarra, a nivel de darle el triunfo: mejoraron su situación económica por la política, aunque sea momentáneamente. No pueden ser criticados.
Lo más penoso que surge de este comicio es que se extiende el mal argentino del «feudo», antes circunscripto a algunos caudillos del interior que por años se perpetuaban en dominio de provincias. Ahora también se generaliza en todos los sectores públicos del país la idea de que el que gana un poder ejecutivo, nacional, provincial o municipal con sólo disponer de los dineros públicos entre tantos desocupados y hambrientos torna imposible el surgimiento de otros que quieran evitar que se perpetúen. Macri fue un caso. La radical Stolbizer es otra que luce a partir de la extinción de dominadores de aparatos como Leopoldo Moreau. No es que los argentinos se hayan hecho menos democráticos sino lo dicho: en crisis económicas agudas hay tantas necesitades que se agrieta la democracia cuando los dineros públicos pesan en las urnas.




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