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Ahora la izquierda es juez y también quiere silenciar
Quiere grabar que el colega Jorge Lanata, por ejemplo, puede decir «no justifico que le peguen, pero me gusta que el Dr. Roberto Alemann no pueda caminar por la calle y sufra una muerte civil» (textual). Claro, que circule libremente por nuestras calles el indultado Mario Firmenich, tras haber secuestrado y asesinado al ex presidente Pedro Aramburu. Y que los que se expresan en sentido contrario, hacia la libertad y derechos de la persona, son detestables hombres de prensa a los que hay que acallar o denostar revolviéndoles males pasados como si los pro marxistas no los tuvieran.
Quieren la libertad de prensa que hay en Cuba -o sea cero-, país que idolatran, pero donde jamás soportarían vivir. Ni lo harían en la Argentina si lograran «cubanizarla».
No debía preocuparme ni ser yo quien responda a esa burda nota ya que sólo me dedican apenas 2 fotos y sólo 21 líneas, sobre casi 2.000 de extensión para denigrar a decenas de personas, desde periodistas hasta empresarios y donde hay afirmaciones tan absurdas como que los creyentes en la libertad, los integrantes del «nuevo multimedios» «no tienen -suponen- un candidato con posibilidades reales de llegar al poder por medio de los votos»...
¿Acaso, en su obnubilación del raciocinio, creen que Carlos Reutemann, Ricardo López Murphy, Carlos Menem, José Manuel de la Sota, en la primera línea, y su «banco» de suplentes -como Ramón Puerta, Juan Carlos Romero, Patricia Bullrich, Mauricio Macri y tantos más- son de «izquierda» y devotos de las barbas de Carlitos Marx?
No me correspondería, por mínima mención, pero tampoco es cuestión de dejarles que intimiden a medios y periodistas independientes que no abundan. Nunca le temí ni temo a esta izquierda que si fue «socialista a los 20 años para no ser idiota a los 40» (Alfredo Palacios) terminó siéndolo porque sigue marxista sin haberse enterado de que la caída del Muro de Berlín, en 1989, terminó casi mundialmente con el oprobio del comunismo y que el Stalin, cuyos métodos quieren argentinizar, murió en los '50.
Una izquierda nuestra infantil, no aggiornada como la europea en socialismos constructivos, que ni leyó «El Capital» -famosa biblia del barbudo- asustada por sus tres voluminosos tomos.
En esas 21 líneas no me pueden reprochar pasados y no es precisamente «por edad» que me salve de haberme involucrado con el Proceso. Al contrario, no ataco a las Fuerzas Armadas, aunque en esa dictadura militar fui sancionado dos veces hasta con un decreto de «subversión real y potencial», aunque haya sido un error pero me costó. Y eso ya lo han investigado de sobra desde la mano inglesa de tránsito al extremo de que el hoy predicador y juzgador de ajenos, Horacio Verbitsky, me dijo una vez por televisión, cara a cara, que «fue una casualidad». Dentro de su peculiar óptica, también lo debió ser que, pese a la amistad con Carlos Menem desde que sólo era un gobernador riojano, jamás hice un negociado, negocio o «negocito» durante la década de su gobierno.
Los sueldos que cobra el Sr. Verbitsky en «Página/12» son pagados con fondos públicos que extrae el monopolio «Clarín», su dueño, y con negociados que hizo en plena Era Menem ese diario «Página/12», tan enfermizamente antimenemista... luego de haberlo aprovechado. Recordemos -porque atacar periodistas libres enfrenta a la izquierda con hombres que tienen memoria, manejan información y guardan archivos- que «Página/12» secretamente recibió de la Secretaría de Comunicaciones en los '90, sin licitación pública alguna, ondas oficiales de banda ancha que vendió luego por millones de dólares. ¿O no?
Y no olvidemos que este Verbitsky, que hoy juzga tanto (a otros) para impresionar a jóvenes que no saben, fue acusado por sus ex compañeros de subversión de haberse acobardado y abandonado en un ataque extremista en Plaza de Mayo. ¿O no? Y durante la dictadura militar participó en prologar libros -con su nombre- de la Aeronáutica Militar, como bien conoce el comodoro (RE) Juan José Güiraldes. ¿O es falso esto?
No inventamos «multimedios» ni decimos lo que no podríamos probar. Por tanto, no es cuestión de atacar alegremente una y otra vez a hombres de prensa independientes y no marxistas para silenciarlos por temor.
Su socio en TV y hoy «fiscal juzgador» que propone y pontifica «muertes civiles» de ciudadanos, tal el caso de Jorge Lanata, también cobró sueldos provenientes de fondos corruptos en «Página/12». También fundó esa revista «Veintitrés» que hoy intimida periodistas. ¿Olvida el Sr. Lanata que cuando debió ir a declarar -propuesto por el abogado defensor- en defensa del subversivo de La Tablada Gabloud Almirón, su subalterno cablero en el diario, eludió el complicado compromiso trasladándose rápidamente al exterior y que Almirón fue condenado a 13 años de cárcel, aunque los hubiera recibido igual porque fue uno de los extremistas que mató a balazos, sin preaviso al pobre conscripto de 18 años, sorprendido adormilado en el frente de la guarnición de la Tablada?
• Ante la Justicia
Los periodistas no ideologizados hemos ido 3 veces a la Justicia en los últimos meses -es mi caso- no por delitos, sino por haber criticado acciones y fallos de jueces como María Servini de Cubría, Mariano Bergés y el fiscal Carlos Stornelli. ¿O alguien supone que es fácil ejercer el periodismo con libertad y sin ideología en la Argentina para los que no hemos atemorizado jueces como hace la izquierda?
¿O no dejó prescribir el juez -sin una comparecencia- mi juicio a Lanata, Verbitsky, Sokolowicz cuando trataron de apretarme con una acusación por un auto donde jamás existió delito y ni siquiera fui juzgado?
Además, esta izquierda que hoy trata de silenciar a hombres y medios de pensamiento libre ¿se olvidó -o se ilusiona que otros se olvidaron- cuando en los años '80 Raúl Alfonsín implantó el estado de sitio durante una semana para detener periodistas -ninguno de izquierda, desde ya- y le clausuró el programa radial en radio del Estado de Eduardo Aliverti y Jorge Lanata «Sin anestesia»? Fue el periodismo libre de Ambito Financiero el que les ofreció sus páginas para que, por lo menos, siguieran expresando sus ideas por escrito en un diario.
Más aún: hicieron públicamente una colecta para sacar «Sin anestesia» por otra radio, esta vez privada, y personalmente les ofrecí 1.000 australes, de aquel entonces.
Podemos hablar mucho más de Lanata, Verbitsky, sus pasados, ingratitudes, ideologizaciones y las revistas pro marxistas. Podríamos hablar de grabaciones oídas de quienes extorsionaron desde la izquierda a empresarios para lograr financiamiento o eran denigrados públicamente.
No conozco periodistas de pensamiento libre, no marxistas y creyentes en serio en la democracia que quieran silenciar -aunque sí criticar sus excesos- a la prensa de izquierda.
Por eso no hay que callar cuando asumen el papel de santurrones del pasado reciente y pretenden silenciar otras voces que llegan a la sociedad. Menos aún permitírselos en un momento tan crucial como éste.


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