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4 de julio 2003 - 00:00

Con la ferocidad de Pinter

Juega Harold Pinter en esta obra, como en la mayoría de sus piezas, con la ambigüedad de los caracteres y lo impreciso de las situaciones para crear el suspenso. Dos personajes llegan en medio de la noche a la habitación de una casa deshabitada, llena de goteras, que sirve de depósito para trastos viejos. El morador, un hermético personaje llamado Aston (Mauricio Minetti), trae como invitado a un astroso individuo que evidentemente vive en la calle y se hace llamar Jenkins (Antonio Ugo).

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Dos personajes llegan en medio de la noche a la habitación de una casa deshabitada, llena de goteras, que sirve de depósito para trastos viejos. Hay cierto humor terrible en la pieza y eso es lo que resalta la puesta de Lorenzo Quinteros.


El carácter del despreciable individuo poco a poco se va manifestando, se vuelve pedigüeño e impertinente y su veta autoritaria se revela sin ambages cuando pelea por la cama o cuando reclama al otro un par de zapatos. Hasta posee su pieza de soberbia que le permite referirse con desdén a «los negros» que comparten el baño de la ruinosa casa.

Sus aprestos son frenados por



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