15 de febrero 2001 - 00:00

Curioso: millonarios de EEUU no quieren pagar menos impuestos

Algunos de los millonarios más famosos de Estados Unidos y sus padres sorprendieron ayer al oponerse a la decisión del presidente George W. Bush de eliminar gradualmente el tributo a la herencia. Dicen que afectará a los que «no llegan a fin de mes». Además, aseguran que no se favorecerá la donación de dinero para fines sociales. Entre otros, apoyan el reclamo el padre de Bill Gates, George Soros y David Rockefeller.

Nueva York - Un centenar de millonarios norteamericanos, entre ellos Warren Buffett, George Soros y el padre de Bill Gates, lanzaron ayer un llamado al Congreso para salvar el impuesto a la herencia que el actual presidente norteamericano quiere abolir de los códigos de Estados Unidos.


Bush propuso cancelar gradualmente, desde ahora hasta 2009, el impuesto sobre la herencia: pero una petición organizada por William Gates, el padre del fundador de la Microsoft, hizo sonar la alarma: «De este modo se enriquecerían sólo los herederos de millonarios y multimillonarios, afectando a las familias a las que les cuesta llegar a fin de mes».

En el llamado, los ricos norteamericanos sostienen que los millones de dólares que el gobierno perdería con la abolición del impuesto sucesorio «deberían compensarse, inevitablemente, con un aumento de la presión fiscal o con recortes a programas como la Social Security, las obras sociales para los más pobres, la protección del ambiente y otras iniciativas federales indispensables para el bienestar de una nación».

Los ricos subrayaron que la abolición del impuesto induciría a las familias más ricas a renunciar a devolver parte de su fortuna en actos de beneficencia, un gesto hasta el momento incentivado por la perspectiva de reducir las cantidades imponibles sujetas a impuestos.

El manifiesto de los ricos de Estados Unidos se publicará el domingo en «The New York Times», en la página de opinión.

Entre los firmantes -anticipó ayer el diario norteamericano- están las figuras más importantes de las finanzas norteamericanas, desde George Soros hasta el filántropo David Rockefeller; desde Agnes Gund, una mecenas de las artes y presidenta del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), hasta Ben Cohen, que hizo millones con los helados Ben and Jerry.

Muchos de ellos son demócratas, pero Gates padre dijo que la idea encontró consenso incluso entre hombres de los dos partidos. Como su hijo, Bill, el padre jamás se alineó políticamente: «E incluso esta vez no pensé ni siquiera por un instante en la afiliación de los firmantes».

Entre ellos
no figura Warren Buffett, el inversor de Omaha, Nebraska, a quien la clasificación de la revista «Forbes» coloca en el cuarto lugar entre los ricos de Estados Unidos pero sólo porque, a su juicio, el manifiesto de los otros millonarios «no era lo bastante fuerte».

Según Buffett, el impuesto a la herencia tuvo un papel en la promoción del crecimiento en Estados Unidos ayudando a crear una sociedad en la que el éxito está basado en el mérito y no en la riqueza recibida en herencia.

Terrible error

«Cancelarlo -dijo a 'The New York Times'- sería un terrible error», el equivalente a «elegir el equipo Olímpico de 2020 poniendo en el grupo a los hijos mayores de las medallas de oro que ganaron en 2000 en Sydney.» El millonario de Omaha desde hace años está dispuesto a traducir en hechos sus opiniones; como Bill Gates Jr. dijo varias veces que sus hijos heredarán las migajas de su exterminado patrimonio.

Los Estados Unidos tienen la tasa de impuesto sobre la herencia más alta del mundo. El impuesto que se cobra sobre el patrimonio en herencia, según el código vigente, es de 37 por ciento de todos los activos, después de la exención de 675.000 dólares. Una vez que estos llegan a tres millones de dólares, la tasa asciende a 55 por ciento.

El gravamen debe pagarse al Estado en efectivo hasta los nueve meses tras la muerte del titular del patrimonio. En base a la ley en vigor, la exención subirá a un millón de dólares de aquí a 2006.

En total, son 120 multimillonarios los que han iniciado gestiones para que el Congreso no elimine el impuesto a los bienes patrimoniales heredados, establecido en 1916 para financiar los gastos de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. En la segunda y tercera década del siglo XX, el Congreso extendió la vigencia del impuesto para contrarrestar la concentración de la riqueza. Según los críticos del tributo, ese problema ya no existe desde que se han aprobado leyes contra los monopolios y a favor de la competencia.

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