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La regla de los derechos humanos de los Kirchner sólo parece tener un valor local. Si desató polvareda la entrevista pasada de Cristina de Kirchner con el ex general paraguayo Lino Oviedo (explicada para que el candidato presidencial no sólo sea amigo de Lula y del Pentágono), la de hoy con el dictador Teodoro Obiang Nguema, presidente de Guinea Ecuatorial, casi no tiene explicación. Al menos, para los argentinos (ya que para el visitante, a quien además le ofrecerán una comida en el Palacio San Martín, es publicidad y fotografías para vender a su regreso al Africa). La Cancillería nada ha dicho sobre el mandatario, ni siquiera informó lo que es público: está en el poder desde 1979, golpe de Estado, luego elecciones, figura entre los jefes de Estado más ricos del mundo (el octavo, según «Forbes») y Amnesty lo ubica en ranking privilegiado como represor, a la hora de vulnerar derechos humanos. Gana con 90% de los votos, es candidato único, registra denuncias por persecuciones y asesinatos. Todo un modelo basado en el petróleo, como Hugo Chávez, con la ventaja adicional de que el diálogo de hoy será en castellano, ya que Guinea Ecuatorial es la única nación hispanoparlante de Africa. Por esa razón de lengua, al menos, se le debería haber informado a la Presidente de la clase de pieza que tendrá a cenar a su mesa.
REPENTINO FUROR POR GALBRAITH
Vayan a las librerías, fue la orden que le atribuyen al ministro Martín Lousteau. La misión: encontrar un libro, «Teoría del control de precios» (John Kenneth Galbraith, 1952) que, al parecer, el ministro olvidó de transitar en su formación universitaria de San Andrés y en la London School. Comentaban este reclamo en los mortecinos pasillos del ministerio (allí se cumple la restricción energética), luego de que Guillermo Moreno le recomendara a su colega esa lectura. Para que no digan que sólo impone su fuerza, también la letra.
ACADEMIA DE POLICIA (1)
Por ahora, sin dinero. Pero, le sobra ambición al proyecto. Así está Mauricio Macri, quien -según comentan-, trabaja en las sombras con policías retirados y en actividad ( temerosos de que trasciendan sus nombres para no padecer represalias de sus colegas) en la organización de una academia de Policía, inspirada en un modelo de los Estados Unidos que incluye simuladores para adiestramiento en tiroteos u otras refriegas (muñecos movidos por computadoras). No es sólo reciclar guardias urbanos. Quiere cumplir con lo que no cumplieron otros en su cargo y gasta todo su ingenio ingenieril para que los números resistan a la inversión.
BS.AS.: DIVIDIDOS POR LA DOCTRINA
Sin empachos, se insiste en que está comprometida la estabilidad del secretario Carlos Stornelli, responsable de la seguridad bonaerense. La pieza clave de Daniel Scioli para el tema más importante de su gestión soporta acechanzas de todo tipo -ya debió desplazar a su segundo-e, inclusive, ahora le mencionan a su futuro reemplazante, Martín Arias Duval, hoy director de Migraciones.No es casual el dato: Arias Duval fue el segundo de León Arslanian, a quien siempre le cuesta dejar los cargos y brama debido a que Stornelli ha decidido cambiar su costosa política anterior. No es el único drama en la gobernación: también, afirman, es para alquilar balcones la creciente diferencia entre el jefe de gabinete, Alberto Pérez, y el hermano del gobernador, Pepe Scioli. Peleas por la doctrina, claro.
HAY QUE ESPERAR, COMO WALT DISNEY
Desde que a Néstor Kirchner lo atacó una pasión partidaria y peronista -nunca antes observada en 4 años, algo así como el rescate de su dormida por décadas vocación revolucionaria y montonera-, más de un atento se pregunta: ¿qué dice sobre esto Eduardo Duhalde? (nadie ignora que era un experto en el control del partido, siempre condicionado a su favor, tanto que asesores experimentados suyos como Jorge Landau o Juan Carlos Mazzon fueron contratados por el santacruceño). Por supuesto, el bonaerense poco y nada dice de Kirchner, estado de muda hibernación que adquirió después de hacerlo mandatario. Una suerte de Walt Disney que, por la contumacia en el silencio, perdió su reconocido «aparato» en la escribanía de Julio De Vido. Si hasta bendijo la última transferencia al oficialismo de Roberto Lavagna, telefónicamente, y amparándose en la consigna: «Hay que esperar». Siempre la misma aunque con excusas diversas. Ahora, su última esperanza es que «hay que esperar a que se peleen Cristina y Néstor», ya que esa sociedad política -entiende-no puede continuar por mucho tiempo. Vana esperanza tal vez de quien, en el exilio del poder, sólo exhibió temor reverencial al matrimonio. Impresión coincidente hasta de sus mejores amigos, quienes -también coinciden- no saben cuál es la razón de ese temor.
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