El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El encuentro se jugó en el estadio Gottlieb Daimler, de Stuttgart, y el único tanto marcó Juan Pablo Sorín a los 2 minutos del segundo tiempo.
Con ausencias notorias y con la idea de seguir enfrentando a rivales de juego parecido a los que tendrá en el Mundial (Alemania símil de Suecia, como Gales de Inglaterra y Camerún de Nigeria), Argentina no jugó bien pero fue superior a Alemania.
El equipo de Bielsa sintió la falta de jugadores clave: el que ordena la defensa, Ayala; el que marca la línea de presión, Simeone; el que conduce al equipo, Verón; el que desequilibra en los últimos metros, Ortega o Caniggia, y finalmente los que definen, Crespo o Batistuta. Pero conservó la idea de juego que logró plasmar su entrenador desde 1999.
Alemania, por su parte, también sintió la falta de varios titulares, pero su presente no es el mejor. No de casualidad se clasificó para el Mundial en el repechaje ante Ucrania y por eso, lo que otrora hubiera sido un partido para resistir al potente equipo germano, se transformó en un choque de iguales con ligera supremacía de la destreza sudamericana.
En la primera etapa el juego fue equilibrado y las llegadas también. Alemania apeló al juego aéreo -un déficit blanquiceleste cuando no está Ayala-, y Argentina apostó a la llegada de los carrileros Zanetti y Sorín, y al encuentro del festival de zurdos que paró en ataque: González y los dos López (Claudio y Gustavo).
El equipo de Voeller arrimó peligro a los 6' y 13', pero el cabezazo de Bierhoff lo controló Cavallero y el de Linke, tras un mal despeje de Pochettino, rebotó en el palo derecho.
Fue lo único en ofensiva de Alemania en la etapa inicial, con la excepción de un zurdazo cruzado de Klose, a los 27', que atajó el uno argentino, jugada originada en una mala cesión de Almeyda.
Argentina, con las limitaciones apuntadas, intentó por otra vía, tratando de combinar por abajo y en velocidad. No produjo mucho, pero lo hizo trabajar a Lehman más que Cavallero.
Y en tres minutos el arquero del Schalke 04 mostró su valía. Le tapó un remate a Aimar, tras buena jugada colectiva, a los 16, uno a Zanetti a los 17 y un cabezazo al "Piojo" López a los 18.
Ese buen momento argentino se interrumpió cuando Jeremies le pegó un planchazo "criminal" a Aimar, digno de que el periodista inglés que pidió investigar el 'pasado nazi' de Duscher, por la barrida a Beckham, siga el mismo temperamento.
Pero la victoria argentina en tierra germana empezó a pagar su precio a los 31', cuando Aimar, con dificultades en su pierna izquierda, le dejó su lugar a Gallardo, cambio que le permitió a la Argentina tener mejor distribución del juego por la pegada larga del volante del Mónaco.
Poco después, Lehman volvió a rebotar zurdazos de Claudio López y de Gustavo López, a los 34' y 36', lapso en que Argentina merodeó el área de un equipo alemán sin luces, algo habitual, y sin funcionamiento, esto sí infrecuente.
La etapa se cerró con una insólita agresión de Almeyda a Ballack (un puñetazo al estómago) que el árbitro no advirtió.
En el segundo tiempo el desarrollo cambió rápido por el gol de Sorín a los 2'. La jugada la inició Gallardo con una apertura larga a la derecha para Gustavo López, éste se frenó, se acomodó para la zurda y lanzó el centro, y Sorín, en un anticipo ofensivo, la peinó con el parietal izquierdo al palo derecho de Lehman.
Desde allí y hasta el pitazo final del español Mejuto González las acciones fueron un calco y un reflejo del por qué Argentina es candidata a ganar el Mundial y Alemania no.
Porque el local desnudó su escaso volumen de juego, algo que arrastra desde las épocas de Lothar Matthaeus, y sólo atinó a lanzar centros, en tanto Argentina mostró su comodidad para jugar de contraataque con la velocidad del "Kily" González y del "Piojo" López, aunque estos no tuvieran una buena noche.
Y en ese marco, Argentina estuvo más cerca del 2-0 que Alemania del 1-1, lo que no se cristalizó porque Saviola ingresó cuando faltaban apenas 15 minutos de partido y porque el jugador ideal para manejar la réplica, Gallardo, también se fue lesionado.
Pero lo que no quedó en cuestión para las 50.000 personas que llenaron el estadio fue la superioridad argentina, que ahora quedó en la estadística con un balance favorable de siete victorias, cinco derrotas y dos empates.
Dejá tu comentario