8 de marzo 2001 - 00:00

Izquierda puede ganar después de un siglo en París

París - Las elecciones municipales francesas que se celebrarán el próximo domingo en primera vuelta no son unos comicios corrientes. Primero, porque constituyen el primer asalto de un combate que culminará en 2002 con las elecciones legislativas y presidenciales, y en un previsible duelo entre el presidente Jacques Chirac y el primer ministro Lionel Jospin para ocupar durante los cinco años siguientes el Palacio del Elíseo, sede de la jefatura de Estado.

Segundo, porque una de las peculiaridades del sistema político francés -la acumulación de mandatos-significa que en la batalla municipal participan políticos de primerísima fila, ministros, ministrables y ex ministros, que aspiran a conservar o a conquistar una alcaldía. Y tercero: en estos comicios, que se anuncian reñidos, la derecha podría perder bastiones tan importantes como París y Lyon, mientras que la izquierda no espera bajas tan simbólicas. El destino de la capital francesa, administrada por la derecha en todo el siglo XX, se ha convertido en la clave de la campaña.

Para la derecha parisina, atrás quedaron los tiempos, en los años '80, en que conquistaba todos y cada uno de los 20 distritos de la ciudad. Muchos sondeos sugieren que varios distritos clave podrían votar por primera vez a la izquierda, poniendo en manos del candidato socialista Bertrand Delanoë la llave del Hôtel de Ville.

Philippe Séguin
, el candidato de la alianza de neogaullistas (RPR), centristas (UDF) y liberales (DL), y su antiguo compañero de filas y alcalde saliente, Jean Tiberi, que se presenta como independiente, deberían prepararse para lo peor, según explica Philippe Méchet, director general de Sofres, uno de los principales institutos galos de investigación de la opinión pública: «En París se han reunido todos los ingredientes para una derrota de la derecha y no vemos una inversión de la tendencia».

Dificultades

«El balance contrastado del equipo saliente, la desunión de la derecha y un candidato a la Alcaldía venido de fuera (Séguin)», explican, a juicio de Méchet, las dificultades de la derecha. Otros factores están relacionados con recientes cambios demográficos y sociológicos, sin olvidar un sinfín de escándalos político-económicos. Sin embargo, el director de Sofres ya ha avisado que la izquierda ganará menos cómodamente de lo que presagian algunas encuestas, sobre todo en el supuesto de una fusión de las listas de Séguin y Tiberi en la segunda vuelta del 18 de marzo.

Una derrota de la derecha en París supondría un duro revés para el presidente de la República, reduciendo sus posibilidades de ser reelegido en 2002: no en vano, Jacques Chirac fue alcalde de la capital desde 1977 hasta su entrada en el Elíseo en 1995, designó a Tiberi como su sucesor y, tanto para lo bueno como para lo malo, gran parte de lo que es la capital constituye obra suya.

Perder la capital desmoralizaría aun más a una derecha debilitada tras los sucesivos fracasos que ha encajado desde 1997 en elecciones legislativas, regionales y europeas, pero quizá serviría como elemento catártico, para emprender por fin alguna forma de unión o fusión de la oposición, a imagen de la izquierda plural hoy en el poder.

En el resto del país, la derecha podría quedarse sin otras ciudades y localidades tan emblemáticas como Lyon, de cuya alcaldía se despide el veterano
Raymond Barre, o Tulle, feudo de Jacques y Bernadette Chirac, de cuya municipalidad intenta apoderarse el secretario nacional socialista, François Hollande. La contienda promete ser reñida en Toulouse y Avignon, territorio tradicional del RPR.

La izquierda no está al abrigo de algunas pérdidas. Entre los ayuntamientos amenazados figuran, por ejemplo, los de Dunkerque, Le Mans, Quimper, Tours y Roanne. Ninguno de máxima importancia. «Si la derecha gana algunas ciudades, será un motivo de consuelo para el jefe de Estado, que no ha tenido muchos desde la disolución de la Asamblea de 1997. Si nosotros progresamos, nuestra capacidad de acción será mucho más amplia», explica Hollande. Si los comicios no generan ansiedad a su partido, a buen seguro sí inquietan a algunos miembros del gobierno como la ministra de Empleo,
Elisabeth Guigou, cuya victoria en Avignon dista mucho de estar garantizada. Es improbable que la extrema derecha pierda dos de los cuatro municipios que controla en el sur de Francia.

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