12 de abril 2002 - 00:00

La Justicia criticable

El miércoles, por tercera vez en pocos meses, debí enfrentar en «audiencia previa» a un funcionario judicial en la rara condición, para un periodista, de no ser juzgado por acusación de un tercero sino de propios magistrados. Consideran que el diario que dirijo y el que escribe pudimos haber afectado con nuestras críticas su honor y van al juicio civil.

Saben -porque son jueces y fiscales- que no tienen sustento para una querella criminal en el más peligroso fuero penal.

De tan seguido me he aprendido de memoria respuestas a estas audiencias: no concilio porque estaría negándome como periodista, no acepto la propuesta de la confidencialidad. No insultamos, no agraviamos, no nos metemos con vidas privadas salvo que sean el motivo de su trascendencia pública. Sólo opinamos y esto es un derecho constitucional.

Que traten de silenciar a quien escribe por el fuero civil tiene una ventaja: en el peor de los casos le pueden poner una multa. Se justifica pagar, si fuera el caso, por escribir con libertad.

Además, me replantearía mi modo de razonar y el de los periodistas del diario si efectivamente, dados tres casos seguidos, no estaremos afectando algún honor. Molesta la crítica, aunque se busque alguna frase -o hasta una caricatura- en el diario para accionar.

Pero resulta que la Corte Suprema de Justicia, en un fallo considerado impecablemente fundamentado por el Dr. Augusto Belluscio, dispuso anular, en el «Caso Armas-Menem», todo lo que había propuesto como «asociación ilícita» el fiscal Carlos Stornelli -mi primer querellante-. No habíamos estado equivocados en las críticas.

• "Subversión económica"

En el caso de la jueza María Servini de Cubría -segunda querellante-, fuimos los primeros en criticarle lo que luego también llegaría desde el país y del exterior: el uso de la ley de «subversión económica», que es una aberración jurídica exclusiva de la Argentina y de países totalitarios. En estos días el Congreso la está derogando.

Lo que dispuso el juez Mariano Bergés -nuestro último querellante- sobre prohibición de viajar al exterior a banqueros lo criticamos porque era una arbitrariedad. Con términos legales, dijo lo mismo y le revocaron a Bergés las decisiones dos cámaras penales de apelación y Bergés terminó excusándose de la causa. Tampoco estábamos equivocados. A Roberto Noble le escuché que «el periodismo no crea la realidad, apenas es su espejo».

No deja de amargarme, además como ciudadano, que vivamos bajo el riesgo de ser juzgados por magistrados que se imaginan tan infalibles que no aceptan la crítica.

La jueza Dra. Paula E. Porzio al fallo de la Cámara Nacional Penal Económica para la sala A 1999/11/03. Strepi publicación S.A.L.L. T° 2000-pág. 721 dijo: «Si las críticas a la función pública se emiten por la prensa, no por ello pueden hacer nacer odios o rencores a los magistrados a los cuales han sido dirigidas, puesto que
no pueden ser sancionadas aunque estén concebidas en términos cáusticos, vehementes, hirientes, excesivamente duros e irritantes y no quedan exentos ni siquiera los jueces de la Nación, siempre que se encuentren ordenadas al justificable fin de los actos de gobierno», siendo el límite para quien las emitió el principio «alterum non laedere». Corresponde también a la Corte Suprema de Justicia, a setiembre 29 de 1998.

• Ejemplo grave

Poseo desde hace pocos días una experiencia particular alucinante en el tema anomalías en la Justicia.

Desde hace tres años me vine preguntando por qué un joven abogado, Fernando Díaz Cantón, había aparecido en mi divorcio, por parte contraria sustituyendo a dos veteranos letrados previos. Se trata de un abogado capitalino, penalista, y aparecía repentinamente como civilista allá en la provincia de Buenos Aires, donde se tramitaba mi caso. Sorpresivo por la lejanía y porque Díaz Cantón estaba muy ocupado. Era contratado en el Congreso de la Nación desde 1993 y también contratado, simultáneamente, en la asesoría de la Ciudad de Buenos Aires con Aníbal Ibarra. Además, era letrado particular de Fernando de la Rúa en juicios complicados como el del empleado del municipio usado por el ex presidente en su quinta de Pilar; el caso de las «tragamonedas» en la Ciudad denunciado por la frentista Alicia Castro y el muy manipulado caso de millones de dólares pagados a una empresa de Alfredo Yabrán por la autopista Illia. De la Rúa había sido abogado de Yabrán y este caso -aún vigente, como los otros- insumía enorme tiempo al joven Díaz Cantón porque el fiscal de la causa, Molina Pico, fue impugnado por el ex funcionario y ex amigo de De la Rúa Nicolás Gallo, al extremo de que todos los fiscales federales se solidarizaron con Molina Pico, presionado desde el poder político.

Este Díaz Cantón es hijo del socio de De la Rúa en el estudio que compartieron, De la Rúa-Díaz Cantón. Pese a la simultaneidad de empleos públicos y casos a su cargo del ex presidente, ganaba tiempo para ir a un simple juicio de divorcio en San Isidro. No le iba mal: logró que el presidente del Tribunal de Familia 2, Carlos Ruiz, desvirtuara totalmente el caso, obviamente en mi contra.

Ese juez Ruiz y ese tribunal me quitaron mi casa (no podían, era prematrimonial), me sentenció por
«mal padre por no saber hacer asado» (textual), por tomar un remedio anticolesterol (Lipitor) y por «trabajar hasta las 10 de la noche» como periodista; me impuso no ver a mis hijos más que dos días por mes. Tan insólita sentencia fue apelada ante la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires pero hace dos años que espero resolución. Estoy divorciado a julio de 1999 pero no puedo hacer división de bienes pese a estar firme el divorcio.

Además, ese tribunal de Ruiz lanzaba injustificadamente en mi contra a una defensora de menores,
María Paleo (se jubiló tras su intervención), y a un insólito fiscal Alfredo Frutos, que pidió y logró para «alimentos» de mis dos hijos de 11 y 10 años 37.400 dólares... ¡por mes!

Dominando a su antojo ese anormal Tribunal de Familia 2 de San Isidro, vía su presidente, el juez Ruiz, negándoseme allí elementales derechos constitucionales de defensa en juicio, el joven Díaz Cantón también hizo derivar el juicio de divorcio en una sucesión de denuncias penales, casi todas felizmente cerradas.

• Fotos falsas

Además, estuvo presente y actuó en hechos directamente delictivos tendientes a engañar a la Justicia. Participó en la toma de fotos falsas sobre presuntos golpes que yo le habría propinado a mi ex mujer. Con esas fotos falsas la revista «Noticias», que las publicó, me injurió en dos ediciones y llegaron también a la televisión, que las difundió. Otro participante del «grupo operativo», quizá 7 u 8 personas -una verdadera «asociación ilícita»-, un custodio policial cordobés, terminó confesando por televisión, tras enemistarse con mi ex esposa por cobro de haberes, cómo se habían planeado esos «golpes» con «marcas con una tijerita» -dijo-, algún autogolpe pequeño agrandado para las fotos fraguadas con simple maquillaje común de pestañas para mujeres. Esa sesión de fotos para el engaño a la Justicia la dirigió personalmente el activo joven Díaz Cantón (h).

Por si le faltaran acciones contra una Justicia recta, estuvo en el grupo que robó copias de fotos de otro rollo que había confiscado
el fiscal Martín Etchegoyen Lynch mientras la Policía las revelaba.

Otros fiscales,
Beatriz Molinelli y Oscar Márquez -Fiscalía 1 de San Isidro-, dictaminaron la total falsedad de agresión por mi parte a mi ex mujer y lo mismo sobre las fraguadas fotos de los «golpes». Díaz Cantón y su equipo ni siquiera apelaron este fallo.

Pero, ¿cómo podía actuar con tanta impunidad este abogado capitalino de múltiples actividades oficiales y privadas?

Supuse una presión política por parte del gobierno por mi carácter de periodista nada complaciente con la Alianza. El propio presidente Fernando de la Rúa me llamó y dijo que, efectivamente, Díaz Cantón era conocido y actuaba en sus casos (hoy lo sustituyó ante la jueza Servini de Cubría) pero que él, De la Rúa, no tenía nada que ver con que haya aparecido en mi juicio de divorcio. Dudé pero ahora sé que también eso ignoraba De la Rúa. El «poder» manipular así, a su antojo, un juicio venía de otro lado.

Supuse de políticos del radicalismo bonaerense. Admito hoy que tengo profundas divergencias con ellos, pero no son hombres de tales bajezas.

• Operan familiares

Pero la influencia del Cantón «hijo» en el Tribunal 2 era y es todavía enorme. Espero que cese con esta denuncia pública por primera vez. La Justicia no puede ser denigrada tanto.

Del presidente manipulado de ese tribunal, Carlos Ruiz, descubrí que tiene un frondoso expediente de irregularidades en inspectoría de magistrados de La Plata. ¿Cargos? A su colega del mismo tribunal la jueza María Julia Abad la llamó «loca». Tiene dos ataques a puñetazos en pleno tribunal al secretario del mismo, Arturo Goya. Fue un escándalo. En la revista de abogados de San Isidro (ilustración) salieron ambos miembros del Poder Judicial en un ring.

En los últimos días, al mismo secretario, Ruiz lo llamó «hijo de...», «mediocre», «perdedor», «te vas a suicidar como tu padre». Hoy ese caótico Tribunal 2, donde tuve la mala suerte de caer, funciona irregularmente por no tener secretario por el tratamiento médico al Dr. Goya ante los ataques de Ruiz, agrega el expediente. Y a Ruiz no lo renuevan pese a la intemperancia -como mínimo- de un magistrado que debe juzgar delicados casos de «familia». Peor aún, por rotación Ruiz volvió a presidir desde marzo pasado ese tribunal. ¿Qué garantía tiene el ciudadano allí?

Pero lo más importante, para mi caso al menos, es que descubrí a qué se refería el ex custodio de mi ex mujer cuando por televisión dijo: «Julio Ramos se enfrentó solo (en el juicio de divorcio) a una gran estructura». ¿Qué estructura?, me dije. Y averigüé.

La esposa de este sorprendente y tan acusado «juez»
Carlos Ruiz es Marcela L. Alessandro de Ruiz, abogada. Esta señora es secretaria del Juzgado Civil 3 de la Capital Federal. Este juzgado, a su vez, es presidido por la Dra. Silvia Díaz, nombrada durante la jefatura de Buenos Aires de Fernando de la Rúa. Pero aquí el detalle más estremecedor que encontré: esta presidenta Dra. Díaz fue hasta su nombramiento como jueza abogada empleada del estudio de De la Rúa-Díaz Cantón y su compañero de trabajo en el estudio privado era el joven Fernando Díaz Cantón hijo, o sea amigo y compañero por años -no sé todavía si también pariente por el apellido «Díaz»- de la jueza, que tiene por secretaria a Alessandro, esposa del presidente del Tribunal Nº 2 de San Isidro Carlos Ruiz, que parcializó y desvirtuó en forma tan grave e intencional un caso civil de divorcio en sus manos.

No hay que agregar más para entender por qué me alarma y critico el nivel actual de la Justicia argentina.

Me limité a averiguar mi caso pero debí seguir. Hay relación entre Ruiz y otro juez, capitalino, muy amigo, ante quien acciona con mucho éxito ese joven Díaz Cantón (h).

Siempre me pregunto qué puede pasar con el ciudadano común sin la posibilidad del periodista, por su oficio, de investigar su propio caso, frente a estas desvirtuaciones e inescrupulosidades que se observan en sectores de la Justicia.

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