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Desafortunadamente, esas exigencias están ausentes y un programa ordenador no parece viable en tanto las presiones se agudizan y extienden por doquier. Lo que sucede en el mercado cambiario es altamente aleccionador. Se observan las cotizaciones en el segmento libre y se pronostican ascensos exponenciales que realimentan los peores pronósticos. Una estrategia gubernamental debería orientarse a recordar que los precios de equilibrio, o no, también responden a las tendencias que manifiesta la oferta. En esta inteligencia y con el objeto de descomprimir las expectativas y en consecuencia las cotizaciones, parece indispensable formular algún pronóstico con ese propósito, que por lo demás es inherente al análisis económico.
Sin faltar a la verdad, debería recordarse al público que la disminución de las importaciones inducida por la depresión actual y potencial, junto con la reducción de los pagos en concepto de intereses de la deuda pública y de las transferencias en concepto de utilidades y dividendos, supone una significativa descompresión en los balances de pagos que no puede subestimarse analíticamente.
Ahora bien, si se formulara una estrategia dirigida a ganar mercados externos, incluidos países donde residen acreedores y matrices de compañías radicadas aquí con diplomacia mediante, las perspectivas de incrementar las ventas al exterior podrían se halagüeñas, sobre todo si se entendiera que la Argentina necesita divisas para satisfacer compromisos a los que no son ajenos.
Frente al desajuste de valores existente, la admisión de capitales expatriados sin averiguaciones impositivas ofrecería perspectivas de retorno para ahorros medianos, con vistas a aprovechar las ventajas inducidas por la caída de precios de bienes raíces y de otro tipo. No se trata de un blanqueo sino de la regularización sin molestias de recursos mal retribuidos en el exterior y de inalcanzable disponibilidad hoy.
La apelación al turismo, lo mismo que el incentivo de actividades generadoras de divisas, tendrían la virtud de ampliar la oferta generando producto, empleo y recaudaciones, lo cual no sería poco frente a la parálisis imperante. Finalmente, debe recordarse la buena disposición de los organismos multilaterales y de gobiernos extranjeros para conceder asistencia y esperas, por supuesto, a condición que les presente un programa ya demorado.
Por razones de responsabilidad no acompaño estimaciones, pero es incuestionable que la ignorancia o subestimación de los valores que representaría la oferta según las variables mencionadas, tal vez contribuiría a moderar los apetitos por el lado de la demanda, civilizando nuestros comportamientos, habida cuenta que una nueva configuración en la oferta de cambio extranjero al menos desanimaría, como ya ha sucedido, a quienes sólo obran por impulsos defensivos muy respetables, pero que no siempre optimizan las acciones.
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