No hay patrones. Se ensucia todo, facultades, carteles viales, bibliotecas, escuelas y hospitales, entre muchos otros perjudicados. Aplicar pintura antigraffiti para impermeabilizar las paredes cuesta $ 14,50 por cada metro cuadrado.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Se llega al extremo de proteger una pared por el costo de tener que limpiarla: remover un graffiti cuesta un promedio de $ 200.
Los adolescentes, los ahorristas y los activistas políticos -principalmente los piqueteros- son los que más ensucian las calles y paredes porteñas de facultades públicas, hospitales, ministerios, escuelas, bibliotecas y casas, entre otros tantos perjudicados.
Lo que implica un gasto de más de $ 280.000 por mes, unos $ 4 millones por año, para removerlos. Si se mide el Gran Buenos Aires, la cifra de mantener presentables las urbes es mucho mayor.
Si agregamos las ciudades del interior -Córdoba es muy «graffitera» y Mendoza casi nada-, hay cifras millonarias que podrían tener destinos mejores. Inclusive, sería más barato pagarles teléfonos móviles a los piqueteros. Sociológicamente, la pintarrajeada en paredes de la Ciudad desprestigia al candidato o movimiento que invoca. Por tanto, es más una descarga de agresión grupal o «quedar bien» con algún «jefe». Pocas veces tienen ingenio, como aquella famosa en San Telmo: «Nos mean y dicen que llueve». La mayoría son pintadas agresivas.
«Como en la antigüedad, los piqueteros se avisan de las marchas con graffiti», contó en diálogo con
Dejá tu comentario