Una hora o un día. Eso es lo que puede durar la visita a un spa o a un club con servicios de spa. Actividades físicas, tratamientos antiage y ma-
Valija y vestido en mano, una novia se recluye en un lugar justo el día de su boda. Sin celular que la conecte con el exterior, sólo le queda entregarse a las manos de un grupo de profesionales que le harán pulido corporal, limpieza facial, masajes para relajarse, la peinarán, arreglarán y vestirán hasta subirla al auto que la conducirá al altar. Unas amigas buscan una forma diferente de hacer una despedida de soltera: se reúnen y se entregan a las manos de una experta para hacer una serie de tratamientos. En el Día de la Mujer, decenas de hombres buscan cómo agasajar a sus esposas, novias, madres o hermanas con un regalo distinto. Y es así como los eligen. Estas son sólo tres de las situaciones que se repiten continuamente en los spa urbanos, esos lugares que intentan unir los conceptos de ocio, belleza y salud. Si tomásemos el origen de la palabra, los spa son sólo aquellos que tienen aguas termales, pero el término ahora se utiliza de una manera mucho más amplia, asociándose a cientos de tratamientos que en su mayoría están relacionados con la estética. Son centros que apuntan a dar un espacio para cumplir esa máxima tan en boga hoy en día de «frenar y buscar un momento para sí mismo», y que, para los que ya los conocen, siempre están ofreciendo nuevos tratamientos que abarcan desde el tradicional sauna hasta terapias con vino y chocolate y, aunque se crea lo contrario, concurren tanto hombres como mujeres. Diferente es la propuesta que hace el Vilas Club en el Hotel Intercontinental. «Este es un club con servicios de spa», afirma Guillermo Figari, un profesor nacional de Educación Física que dirige el área de deportes del club en ese cinco estrellas. «Aquí ofrecemos hacer actividad física orientándonos a tener una mejor calidad de vida. Es por eso que hay un médico para realizar un diagnóstico y saber qué es realmente lo que necesita cada persona. Ayudamos a recuperar los movimientos articulares que se originan por las malas posturas en el lugar de trabajo, por ejemplo», asegura Figari quien ve a diario como decenas de presidentes de empresas, ejecutivos y profesionales se toman uno o varios momentos de relax en el día para poder continuar de mejor forma con sus actividades. Es más, Figari les recomienda ir antes de una reunión importante o de dar una conferencia. El promedio de edad de las personas que acuden al Intercontinental es de entre 35 y 55 años, con un alto porcentaje de hombres que en los últimos tiempos se han entregado a los cuidados estéticos, ganando, sólo por ahora, con amplia mayoría, los masajes. «El cuerpo siente que se está realizando actividad física, entonces es bueno someterse a un masaje», dice Figari. Los turistas que llegan a Buenos Aires también encuentran una propuesta. «Los huéspedes del hotel pueden armar sus propios planes, ya que tienen la posibilidad de asociarse por una semana o quince días. Buscan realizar todo tipo de actividad física, además de combinarlos con clases de tenis en nuestro club de Palermo y salidas aeróbicas.» En cuanto a los servicios de spa, entre los extranjeros son las mujeres las que más utilizan los tratamientos faciales, aunque los hombres que vienen del exterior tienen más contacto con este tipo de servicios. «Es en la Argentina que aún hay cierta aprensión por parte de los hombres a los cuidados estéticos. Es por eso que aquí buscamos darles un diferencial para que no sientan que están realizando lo mismo que su esposa. Sólo un ejemplo: las cremas son distintas», dice Guillermo.
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Necesidad de cuidarse
Antes se consideraba que los spa apuntaban a un espectro muy reducido. Pero para ir no hay límite de edad y tampoco diferencias de sexo. «Entre los 20 y los 30 años, las mujeres buscan tratamientos de contorno corporal. Entre la franja de 30 a 60 se realizan todo tipo de tratamientos. Hace diez años no venían hombres, pero hoy sí lo hacen y se entregan en forma absoluta», afirma María Fernanda Tossi, directora de Le Château Spa. Esta licenciada en kinesiología, que considera que «en la medicina no todo tiene que ser blanco» -en sus primeras sesiones con pacientes hospitalarios jugaba con las velas y los aromas- fue pionera en la kinesiología estética. En su centro, en el que trabajan profesionales -»Siempre hay que exigir matrícula», asegura-, no existe el denominado free-pass, sino que a cada persona se le recomienda un tratamiento. «Si es la primera vez que viene, conviene hacer terapias tradicionales. No recomendaría jamás, por ejemplo, un masaje tailandés», comenta Tossi. Por su parte, Miguel Bardeggia, del Evian Agua Club & Spa, asegura que «hay una necesidad de cuidarse, ya que vivimos bajo una presión increíble. En los últimos años cambió la impresión sobre los spa. Antes las personas no sabían de qué se trataba, ahora ya manejan el concepto». Antes de entrar en un emprendimiento como Evian, «pensando en llevar una propuesta de placer para los habitantes de Buenos Aires», Bardeggia era atleta profesional. Cuando tuvo que retirarse por una lesión, comenzó a trabajar en cadenas de hoteles cinco estrellas como responsable de los gimnasios y los spa. Allí fue donde pensó por qué no tener un servicio de esa envergadura fuera de la estructura hotelera. «Trabajamos sobre una cuestión mucho más profunda que la estética, porque lo que proponemos es un momento de desconexión, un momento donde el que te cuida es otro.»
De Roma a Buenos Aires
Aunque resulte curioso, los romanos ya iban al spa. Los parisinos adquirieron este hábito después de que fuese un boom en Estados Unidos e incluso en la Argentina. Y, porque como dice María Fernanda Tossi, «la belleza está donde la encuentres. No hay magia, sólo hay que pulir el material», es que cada vez más personas se toman aunque sea una vez al mes un Day Spa. ¿En qué consiste? En destinar cuatro, cinco o seis horas para sí mismo y realizar una serie de tratamientos. En Le Château -cuyas terapias son traídas en su gran mayoría desde Brasil-, una combinación intermedia podría incluir un masaje con piedras volcánicas, algún tratamiento facial, una terapia antiage y pasar por la peluquería. Las más osadas pueden animarse a una vinoterapia, pero no en jacuzzi, sino introduciéndose directamente en un tonel. En Evian, los Day Spa pueden ser de hasta tres días. Pero, básicamente, un ejemplo podría ser un día de relax, que incluye actividades holísticas de relajación, meditación asistida, masaje relax, máscara de oro, máscara de oro máxima hidratación facial con agua de manantial termal, y un bath menú de hidroterapia que puede ser de descanso, distensión o vitalidad. Todos los tratamientos apuntan a intentar satisfacer esa búsqueda de placer con la que, para María Fernanda Tossi, los argentinos tienen un problema: «No se conforman. Y yo insisto en que tienen que disfrutar el momento y quedarse con eso». Seguramente, espera que la sensación de bienestar dure, por lo menos hasta la próxima sesión.
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