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16 de diciembre 2019 - 00:00

El populismo argentino es inestable

La mecha de las protestas sociales podría fácilmente encenderse frente a la incapacidad de extender el asistencialismo. El peronismo no está exento de este riesgo.

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Al momento de escribir esta nota, el presidente electo aún no ha anunciado su gabinete económico, y mucho menos cuáles serán los pilares de su política económica. Bajo estas condiciones, emitir un pronóstico sobre la evolución de la economía argentina en 2020 sería altamente irresponsable, por no decir brujería.

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Tampoco puede uno decir que el set de información sobre posibles políticas es nulo. Hay nombres de candidatos dando vuelta y muchas sugerencias de posibles políticas, provenientes tanto de posibles candidatos a cargos significativos como del mismísimo presidente electo. Y Argentina tiene pasado.

En el primer puesto de posibles medidas está el llamado a una mesa de concertación. Esa medida tiene una larga tradición en Argentina, especialmente cuando no se sabe bien qué hacer y se decide pasar la responsabilidad a los demás. El resultado es prácticamente impredecible. Puede pasar por un tímido anuncio de “precios y salarios cuidados” hasta un rígido control de precios y salarios estilo Gelbard. En el medio podríamos encontrar endulzamientos como bonos navideños y normas dificultando despidos tipo “2x1”.

El segundo puesto lo ocupa el repetido anuncio de Fernández de que “no habrá ajuste”, mechado con frases populistas del tipo “hay que poner plata en el bolsillo de la gente”. Esta última medida es respaldada por selectos pensadores del “equipo” que se respaldan en la Teoría Monetaria Moderna de seguidores de la izquierda Demócrata de EE.UU. Básicamente implica que emitir para fomentar consumo e inversión no sería inflacionario dadas nuestras circunstancias recesivas.

El tercer puesto sería un primer intento de reestructuración “amigable” de la deuda pública. Digo primer intento porque parte de lo que se reestructuraría es lo que ya se había reestructurado con Kirchner en 2003-2005.

Por supuesto se mantendrá el cepo cambiario, probablemente endulzado con algunos controles cuantitativos al comercio, tantos como lo permitan los acuerdos internacionales. Y se tirará la cuerda de las retenciones tanto como el campo lo acepte. Quizá se estudie algún nuevo impuesto al ahorro, pero eso arriesgaría futuras inversiones, especialmente en la tan apreciada Vaca Muerta.

Más por necesidad que por convicción será inevitable un nuevo acuerdo con el FMI. El FMI lo desea porque lo que hicieron con argentina ha sido la peor metida de pata de su historia. Y sin acuerdo con el FMI no podríamos seriamente negociar con los acreedores internacionales.

Argentina precisa algún acuerdo con el FMI y los acreedores para poder mover Vaca Muerta que es la última joya de la abuela que le queda a los políticos para poder seguir financiando la actual economía populista de reparto.

No pagar la deuda, hacer un acuerdo irrelevante con el FMI que permita a ambos salvar la cara, acordar precios y salarios, continuar la fiesta con emisión, restringir aún más el mercado laboral, subir impuestos, control de cambios, etc., son medidas todas que ya hemos utilizado repetidamente en nuestra historia y que sólo han servido para consolidar nuestro atraso. Lo llamo el modelo del “no ajuste argentino”. A lo mejor las cosas esta vez son diferentes….

Quiero plantear la hipótesis optimista de que esta vez será difícil repetir el modelo tradicional de “no ajuste argentino”. Explico razones a continuación.

Los gobiernos populistas de los Kirchner y Cambiemos elevaron el gasto público sobre el PBI de 25% a 45%, mayormente en gasto asistencialista. El asistencialismo a su vez fue necesario por la brutal suba de impuestos que más que recaudar provocaron desinversión y desempleo formal. Diversas estimaciones llevan el monto de impuestos que teóricamente pagaría un agente económico a un 70% de lo que produce. La recaudación actual es menos debido a la altísima evasión e informalidad.

El nivel de populismo sostenido por un gasto público de 45% del PBI ya no es financiable ni socialmente sostenible. Desempleo, inflación, pobreza, recesión y deuda son el resultado de tratar de sacar de la economía más de lo que puede dar.

El populismo argentino ha llegado a un nivel que lo torna económica y socialmente inestable. La mecha de las protestas sociales contra cualquier régimen político podría fácilmente encenderse frente a la incapacidad de extender el asistencialismo. El peronismo no está exento de este riesgo. El peligro podría incentivar a los políticos a enfrentar un ajuste serio que realmente nos saque de esta situación. El FMI debería colaborar en este esfuerzo. Es un deudor muy importante para dejarlo que siga ignorando ajustes pendientes desde hace décadas.

Habrá que esperar al 10 de diciembre para realmente empezar ver que camino toma el nuevo gobierno. Y quizá, como muchas veces pasa, primero haya un intento en una dirección y después un giro en la otra. Esperemos que el intento definitivo sea el correcto.

Todos saben lo que hay que hacer pero nadie se anima.

*Las opiniones vertidas son estrictamente personales y no comprometen a la UCEMA.

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