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23 de febrero 2007 - 00:00

Cada vez hay más ''refugios contra la estandarización''

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Una veintena de habitaciones equipadas con la más alta tecnología y el confort es la clave de un hotel boutique, de lo que es buen ejemplo el que está en Mendoza a una cuadra de la plaza Independencia.
Dos definiciones de diccionario unidas como «establecimiento capaz de alojar con comodidad a huéspedes o viajeros» y «lugar en el que se ofrecen productos selectos» dan una noción de qué es un hotel boutique, un concepto que cada vez cobra más adeptos entre quienes buscan invertir hoy en la industria hotelera.
¿Qué diferencia a los hoteles boutique? La idea es contar con pequeños espacios pero con gran carácter en cuanto a diseño, funcionalidad, detalles trascendentes y atención personalizada para los pasajeros con servicios especialmente creados para lograr una relación única.
Mientras en las grandes ciudades de Estados Unidos y Europa hace años que este modelo se ha extendido, en la Argentina comenzó a desplegarse lentamente desde hace algunos años pero no ha dejado de crecer en forma constante, expandiéndose no sólo en Buenos Aires sino también en el interior del país.
«Se trata de pequeños establecimientos con servicios de un cinco estrellas. Hay pocas habitaciones, se personaliza el servicio, ya que el personal puede estar más cerca del huésped. La relación empleados-huéspedes es casi uno a uno. Es en realidad una modernización del concepto de las antiguas hosterías, en las que el servicio personalizado lo daban los dueños», afirma Marcelo Rosental, gerente general del Villaggio Hotel Boutique, de Mendoza.
En estos lugares, no es sólo el nombre lo que se conoce de las personas, sino que la idea es saber de ellos lo más que se pueda. «La idea es llegar a saber hasta los más mínimos detalles, qué habitación prefieren, si cuando terminan de hacer el check in les gusta tomar un masaje. Para eso manejamos una base de datos que intentamos tener al día con todos los gustos y también con las nuevas sugerencias, que pueden incluir hasta el desayuno», agrega Rosental, quien desde 1992 trabaja en la industria hotelera (comenzó en el hotel Crillón de Buenos Aires, aumentó sus conocimientos en la industria pasando por varios cinco estrellas porteños).
Enfrentar los estereotipos
En el caso del hotel Villaggio, que abrió sus puertas el 21 de diciembre de 2006, hay 22 habitaciones. De cada uno de sus huéspedes registran sus gustos, preferencias y costumbres. La idea original de los dueños del hotel, los hermanos Ernesto y Claudio Di Cesare, fue la de otorgarle una identidad propia mediante un estilo basado en el espíritu y la cultura italianas. «Aquí recibimos turistas de todas partes del mundo, incluso me atrevería a decir que de nacionalidades más variadas que las de los que llegan a Buenos Aires. Es porque Mendoza atrae por los deportes aventura; también a los corporativos por las bodegas, además de que ahora se acerca la Fiesta de la Vendimia. También vienen los golfistas y a quienes les gusta jugar en los casinos. En curioso que nuestro hotel es pequeño, pero tenemos una amplia gama de pasajeros, quienes gustan de la ciudad de Mendoza por el trato, la limpieza y los vinos.».
Las líneas arquitectónicas del hotel, diseñado por Mario Pagés y Betina Villegas, están muy bien cuidadas al igual que todo el mobiliario usado para su decoración y diseño. Para esto, se encomendó el trabajo de ambientación y fabricación de muebles a una reconocida casa de ebanistas mendocinos.
El arte también cumple un papel importante para los espacios del hotel, otorgándoles una personalidad y estilo distintivos a cada uno de ellos. No en vano es que a este tipo de hoteles los llaman «hoteles con encanto» u «hoteles con personalidad», pensados como refugios para quienes huyen de la estandarización.

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Andrea Fernández

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