Cambios fundamentales del mercado

Secciones Especiales

Escribe Ignacio Smith

El mercado actual del arte está llevando a cabo cambios profundos y no son solamente superficiales. Cambios que hacen a su esencia, así como a la relación de los participantes entre sí. Esto, debido a la globalización de la clientela y a un desequilibrio estructural entre la oferta y la demanda, (consecuencia de lo finito del producto), así como a las modificaciones en la composición de ésta (la migración en las preferencias del público), incorporando culturas, técnicas y procedimientos que le eran hasta estos momentos ajenos. Todo esto no va a ser neutral para los jugadores de este mercado, que ya empiezan a percibir las condiciones necesarias para poder participar de manera relevante en él.
En los últimos años, la demanda ha tendido no solamente a crecer, sino también a cambiar en su composición, deslizándose constantemente desde los «old masters» hacia los modernos y contemporáneos. Posiblemente, haya incidido que la mayor parte de las buenas obras de este stock finito esté en poder de los museos y de los coleccionistas, y no se transen demasiado, pero también hay una demanda de arte contemporáneo que es consecuencia del propio atractivo de la creación propia de estos artistas.
En los noventa, una obra se consideraba testeada en los remates después de doce años de vida. Hoy esta presión en la demanda hace que este año hayamos visto en las principales casas muchas obras fechadas con posterioridad a 2003 y hasta algunas fechadas este mismo año... Pero como si eso no fuese suficiente, ya existen dealers que operan con «opciones» para las obras aún no realizadas por los artistas, incorporando al arte el mercado de derivados (derivative instrument) como en los más sofisticados mercados financieros. Quizá, pronto veremos colgada en alguna pared de un coleccionista una opción de compra (es decir, no la obra, sino un documento) enmarcada de Damien Hirst, emitida por Larry Gagosian, o de Jorge Macchi, emitida por Orly Benzacar.
En el sector de los remates, Sotheby's y Christie's estaban orientadas a las obras de artistas fallecidos y/o largamente consagrados. Por lo que podríamos llamarlas «operadores de stock», dejando el sector de los artistas jóvenes y/o emergentes a Phillips, de Pury & Company, que serían «operadores de flujo». Por ello, en esta casa de remates se produce algo diferencial, que es que 30% del suministro de sus obras proviene de galerías de arte o dealers y no de coleccionistas o tenedores de obra. Pero esto ya casi es historia.
Todos quieren intervenir en el territorio del arte contemporáneo. Allí están las obras necesarias para quedarse con el dinero de los compradores, y ése es el verdadero campo de batalla. La conquista de este territorio tiene dos frentes: uno público, que son las casas de remates, y otro privado, que son los dealers. En el frente público, las piezas comenzaron a moverse con la política de las principales casas de remate que, con la intención de abastecerse de las obras, garantizan un precio mínimo llegue o no llegue al precio de estimación adecuado.
Siempre los remates tenían una incertidumbre sobre el precio de venta, porque era aleatorio, sólo la base lo protegía. Ahora la base se ha convertido en una promesa de pago, es decir, un precio realizado, y la incertidumbre es sólo respecto del beneficio que obtendrá el vendedor en caso de mejorar ese precio. Es lo que podríamos llamar un precio sostén, muy usado en la parte agrícola.
El 3 de mayo pasado, el «New York Times» publicó la información del organismo de supervisión «Securities and Exchange Commission», donde estimaba que Sotheby's dio garantías de precio a sus clientes por un valor de 300 millones de dólares en las ventas de verano y primavera, lo que representa un alto porcentaje de éstas.
En el frente privado, en febrero de este año, Christie's adquirió la Galería de Arte Haunch of Venison. Establecida en 2002 por el dealer Harry Blain, la galería representa artistas de la envergadura de Keith Tyson, Jorge Pardo y Bill Viola por un monto de 200 millones de dólares, tiene sedes en Zurich y en Londres y garantiza el acceso a las ferias de Frieze y de Armory. No sucedería lo mismo en las ferias de Basel, dado que se encontrarían con una restricción, ya que existe el precedente de que cuando Sotheby's compró la Galería de Arte de Andre Emmerich en 1996, ésta fue excluida de la feria, y cerró dos años después. La misma casa Sotheby's hizo también acuerdos con galeristas como Robert Noortman, que falleció el 17 de enero de este año poniendo a la luz un detalle notable del convenio de su fusión, ya que Shoteby's fue la beneficiaria de su seguro de vida por 20 millones de dólares, como consta en su balance del último trimestre, continuando con su avance territorial en el mercado de los marchands.
Las dos mayores casas de remates
tuvieron presencia este año en la feria de Maastricht, considerada la más importante de arte, por primera vez en el mes de marzo de este año.

El mercado de las galerías

El papel de las galerías se verá sin duda afectado por la invasión de las grandes corporaciones del arte. De este modo, las galerías deberán replantearse si seguir con su negocio tradicional o incorporase al sistema de abastecedores de los grandes jugadores, y adaptarse a las nuevas circunstancias, o hacer un mix manejándose con estas alternativas. Hay un nicho de mercado propio, donde las galerías continuarán siendo fuertes, el de los artistas jóvenes y emergentes, dado el trabajo de investigación, captación y desarrollo que cumplen para buscar nuevos valores.
Esta función es un valor agregado importantísimo que pone en valor la obra. Además, el futuro dependerá mucho de las espaldas financieras de cada galerista. No estará en la misma situación Gagosian, que ha globalizado su actividad, que otros operadores más débiles. En febrero, cuando Christie's adquiría la Galería de Arte Haunch of Venison, mandó señales de que ése no era el único camino. Realizó un gran remate con parte del stock llamado «colección» (un eufemismo) del galerista suizo Pierre Huber, donde se encontraba la muy comentada obra de Piero Manzoni «Merda d'artista no. 19» realizada en el año 1961, y también había obra recién salida del horno.
La tradicional frontera entre los dealers y las casas de remates se encuentra en estado de tensión; habrá que ver cuáles serán las nuevas fronteras, si las hay. El papel del artista también está cambiando, como su relación con la galería. Algunos ya no ceden el control total a sus marchands, sino que analizan lo que más les conviene, suelen financiar sus propios proyectos y tienden a manejar su relación con los coleccionistas.

El frente público silencioso

Las ferias de arte tienden a constituirse en el continente de las galerías, en lo que podríamos llamar la parte más pública de su actividad. Así conservan esa relación íntima, casi mágica que se crea entre el comprador y su dealer, permitiéndole apropiarse del valor agregado que le da el galerista, compartiendo sus vivencias y sus hallazgos, mientras tiene a la vez un acceso público a las obras. Por esta razón, las ferias terminan siendo el frente de combate donde las fronteras se ponen al rojo, y como en Maastricht, se ven las caras, como en las viejas fronteras guerreras. El mundo del arte está empezando a dejar de ser como era tradicionalmente, algo en las tinieblas y confidencial, donde todo sucedía en el mayor de lo sigilos.
Las ferias todavía conservan algo de lo que fueron en sus orígenes. Como las plazas medievales o los souks árabes, donde todos llevan sus productos y servicios, se visten de fiesta, y se van generando las interrelaciones entre todos los participantes. Allí se manifiestan las nuevas necesidades, para lograr un mayor intercambio. No nos olvidemos de que en esos «bancos» de esas ferias medievales, donde se sentaban los lombardos, nació el primer instrumento bancario llamado letra de cambio. Cada plaza tiene sus necesidades y va desarrollando sus soluciones, y cada feria debería ir alcanzándolas, incluso las nuestras.
Las ferias deberán ser no solamente espacios donde convergen compradores y vendedores, sino también el lugar donde las necesidades afloran, se perciben, se comparten y se resuelven o se intentan resolver. Es mucho el campo por andar, ya que como se ve, el mercado del arte es también muy dinámico. ¿Será tal vez que la terminología nos terminará también invadiendo?, las galerías ¿serán over the counter?, y las obras ¿serán art securities?, y la nueva estrategia de las casas de remates ¿será una underwriting spread policy? Esperemos que no. Un poco de respiro..., porque el arte, si bien es una ficción, proviene de un universo diferente del de las finanzas. El mundo de las finanzas genera títulos representativos de los bienes materiales que existen o que no existen, solamente necesitan ser aceptados. El mundo del arte crea obras representativas del alma, del inconsciente y de muchas cosas más, ligadas al espíritu humano, que también necesitan ser aceptadas.

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