Si algo suena difícil de imaginar es a un determinado ministro revoleando el pañuelo en norteño carnavalito. Y sin embargo se lo vio, en medio de los festejos de Semana Santa y de su propio cumpleaños, a pesar de las malas noticias que llegaban desde Nueva York. En otra provincia, la fiesta por un triunfo electoral se convirtió en una verdadera convención opositora, en la que se habló del futuro de un distrito clave. Otra provincia, también norteña, y un ex presidente usando una frase en alemán para expresar su disgusto por el discurso del actual jefe del Ejecutivo. Más acá, en un asado, otro ex mandatario debió escuchar las recurrentes cuitas de un empresario con más problemas con el Vaticano que un miembro del gabinete.
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El ministro Roberto Lavagna viajó al Norte con triple propósito: festejar su cumpleaños, celebrar Semana Santa y bailar el carnavalito. Logró los tres objetivos, a pesar del embargo trabado en Nueva York por el juez Griesa.
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