El sábado francés, con Marsellesa al tono, inicia los sabrosos quinchos de hoy: políticos, empresarios, diplomáticos, empresarios y artistas intercambiaron reverencias, pero lo más atractivo fue lo que se dijo en voz baja: se habló de la salud física del Presidente, la salud política de la ministra de Economía y hasta de la conformación de un eventual futuro gabinete de la primera dama. A propósito de ella: en otro quincho, que celebraba el aniversario de un hotel de lujo, se reveló una idea de la senadora vinculada con el arte. Terminamos con otro tono, más áspero (desayuno en asociación empresaria), aunque repleto de infidencias. Veamos.
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Luiz Inácio Lula da Silva (arriba). Celebran el primer aniversario del Hotel Hyatt el artista Guillermo
Roux, el embajador de los EE.UU., Earl Wayne, y su
esposa, y el CEO del Hyatt, Christophe Lorvo, y su mujer (abajo).
Rígidos a las fechas conmemorativas, rígidos en general -sólo basta reparar en su literatura o en el cine actuales-, los franceses celebraron su Revolución el sábado, aun sospechando que habría ausencias por el día no laboral. Sábado ocupado francés, entonces, ni siquiera inglés de media jornada. Imaginando otros compromisos de los invitados, ofrecieron un cóctel mínimo (quesos, saladitos, algunos dulces) con destacada provisión de champagne. Ni aun así abandonan la formalidad. Mucha elegancia femenina, hombres de traje y corbata (hasta los presuntos artistas transgresores), insalvable cola para saludar al embajador (Fréderic Baleine du Laurens) en rito casi versallesco, los sans-culottes naturalmente ausentes. Aunque, para cubrir ciertas costumbres, hubo una precisa convocatoria a gente dedicada a los derechos humanos (Estela Carlotto, Rodolfo Mattarollo, Eduardo Luis Duhalde, las madres con sus pañuelos blancos característicos), justo cuando el nuevo mandante galo, Nicolas Sarkozy, ha decidido enterrar con furiosa autocrítica las algaradas inconducentes de Mayo del 68. El «rouge» Daniel Cohn-Bendit será estrella en otras tierras lejanas como Buenos Aires, en la Francia oficial ya empezó a ser detestada palabra (en rigor, ya Charles De Gaulle había sepultado con votos la estupidez revolucionaria de aquellos tiempos). También, como si fuera una oposición, multitud de uniformados, hasta una orquesta de Gendarmería con vestimenta verde oliva. En otro lugar era impensable esa convivencia.
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Había muchos para entonar la Marsellesa -aunque los invitados disfrutaron más con versiones de la orquesta que rememoró temas insustanciales- pero amorosos de Edith Piaf, un afrancesado adscripto como Jorge Telerman, Daniel Sabsay, Federico Pinedo, Roberto García Moritán, Aníbal Ibarra, María Kodama, Aníbal Jozami, por supuesto Mirtha Legrand y el aún multiciudadano Julio Werthein (a quien más de uno se le acercó para acompañarlo, solidario, porque en la última reunión de la Bolsa, su titular, Adelmo Gabbi -compañero de colegio de Guillermo Moreno-, se olvidó de ubicarlo en un asiento preferente, como le correspondía como ex presidente de la entidad). No faltó tampoco Juan Carlos Blumberg, algo perdido en el Ortiz Basualdo o sin demasiados interlocutores en la recepción (se confirmó que una empresa de investigaciones, contratada por un dirigente político, ya había detectado su falta de título de ingeniero cuando al analizarle el currículum descubrió que en una sociedad figuraba como «técnico». Igual, no fueron ese adversario político, ni la caracterizada agencia de investigaciones norteamericana, los que le difundieron la primicia que suministró este diario).
Como no en vano la esposa del presidente Kirchner, ahora candidata Cristina, viajó reiteradas veces a París y simpatiza con la Francia napoleónica (finalmente, el genio corso también fue revolucionario antes de volverse emperador, hombre de facetas varias), en esta recepción hubo algunos asistentes del gobierno, algo que no ocurre en otras embajadas. Los más reconocidos: Ricardo Jaime (Transporte) y Nilda Garré, la ministra de Defensa, se supone que ambos interesados en los derechos humanos más que en los negocios que promueven los empresarios franceses. A los dos, para evitarles problemas, los recluyeron en un vip, a veces una jaula dorada. No querían escuchar que uno de los websites más visitados es el de Cammesa (la compañía que administra el mercado eléctrico), ya que las radios empiezan sus programas con el nivel de consumo y la eventualidad entonces de un colapso, algo así como estar inquieto por el estallido eléctrico como antes se estaba por el riesgo-país o la suba del dólar.
Se sabe que suele ser bastante primaria la información que manejan las embajadas (estaban los representantes de los Estados Unidos, Earl Wayne; Italia, Stefano Ronca; España, Rafael Estrella, y Alemania, Rolf Schumacher), casi todos los extranjeros volvían a preguntar por la salud del Presidente en mérito a informes y fotos con probables deficiencias que circulan por Internet, y que hacen más entretenida la vida de los prósperos delegados de inteligencia de esas embajadas. Por lo chismosa, claro. Sus jefes, como no pueden creer que Kirchner resigne su cargo presidencial sin una razón cierta -siempre les costó entender al subdesarrollo, más aceptar el ambicioso proyecto santacruceño de 16 años de matrimonio en el poder-, persiguen explicaciones más inmediatas, hasta que escuchan detalles de la intimidad presidencial que los aparta de las teorías conspirativas. «De Kirchner, sólo puedo decir, ciertamente -confesó uno de sus más cercanos- que está un poco más gordo que antes». ¿Ese es un signo de salud declinante o, tal vez, de angustia oral? «A pesar -aclaró el mismo infidente- de que no ha abandonado la rutina diaria de la gimnasia, ahora haciendo ejercicios con una elíptica que le regaló Scioli (Daniel), la que se supone produce más consumo de energía en aquellos que la usan» (el propio vicepresidente o el ministro Julio De Vido). Hubo que escuchar allí, en consecuencia, detalles de esa sofisticada bicicleta-escalador, «elíptica magnética», que hace mover brazos, piernas y otra variedad de músculos en los usuarios sin producir derivaciones físicas, al revés de la cinta para caminar o correr que inevitablemente por el golpeteo constante del trote siempre genera consecuencias en el cuerpo. Parecía que hablaba el mandatario sobre las ventajas de su nuevo adminículo deportivo y cotidiano.
Además, terció otro, sigue jugando al fútbol -mal, claro, como Carlos Menem-, pero con un despliegue físico del que carecen otros funcionarios más jóvenes que no realizan calistenia todos los días como él. Además, hace poco se lastimó una rodilla y lo tuvieron que tratar con rayos. Si tuviera otro tipo de problemas que se mencionan (dificultades del colon, del estómago), ¿podría hacer tamaño despliegue diario? Luego, con cinismo europeo, preguntaban los delegados foráneos: ¿por qué la pareja presidencial se ha vuelto tan sensible, ya que en la tribuna un día llora uno, luego el otro, y hasta ambos se besan en público como no lo habían hecho antes? Misterios del poder: sobre esas cuestiones sentimentales no había íntimo, informado o pretencioso que pudiera hablar.
Lo que sí había sorprendido a extraños, ajenos y propios, fue la última intervención de Cristina de Kirchner en Parque Norte, un día antes. En lo que no repararon los diarios sí lo hicieron las embajadas. Allí, en medio de un discurso, ella se deshizo en elogios para «José» (José López, secretario de Obras Públicas), del cual algunos saben por mentas y casi todos lo desconocen físicamente ( inclusive aquellos que asistieron al mensaje de la primera dama). López, ahora «José», es el responsable de cuanta construcción estatal se realiza en el país ( gobernadores, intendente, etc.), quien padeció algunos ataques por la forma de conceder las obras (también por los precios) y el que responde solidario a De Vido ( aunque es uno de los pocos secretarios de Estado, como el afrancesado Jaime o el segundo de la SIDE, Francisco Larcher, con los cuales el Presidente tiene trato directo, a veces secreto y a los que llama en forma independiente de otras jerarquías). ¿Significó esa mención femenina, laudatoria, un anticipo de quien habrá de acompañarla a ella en el gabinete si finalmente accede a la Presidencia? Pregunta sin respuesta porque, hasta ahora, desde la Casa Rosada abundan las versiones de que De Vido y su equipo desaparecerán del firmamento cristinista (muchos, al parecer, se integrarán al equipo de Scioli en la provincia de Buenos Aires). Sin embargo, el nuevo dato -casi un anticipo- indica que hay relaciones que Kirchner no olvida. Y, su esposa, tampoco.
Trasladaban de una punta a la otra a China Zorrilla, el fútbol no era un tema para el lugar. Sin embargo, una abogada reveló: Carlos Tevez, a su regreso de la Copa América, les obsequiará a sus principales amigos de la villa nada menos que 9 departamentos, una forma de que enfrenten la vida en otras condiciones y cerca, además, de su propio domicilio. No es común ese gesto. A su vez, Telerman parecía haber recuperado una sonrisa extraviada desde las elecciones -ahora, hasta lo tratan bien en el gobierno Kirchner-, Julio Strassera se saludaba con dos miembros de la Corte (Carmen Argibay y Carlos Fayt), Rosendo Fraga le atendía las cuitas a la Kodama (por el juicio que le sigue a un editor francés que, pícaro, quiso publicar obras de Jorge Luis Borges sin pagar los derechos de autor) mientras el fiscal Eduardo Taiano juraba no saber si su colega Guillermo Marijuán citará esta semana a indagatoria a la ministra Felisa Miceli? En cambio, un infidente jugueteaba con datos a esclarecer: ¿a qué se dedica Cuenca, la Caja de Crédito por la cual llegaron los «ladrillos» con dinero al baño de la Miceli? Ignorancia plena de los testigos y observaciones adicionalesdel personaje: «Por lo que sé», señaló, «Cuenca -además de otras actividades- ha empezado a reemplazar a Columbia como prestadora de dinero a militares». Como nadie entendía la relación con el caso, agregó: primero, siempre hay una gran institución bancaria detrás de estas otras pequeñas y, además, como ustedes pueden leer en los diarios, hay un negocio con relación al pago trabado o atrasado a militares o personal de YPF con el Estado (basta ver, al respecto, pequeños avisos en los diarios en busca de clientes tipo «Compro militares» o «Compro YPF»). Para él, alguna rentabilidad se filtra en ese ofrecimiento público a quienes creían que ya no iban a poder cobrar. Para unos, esa explicación era dos más dos; otros se manifestaban impotentes para comprender un negocio de «inside information». Habrá que ver lo que entiende la Justicia cuando investigue no sólo el funcionamiento sanitario del baño de la ministra. Hasta ahora, por lo que se comentaba en la fiesta de la embajada, la pesquisa apunta a la visita de uno de los directores del Banco Hipotecario a la Miceli o a la existencia, como en otros tiempos, de eventuales « sobresueldos». Ahora puede haber otro frente, que naturalmente no es nuevo, ya que el tema de trámites congelados y descongelados por la autoridad siempre existió en todos los gobiernos.
Si la Miceli entra en emergencia, opinaban, quizás ni siquiera sea necesario cambiarla: hay un trío influyente que mantendría el orden en el ministerio (léanse Carlos Mosse, Miguel Peirano y Sergio Chodos). Sin estos problemas, el hombre de los subsidios al transporte, Jaime, se fotografiaba con un tren en miniatura que le había regalado al embajador (replica, se supone, del tren bala que unirá Rosario con Retiro). Garantizaba que el proyecto será transparente -a pesar de que se realiza con una empresa con tantos problemas, Alstom- y que bajo ningún aspecto se contagiará del AVE (Madrid-Sevilla) que alguna vez emporcó al socialista Felipe González (entonces, una obra con Siemens, la cual hoy también trabaja con el ministerio que integra Jaime). A su vez, más distendidos, los macristas Esteban Bullrich e Ignacio Liprandi (ya admite que el futuro intendente le pidió que se haga cargo del área de Cultura) aseguraban que nada sabían sobre andanzas o corta vida del ingeniero jefe (léase Mauricio Macri) por Europa. «No me ocupo de sus vacaciones», sellaron en lugares distintos para que nadie le preguntara, mientras un italiano versado comentaba: «Mauricio anduvo por París y Roma, trató de ver cómo funcionan los subtes y también hizo un pequeño viaje en barco por el Mediterráneo (costumbre del padre, claro). Por lo que sé, siempre estuvo acompañado por su novia». Con lo cual, parece, han terminado con otros rumores que lo rozaban sobre la ruptura de su idilio.
Algunos conjeturaban -siempre con la copa en la mano- que Macri tiene perdida la pelea por la Policía: no es que se la negará Kirchner, ocurrirá (como otras veces) que el resto de las provincias se opondrá a esa cesión. Todo el mundo metido en la política, en las próximas elecciones, susurraban interrogantes por la mínima o escasa difusión de dos posibles «borocotizados», tanto de la izquierda como de la derecha. Uno, Jorge Rivas -socialista bonaerense- que se incorporó a la Jefatura de Gabinete (Alberto Fernández), quien alguna vez se presentó a la Justicia para sostener que era un fraude la candidatura de Cristina de Kirchner. Ahora, por temor al avance de la derecha -con ese estímulo solamente, comprensible en alguien tan sensible- de la política se pasó al oficialismo. Mientras, hay quienes observan la candidatura presidencial de José Antonio Romero Feris (un autonomista correntino declarado a favor del liberalismo) es observada como una distracción mínima dentro del espectro de centroderecha, algo que podría servir a los intereses oficialistas para pulverizar opositores. O, al menos, la visión de Carlos Kunkel, a quien le atribuyen haber convencido a Romero Feris para que se aliste en la grilla de aspirantes opositores a la Presidencia. Tampoco, en este caso, se sabe que haya habido estímulos para el cambio, como ocurrió con Borocotó. Seguramente no son ciertas estas versiones. Casi musicales para un oído crítico, apenas aliviado por «Las hojas muertas» de Jacques Prévert y la introducción en acuerdos culturales y de ingeniería que el embajador Laurens pregonaba como lo mejor que ha hecho desde que llegó a la Argentina.
Por suerte, Cristina -que es Kirchner pero que no es filósofa- también hará aportes a la plástica: se convertirá en coleccionista de cuadros, no tanto para sus casas (aunque no le faltan) sino para el erario estatal. Tremenda función, ocupadísima que -dicen algunos- piensa ejercer hasta cuando esté a cargo del Poder Ejecutivo. Así al menos se hablaba en el primer aniversario del Hotel Hyatt, donde se exhibieron obras de Macció, Roux, Quinquela Martín y Alonso, seleccionadas por Daniel Maman ( marchand que, no se sabe si le va bien o no, pero al menos recorre las calles porteñas con una estupenda Ferrari de color verde). Y, en el comentario, sostenían que la primera dama pretende repatriar una maravillosa colección de pintura de artistas argentinos que, en la décadadel 90 (¡la maldita!), compró el bostoniano John Axelroad. Parece que el propósito de la senadora encaja con el del comprador, quien aspira a vender el paquete en bloque, no disgregarlo, aunque de este modo obtendría mucho mayor precio (como prometen Christie's y Sotheby's). Costo: 5 millones de dólares y la tarea de recuperación a cargo de Alberto Bellucci, quien ya ha viajado a Boston para comprobar el estado de la colección. Tanta repatriación , además, debería contemplar otras necesidades, como la remodelación de la Casa de Gobierno. Hoy, las paredes reparadas lucen un discutible color mostaza que intenta fundirse con las cerámicas de arabescos al tono, aunque la novedad es que ya desaparecieron -y no volverán- las tradicionales cerámicas de Balcarce 50. Se decidió no reproducirlas y, en cambio, encargaron mosaicos que simulan ser de mármol, semejantes a los típicos que se plantan en las cocinas de cualquier domicilio hogareño. Y así quedarán cuanto terminen las obras de la entrada principal, la que mantendrá sus ornamentados jarrones de bronce: tendrán fuerte contraste con el piso blanco y las paredes mostaza, mientras en el segundo patio se continuará el piso de siempre, rojo. Lo que se dice un caleidoscopio, el matizado buen gusto oficialista.
Pero esos detalles de la Rosada no empañaban la buena noticia de la colección buscada por Cristina, tema básico en la reunión mientras desfilaban ostras chilenas con salsa de lima frambuesa para conocedores como Roberto Devork, Guillermo Roux, Juan Scalesciani (Hyatt), Fito Fiterman, Julio Werthein y el embajador de EE.UU., Earl Wayne. Hubo coloquio cultural, apreciaciones sobre la marcha del hotel, pero en verdad todos se arremolinaron para disfrutar el menú del chef Cyrill Chipe: blinis con crema ácida, conejo con pepino y mostaza, trufas de queso cabra con avellana tostada, entradas previas a la torta aniversario (parfait de chocolate realizado por la pastelera Ilhame Gerrah) y unos complementos infantiles: chupetines de rosas y maracuyá.
Aspero, por lo menos, resultó el diálogo entre el subsecretario de la Gestión Pública, Juan Manuel Abal Medina (portador de apellido, como diría en el pasado Cristina de Kirchner, cuando ella -aseveraba- no utilizaba la gracia de su marido) y una barra de peronistas que, lejos del poder, a veces se exaltan para ver si alguien los distingue (y, del banco de reserva, pasan a jugar en primera). Fue en un dramático desayuno en la Asociación de Dirigentes de Empresa y resultó tan extremo por momentos que, cuando se habló de la vergüenza de que el Estado gastara tanto dinero en publicidad de sus candidatos (como ocurrió con Daniel Filmus de quien ni siquiera levantaron las gigantografías como la existente frente a la cancha de Vélez Sarsfield, en Liniers), el funcionario suelto de cuerpo, replicó: «Bueno, ahora ocuparemos ese espacio con una foto de Cristina». Pero, bramaron a coro, ¿no hay una ley que impide la publicidad política antes de los 60 días de las elecciones? Como dirían ellos mismos, todos del peronismo, esas leyes están para ser violadas.
Por supuesto, siguiendo la prédica kirchnerista, Abal Medina la emprendió contra los 90 y el neoliberalismo de Carlos Menem. Alguien lo cortó: «Mirá que ustedes, de centroizquierda en apariencia, le quieren firmar (o ya le firmaron) un contrato escandaloso a la Pan American Energy, con la British Petroleum incluida». Y así lo bombardeaban, hasta el final, cuando aceptó: «Bueno, mucho de lo que ustedes dicen es cierto, pero la oposición es peor». Final a toda orquesta, sin duda.
Del lado de la crítica estaban Osvaldo Papaleo -recién llegado del juicio al cura Von Wernich, donde tuvo que declarar como torturado- , Gastón O ' Donnell , Inés Pérez Suárez, Alejandro Maglione , Eduardo De la Rúa, Guido Parisier, Mariano Caucino, Miguel García Moreno, quienes reprochaban porque Kirchner había destruido los partidos políticos o interrogaban, sin respuesta, sobre la ubicación en alto rango de Marta Oyhanarte en el gobierno. Estigmas de todo tipo, personales o genéricos, uno defendiendo «la calidad institucional del oficialismo» y el resto objetando falta de respeto pasado a la Corte Suprema, gobernar con Superpoderes, el Consejo de la Magistratura, el desastre del INDEC, etcétera.
Como reserva desopilante y bien informada se guardó, para este final, la narración de uno de los presentes sobre la ocupación y desalojo -por parte del secretario Guillermo Moreno- de los directivos de MetroGas. Primero, lo principal. Lo que empezó como una intervención y terminó con el desplazamiento de los ejecutivos de la empresa británica, en rigor, respondió no tanto a una cuestión de suministro de gas (son débiles las imputaciones en ese sentido) sino a otra realidad: el gobierno estaba irritado con MetroGas porque ésta se negaba a levantar su juicio en el CIADI, a pesar de promesas en ese sentido. Y, como Néstor Kirchner quiere dejar el poder sin ningún juicio en ese organismo -o, al menos, con lo mínimo-, parte de la campaña presidencial de su esposa, se avanzó con la excusa de la intervención por anomalías en la entrega de gas y, luego, como los británicos también son hijos del rigor, con la remoción del presidente Roberto Brandt y su plana mayor.
Con ese cuadro, dicen, Moreno ingresó a la empresa -acompañado por directivos de Repsol, casi asociados a la operación- y recorrió los principales despachos, requiriendo la desocupación en tono más que firme, autoritario, sin faltar el respeto. Pero esa forma -tienen 15 minutos para irse, no, no puede quedarse- alegró a ciertos sindicalistas que, según ellos, alguna vez fueron maltratados por la empresa. El operativo no alcanzó solamente a los directivos locales, también a uno -el responsable de British Gas para América latina- que está en el exterior, con quien mantuvo una teleconferencia y le explicaba la forma en que había ocupado la empresa, para terminar: «¿Usted tiene algo que decir en contrario?». Del otro lado, el ejecutivo respondió: «No, por favor, estoy de acuerdo». Casi una radiografía este cuento de la ocupación sobre el pensamiento nacional, ciertas formas inconscientes del estatismo y de la responsabilidad del empresario privado frente al poder.
Vamos a terminar con un chiste telúrico.
Juan y María, dos jóvenes campesinos, se pasean por el campo. María se detiene y le pregunta a Juan: «Decime, ¿cómo sabe el potro cuándo la yegua quiere?». Responde Juan: «Fácil, María. Por el olor». Siguen caminando otro trecho y María vuelve a preguntarle: «¿Y cómo sabe el perro cuándo la perra tiene ganas?». «Lo mismo, María -responde Juan-; por el olor.» Metros más adelante, María vuelve a preguntar: «¿Y cómo sabe el toro cuándo la vaca quiere?». Y Juan responde: «María, ya te lo dije; por el olor». Después de esperar un rato, María le dice: «Y vos, Juan, ¿estás resfriado o sos gay?».
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