Semana pródiga en reuniones sociales, a pesar de la crisis (o por ella). Un ex presidente viajó al interior en pequeño pero lujoso avión privado y reducida compañía; también recortó el plantel de «futbolistas» que lo acompañan en Olivos. Allí también -pero con otros fines- fueron empresarios para hablar con la Presidente y hasta pelearon entre ellos. En tanto, el vicepresidente se ufana de ser el objeto de las iras del gobierno e inaugura ruletas y mesas de juego en su provincia (ganó con la primera bola). En esas reuniones se supo que ex ministro comenzó a girar por el mundo cobrando miles de euros para dar charlas, mientras el jefe de Gobierno porteño tuvo una expresión poco feliz (quiso ser gracioso, no lo logró) hacia las damas de una entidad benéfica. Veamos.
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Julio Cobos
Los políticos de cierto nivel para arriba hablan de cualquier tema, menos de política; prefieren que sus entornistas saquen conclusiones de medias frases, miradas, señalamientos a tal o cual persona. Se quejan cuando esos mensajes resultan equívocos, pero prefieren la libertad que les permite esa ambigüedad. Por eso es jugoso mirarlos, por ejemplo a Néstor Kirchner, en la intimidad del avión privado mínimo que lo llevó a Paraná el viernes, del cual los acompañantes revelan toda una estrategia. Ningún ministro, apenas un intendente peleado con el resto, como Julio Pereyra, el secretario Daniel Muñoz y un espía, el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga, quien le sirve al ex presidente como si Kirchner tuviera algún cargo. La elección de Pereyra, hostigado por el resto de los hombres del conurbano que se distraen en reuniones menores con Florencio Randazzo, la explica una orden hacia el resto de los bonaerenses: quienes tengan cargo en el consejo nacional del PJ no tienen que aspirar a cargos en la conducción del consejo provincial que saldrá de esa simulación de elección que se hará en noviembre. También un castigo a los intendentes del conurbano que reaccionaron a reglamento y restaron concurrencia al acto en Paraná. Está lejos, es caro, no es nuestro territorio, mandaron a decir, y forzaron ese acto improvisado que le organizaron de apuro a Cristina de Kirchner en San Miguel ese mismo viernes. Pereyra, en cambio, aseguró su presencia como si fuera un gobernador más -estuvieron los fieles a Kirchner- en un acto nacional.
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En las medias palabras que se escucharon en el Lear Jet que usó el santacruceño reveló además su estrategia para unas legislativas en las que el kirchnerismo tiene más de una dificultad, al menos en los distritos grandes: elegirlo al fantasmal Julio Cobos como adversario, agrandarlo como contradictor y forzarlo a que arme listas en los distritos, pocos, donde ha encontrado aliados. Que Cobos sostenga listas propias divide al radicalismo, le quita adherentes a Carrió, y esa división de la oposición le permite al kirchnerismo la ilusión de que en los titulares del lunes siguiente a la elección se diga que le ganó a la oposición fragmentada. Esa estrategia requiere rituales, como insistir en que quiere ser candidato a diputado, con lo cual mantiene un llamado a los propios con la ilusión de que habrá un candidato competitivo. Tampoco lo admitirá, a menos que las encuestas el año que viene le indiquen que tiene posibilidades de ganar -algo viscosas hoy-. Para dilatar, siempre escuchado en la intimidad que asegura un jefe de espías que debe ocuparse de que nada se sepa, recibió de su enviado discreto a la minicumbre de UNASUR (la liga de países sudamericanos) a La Paz en la semana el informe de que está asegurada la unanimidad para designarlo como secretario ejecutivo de ese sello. Lo nombrará, si no hay un barquinazo de último momento, en la reunión que habrá a fin de noviembre en El Salvador. Desde ese momento, hará una pausa en el escenario nacional para retomar la campaña después del verano. Entre los rituales, incluyó una convocatoria a los amigos y funcionarios para que fueran el sábado a Olivos, y retomar la actividad futbolera, con una selectísima lista de ministros que achicó los planteles y forzó a que se pusieran los cortos secretarios, custodios y hasta algún soldado de la custodia que debió pisar, sin chistar, el césped de Olivos. De la lista salieron otras señales: volvió Sergio Massa, pero no fue convocado Aníbal Fernández.
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En el avión el viernes, y en el asado que siguió al fútbol el sábado, Kirchner repitió un lema recurrente: a Cristina no Julio Pereyra la van a torcer, la crisis no va a llegar a la Argentina como algunos creen, la situación está bien. La insistencia pareció propia de quien busca convencerse, primero, a sí mismo. Voluntarismo comprensible en un Kirchner que en elecciones anteriores armaba él las listas de cada distrito, pero que esta vez se ve obligado por la necesidad a colarse en boletas de otros que puedan cubrir al oficialismo de barniz ganador. El entusiasmo de Kirchner le venía del resultado de la cena del nuevo «Grupo de los 5» que se adueñó de la oreja presidencial (Cámara de Comercio, de la Construcción, bancos de ADEBA, Bolsa de Comercio, UIA; el campo ausente, son los malos para el gobierno) del jueves por la noche. Ese grupo de Eduardo Eurnekian, Carlos Wagner, Jorge Brito, Juan Lascurain y Luis Betnaza se juntó con Cristina de Kirchner con la misma intención de las palabras del cónyuge: tranquilizarla, decirle que todo está bien. No había muchos argumentos, pero los Kirchner salieron satisfechos porque Brito se impuso a Lascurain en el tema dólar. «No insistan en que suba el dólar porque si eso pasa, se van los depósitos y los bancos desaparecen», casi le gritó. «¿Y yo qué?», pidió el jefe de la UIA. Respuesta del resto: «Los vamos a ayudar a frenar importaciones». Casi una paz en esa cena que en realidad había organizado Julio De Vido hace una semana, en un almuerzo, con el propósito también terapéutico de calmarla a Cristina.
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Casi en las antípodas, Julio Cobos agradece que Kirchner lo tilde de adversario y lo ataque, al unísono con Cristina, desde todas las tribunas. Se reía el viernes por la noche, cuando fue la principal estrella de la política que apareció en la inauguración del nuevo Sheraton de Mendoza, de cómo Kirchner insiste en tratarlo a él como si fuera peronista. Primero, decía a sus acompañantes mientras preparaban la mesa de ruleta para tirar la primera bola, lo destrataron como vicepresidente como si perteneciera al PJ. «En el radicalismo no se maltrata a la gente como en el peronismo. Ahora me piden lealtad como si fuera peronista; la lealtad es cosa de ellos, no para los que no son peronistas». Cobos aprovechó la ausencia del gobernador local Celso Jaque -había viajado a Paraná para estar junto a los demás gobernadores en el acto del 17 peronista- para rodearse de otros radicales como si aún conservasen la administración provincial. Después de todo, Cobos como gobernador le dio un auxilio financiero al proyecto del nuevo Sheraton (u$s 5 millones del fondo estatal de promoción de empresas) y el emprendimiento siempre tuvo aroma radical, tanto que el gerente es el ex ministro de Economía de Roberto Iglesias (ex socio de Cobos) y ex diputado nacional Aldo Ostropolsky. La magnífica fiesta contó con animadores porteños (Verónica Varano, estrella por el interior) y con fastuosas vituallas. Cobos festejó su buena suerte cuando llegó la hora de arrojar la primera bola de la nueva ruleta: puso sus fichas a negro el 26... y salió el 26. Con poca ideología y menos recursos, los políticos confían más que el resto de la especie en estas cábalas y señales del destino. Lo demostró la cantidad de saludos y abrazos que recibió este extraño personaje que es Cobos -vicepresidente de un gobierno al que se opone como adversario siempre que puede-. La efusividad se explica en la costumbre que tienen los aficionados al juego de tocar y frotarse con los suertudos, confiados en que los efluvios ganadores se transmiten por contacto. Tanta presencia radical -entre ellos el intendente radical Víctor Fayad- tapó algo al representante de Jaque, el vicegobernador Cristian Racconto, y les dio espacio a otras presencias, como la de los diputados Omar de Marchi y Enrique Thomas (hasta ahora en el grupo disidente de Felipe Solá) y mostró que entre los mendocinos Cobos tiene un atractivo que no le ven en otros distritos (hasta le dedicaron desde el escenario la bella tonada «Otoño en Mendoza», pieza que algunos definen como el himno provincial. El mapa político terminó imponiéndose por sobre la farándula y le restó más asistencias a la inauguración: esa misma noche se hizo en San Rafael, ciudad al sur de la capital, el festejo de los 80 años de la bodega Bianchi, quizá la única marca tradicional de esa industria que sigue en manos de la familia fundadora y con socios foráneos, a la que fueron personajes que buscaron distancia, como Jaque, del show cobista. Por ejemplo, el senador Ernesto Sanz (peleado con su correligionario desde que el vicepresidente se alió con los Kirchner) o Enrique Pescarmona, uno de los principales empresarios de la provincia y más que amigo del gobierno, que le auspicia negocios por todo el mundo. Ninguno de los dos quiso estar en esa foto y prefirió esta celebración a contrafrente de la familia Bianchi.
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Jorge Bergoglio, a quien los Kirchner le atribuyen modos opositores que después permean a la política, se dio tiempo para hacerle reproches -aunque entre cuatro paredes- al matrimonio presidencial. Secretamente recibió el miércoles a los hijos y a la viuda de José Rucci, ante quienes tuvo palabras afectuosas para «nuestro recordado Rucci» (sic). Les dio alivio en el pedido de reapertura de la causa por la muerte por montoneros en 1973 y les dio una medalla de la Virgen Desatanudos -adorada también por Elisa Carrió- «para que la Virgen nos ayude a todos a desatar este nudo». Les dijo en presencia del gestor del encuentro en sus oficinas junto a la Catedral, el secretario general de las 62 Organizaciones Peronistas, Gerónimo Venegas, que la Iglesia Católica respalda «el pedido de verdad y justicia» sobre el crimen. «He estado leyendo -les dijo- todo lo que salió sobre nuestro recordado Rucci. También he visto todos los programas de televisión. Los felicito porque dan un mensaje de búsqueda de la verdad y de la justicia sin odios ni rencores», les dijo Bergoglio a los hijos de Rucci. El obispo comparó esa actitud con la de «otros que promueven un clima hostil entre los argentinos. Seguramente, sienten culpa porque durante la dictadura militar, mientras muchos de sus compañeros desaparecían, ellos estaban lejos de esta ciudad, haciendo dinero. Ahora siembran el odio pero, gracias a Dios, están fuera de época porque los argentinos no los acompañan». No hizo falta que aclarase a quiénes se refería.
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Lejos de estas demostraciones de fuerza de quien aún tiene que lograrla, Elisa Carrió se instaló el fin de semana en Córdoba y paseó su aroma antiperonista en la provincia en la que Cristina de Kirchner perdió la elección presidencial. Le costó cerrar el acuerdo que pretendía con las formaciones de Luis Juez y el radicalismo de Mario Negri. El primero está por temperamento y necesidad dispuesto a cualquier alianza que lo saque de perdedor (dice que le robaron la elección a gobernador, no presentó listas a diputados nacionales); a los radicales, sin embargo, les cuesta unirse a ese populismo peronoide que anima el ex intendente, más famoso por sus chistes y ocurrencias que por otra cosa. Carrió logró sin embargo juntarlos el sábado por la noche en la casa de la diputada juecista Norma Morandini. Un lote de pintores locales pobló esa casa de la localidad de Villa Allende y Carrió,que tampoco habla mucho de política, sólo quebró su interés por las bellas artes locales para mantener un aparte con Juez y Negri, mirado de cerca por otro radical emblemático, Carlos Pérez Llana, que completó el círculo. Carrió reveló estar al tanto de la estrategia oficial de atomizar la oposición pero admitió, como el resto, que algo fuerte deberá ocurrir para que gente tan diferente como los aristas, los radicales y los juecistas lleguen a algo unidos en las elecciones. Carrió usa un viejo lema de Graciela Fernández Meijide que la realidad probó como cierto: cuando los partidos no se juntan, la alianza te la hace la gente en la urna. A eso deben estar atentos los partidos. Admitió que la alianza de los radicales de Santa Fe con el socialismo de Hermes Binner se mantendrá y que eso la castiga a ella; por eso rogó, sobre la medianoche, por un acuerdo entre su viejo amigo Negri y su nuevo amigo Juez.
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Delicias orientales y un rabino controlando el «cashrut» de la comida en la cocina, mientras los dueños de casa no podían ocultar su emoción por el adiós. Fue en el departamento de la calle Cavia, donde habitan -hasta el lunes próximo- Rafael Eldad y su esposa Batya, embajador de Israel y señora. Después de cuatro años, Eldad -de origen marroquí- insistió en los términos de la carta de despedida que envió a todos los medios: «Las relaciones entre la Argentina e Israel están en su mejor momento», pero admitió que el caso AMIA es la materia pendiente que deja tras su gestión de cuatro años. Lo escuchaban atentos, entre el centenar de invitados, Alberto Nisman (jefe de la Unidad Fiscal de Investigaciones AMIA), que horas antes había pedido la confiscación de cuentas de Irán para resarcir a las víctimas, pero también Luis Czyzewski, miembro destacado del grupo Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado contra AMIA. También los embajadores Earl Anthony Wayne (EE.UU.) y Francis Lott (Francia), de los muchos diplomáticos que pasaron a despedir a su colega. En la pequeña multitud se mezclaban Diego Guelar, Jorge Telerman, Marcelo Stubrin, Aldo Donzis (presidente de la DAIA), su par de la OSA, Carlos Frauman, Sergio Wiedder (Centro Wiesenthal) y los empresarios Gerardo Werthein, David Sutton, Alejandro y Adolfo Filarent, Carlos Abolsky y Sergio Grossokopf. También el empresario Natalio Bengrower, el ex titular de la AMIA Luis Grynwald, Jorge Castro, Rosendo Fraga, las damas que encabezan la Asociación Amigos de la Universidad de Jerusalén y varios rabinos (Shlomo Ben Hamú, Baruj Plavnick, Abraham Skorka). Como siempre, nadie del gobierno, a pesar de las manifestaciones de cariño mutuo de Eldad. Después de explicar que «Israel no entrega medallas; sólo a los soldados que combaten», el diplomático les regaló sendas reproducciones de la casona de la calle Arroyo que ocupó la embajada hasta 1992 (destruida por otro atentado; por esos días Eldad era agregado cultural) a Susy Werthein (de viaje justamente por Israel) y a Radio Jai, por su labor en favor del Estado hebreo. «Hemos tenido no pocos problemas con los medios, en estos cuatro años en los que tuvimos que enfrentar una guerra y el desalojo unilateral de Gaza», dijo al entregarle el premio a Miguel Steuerman, dueño de la emisora. Hubo algunos que después se le acercaron para tildarlo al menos de ingrato. También se discutió entre « kippes» y «lehmeyun» la medida tomada por Nisman: algunos decían que era un paso en la dirección correcta y otros, que en realidad se eludía ir «hasta el hueso» en la cuestión de fondo, que es la conexión local. «No es culpa de Alberto, pero la verdad es que el gobierno -además de los discursos en la ONU- no está haciendo nada en esa dirección», decía un dirigente cuya visión respecto de las relaciones con los Kirchner es menos idílica que la pintada por Eldad. Hacia el final de la reunión, Batya Eldad repartió entre los más amigos tarjetas con su dirección de mail, su domicilio y su teléfono en las afueras de Jerusalén. «Te esperamos, no con un asado, sino con 'hummus'», bromeabala jovial embajadora a todos los que recibían el convite. Es poco lo que se sabe de Daniel Gazit, su sucesor. Fue el jefe del «desk» América latina de la cancillería israelí, y -a pesar de ser «sabra», o sea nacido en Israel- habla perfecto castellano. «No espere un embajador tan visible y mediático como Eldad: Gazit tendrá un perfil mucho más bajo», advertía un alto funcionario de la embajada.
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Alguien tendrá que explicar qué atractivo tiene para un sector de políticos y de empresarios el emprendedor y ex dirigente montonero Mario Montoto para que lograse el miércoles que concurrieran a una fiesta que dio en el Alvear, para celebrar un aniversario de una editorial de libros poco conocidos, gente como los hermanos Daniel y José Scioli, el ministro de Seguridad provincial o el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández. Que haya estado Cristiano Rattazzi no dice mucho porque es frecuente verlo en todos los cócteles, pero asistieron, junto a esos representantes del oficialismo, hombres que se exhiben con el peronismo disidente, como los embajadores Hugo Herrera Vegas o Fernando Petrella, el diputado sciolista Martín Ferré o el presidente de la UCeDé, Jorge Pereyra de Olazábal. Montoto suele quejarse de que, pese a su pasado montonero y sus relaciones con lo más alto del mundo financiero y eclesiástico (se muestra siempre como hombre de fe, es amigo de purpurados de acá y de Roma), no puede hacer negocios con el Estado como otros que se muestran con los Kirchner, pero que no tienen su pasado militante. Se le conocen negocios con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (es contratista de las cámaras de seguridad que se instalan en algunas calles para prevenir el delito y controlar el tránsito) y también la afición por estas megafiestas en donde todos hablan de todos. Ideal para enterarse de extravagancias de algunos políticos, como el diputado Esteban Bullrich, presidente del partido Recrear, que fue de Ricardo López Murphy, que ha entrado en la adicción de los videojuegos, en especial por uno que simula vuelos en aviones a reacción o grandes jumbos. Eso lo obliga a ponerse un casco con antiparras para imágenes virtuales y a manejar una consola como si fuera un piloto de Austral. Esa afición la desarrolla además en su oficina de diputado porque su esposa le prohíbe hacerlo en casa porque no quiere que sus hijos vean a su padre en esas actitudes. Bullrich, claro, se escuda en que él es ingeniero en sistemas y que necesita examinar esos ingenios; también en que quiere aprender a manejar grandes aviones. «Pero vos querías ser diputado», le responden sus amigos. Otro al que se le recuerdan aficiones parecidas es a Ginés González García, en un tiempo adicto al videojuego de Fórmula 1, que practicaba en su casa con una inmensa consola y un volante original de Ferrari, con pedales y todo. Apretando el acelerador llegó a ministro de Salud y embajador en Chile, algo que seguramente alienta a Bullrich.
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Entre tanto hombre de negocios, tuvo su lugar la militancia de antaño de Montoto (cuando se hacía llamar « Pascualito»), representada por el piquetero Emilio Pérsico, la diputada Gloria Bidegain (quien dice tener el testimonio de que Juan Perón mandó a crear la Triple A y con eso se ganó una banca) y el hijo de Fernando Vaca Narvaja, un emblemático que sale poco (el padre, no el hijo). Alberto Fernández, a quien pocos pudieron ver en el cóctel -como a Scioli, que llegó tarde, a buscarla a Karina Rabolini-, les explicó a los contertulios su nueva navegación profesional. Reabrió una consultora en lo que fue su domicilio anterior en la avenida Callao -la misma en donde le organizaba reuniones a Néstor Kirchner y a gobernadores peronistas para que hablasen con Domingo Cavallo cuando era presidente Fernando de la Rúa- y ha aceptado iniciarse en el oficio más viejo del mundo: dar charlas y conferencias en el extranjero sobre cómo le ha ido en la vida (el mismo oficio que sueña ejercer Néstor Kirchner cuando lo dejen). Debuta en noviembre con una charla en la universidad de Salamanca, viaje que aprovechará para entrevistarse con José Luis Rodríguez Zapatero, y seguirá de gira por Londres y Washington. En esas tres ciudades tiene comprometidas charlas y seminarios que -alardeó ante mucho hambriento que había en ese cóctel del Alvear- le reportarán «euros, miles de euros».
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Le cuesta ser simpático a Mauricio Macri, que pasó una semana difícil por la asonada kirchnerista contra su gestión, que incluyó un escrache en las puertas del canal de TV donde lo invitó Mirtha Legrand. Parece más solvente cuando tiene que discutir sus iniciativas -llevó fotos y gráficos al programa de TV- que cuando simula familiaridad. Lo mostró en la cena de COAS (entidad benéfica que junta fondos para los hospitales de Buenos Aires) que se hizo en La Rural, adonde fue acompañado por Gabriela Michetti. A la hora de saludar a las damas que juntan dinero para su gestión con cenas y la Feria de las Naciones, lanzó esta frase que les encogió el alma a las destinatarias: «¡Estas pendejas de COAS, qué laburantes que son!» Nadie en esas fiestas tiene menos de 50 años y pocos rieron con la ocurrencia. Quienes manejan este sello están acostumbradas a todo, por eso Carmen Polledo (presidente) y Ana Mestre (hija del fallecido zar de la TV Goar Mestre y vicepresidenta) no perdieron el año y empujaron al resto de los asistentes a disfrutar de la cena y del show, que divirtió a un padrón bien variado, de Jorge Aufiero al titular de la caja de abogados en extinción Jorge Enríquez, Carlos Fontán Balestra, Federico Braun ( Galicia), el ex intendente y ex ministro Jorge Domínguez, Ricardo Fiorito (ex Banco Quilmes), Daisy Chopitea, Pablo Roemmers y otro infaltable de esas reuniones, el embajador de los Estados Unidos, Anthony Earl Wayne. Se entiende el entusiasmo: esa noche recaudaron $ 300 mil, necesarios dijeron para comprar un aparato para diagnóstico por imágenes para otro desvalido hospital.
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La crisis fue el motivo excluyente de la conversación en esa cena. El menú, que incluía unos crepes de verdura y un lomo con papas rústicas, pasó inadvertido porque cada uno contaba cómo le cambió la vida el «crash» de Wall Street. Entre los asistentes estaban Gustavo Yankelevich y su mujer, Rosella, Santiago Soldati acompañado de Eva, y «Costi» Vigil. Se debatió cuál terminará siendo la profundidad de la crisis, pero se olvidaron de preguntar por los temas de la Ciudad de Buenos Aires, lo que les permitió a Macri y a su novia Malala tener una noche más tranquila. Mauricio se disculpaba que podía hablar poco debido a una molesta disfonía. Uno de los asistentes que está en el sector químico advirtió que no sólo Brasil es enemigo comercial de la Argentina. «En Europa, el euro bajó de 1,60 a 1,30 dólar. Son más competitivos que antes. Hace unos días una empresa química de Alemania desplazó a su competidora argentina como proveedor de una empresa uruguaya. A pesar de que están mucho más lejos, nos ganaron. Para ellos se abarataron hasta los fletes». Otro de los empresarios se lamentaba del atraso en los pagos en que están incurriendo los importadores brasileños. Hay demoras de más de 40 días. «No pagan, y ya no sabemos qué hacer para cobrarles en término, porque la contrapartida sería dejar de venderles y no podemos hacerlo porque el mercado interno se nos achicó muchísimo», se lamentaba.
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Malala, ya sin Macri, animó la presentación que hizo la joyería OR de la colección de joyas de diamantes y brillantes de Tiffany & Co. Las conversaciones fueron un tanto más frívolas, pero siempre relacionadas con la crisis. Cristiano Rattazzi llegó con su mujer, Alicia Fernández, y se encontró con Murat Eurnekian, Alfredo Odorisio, el promotor Alejandro Ranieri y Anna Gancia. Uno de los asistentes comentó que entre los que peor la van a pasar están los equipos grandes de fútbol. Todos tienen documentos de los clubes europeos que recibieron como pago de los jugadores que vendieron. Los más caros se pagan a tres o cuatro años de plazo. Los clubes argentinos no tenían problemas por esos plazos, porque cuando necesitaban dinero enviaban por adelantado el cheque al banco europeo y se los pagaba, descontándoles una tasa de interés. Ahora, los bancos avisaron que no van a tomar más cheques adelantados, aunque sean del Real Madrid o del Barcelona: deberán presentarlos en fecha porque el crédito se acabó. Esta falta de financiamientova a voltear al mercadode pases y bajar los contratos que se están pagando. Los clubes de los empresarios rusos ya están haciendo ajustes, y los argentinos viven el drama de que a los jugadores los vendieron en euros y van a recibir menos dólares que antes por la caída de la moneda única de Europa. La nota de color fue que Blanca Curi, la astróloga, ganó el reloj de hombre que se sorteó. Habrá que creer que tenía los planetas alineados. Una buena parte de la reunión se la llevaron las historias sobre Araceli González, que está encerrada en su departamento bajo una fuerte depresión. Alguien dijo que era porque su ex marido, Adrián Suar, formalizó su relación con Griselda Siciliani, una mujer más joven que ella. Una psicóloga hizo una observación puntual: «Si Araceli tuviera 35 años, no estaría en crisis. Pero tiene 40 años y esa edad vuelve vulnerables a las mujeres, especialmente si viven de su belleza».
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La Colección de Arte de Amalia Lacroze de Fortabat, que inauguran hoy sólo para un pequeño grupo de elegidos, fue el tema dominante en la comida que el coleccionista Fito Fiterman realizó en su dúplex de Recoleta. Muy cosmopolita, con comida tai en honor de la artista Raquel Rabinovich, radicada en Nueva York. Coleccionistas como Edmundo e Inés Tonconogui, artistas como Carlos Páez Vilaró (que a los 85 años quiere exponer en arteBA), y galeristascomo Jorge Mara (de regreso de un largo tour europeo junto con su artista favorito, Eduardo Stupía), Orly Benzácar, Norma Quarrato y Horacio Dabbah (aunque todos excluidos de la restringida lista de invitados de Fortabat), analizaban el paso a paso de una colección forjada por el gusto personal de su dueña, que decidió mantener en absoluta reserva las obras que va a exhibir y los nombres de quienes trabajaron en la selección. Aunque todos firmaron un convenio de confidencialidad, algunos cedieron a la tentación. Se supo que a cargo de la dirección estaría el abogado Jorge Ugarte, y que los curadores son los historiadores Angel Navarro y Jorge López Anaya, quienes sucedieron (o desbancaron) al crítico Guillermo Whitelow, acaso porque le gustaba tirar las cartas para anunciar la fortuna y no siempre acertaba. Lo cierto es que la colección es rica en tesoros de arte impresionista y latinoamericano (no tiene un Frida Kahlo, sino varios), pintores viajeros, precursores y grandes maestros argentinos, pero quienes escribieron los textos del extenso catálogo desconocen el listado completo de las obras que se van a exponer y sólo atinaron a enunciar dos o tres firmas obvias, como Berni o Spilimbergo. Se elogió el diseño del arquitecto uruguayo Rafael Viñoly, pero aseguraron que no concurrirá a la vernissage, ya que, a pesar de ser autor del Forum de Tokio, que «The New York Times» consideró sublime, el edificio de Fortabat padeció inundaciones que demoraron su apertura durante años. Sin embargo, y a pesar de sus errores, Viñoly rompió con el criterio de los museos como contenedores, estructuras cerradas y aisladas de su entorno. Se trata de un espacio vidriado, cuya cubierta transparente abre paso a la ciudad, y el único elemento sofisticado del edificio son los parasoles móviles, que permiten controlar la incidencia de la luz y la visión exterior. La paradoja argentina es que Costantini abrió el Malba en 2001, durante la peor crisis de la historia argentina; Fortabat lo hace ahora, cuando se derrumban las finanzas del mundo, mientras la Fundación Proa se apresta a reinaugurar su sede de La Boca con una reforma millonaria.
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Vamos a terminar con un chiste infantil. Un chico está jugando con su flamante tren eléctrico, y su madre lo escucha desde la cocina. De pronto, el nene comienza a gritar:
- ¡A ver: todos los boludos que viajan en este tren, a mover el tujes y a subirse que estamos a punto de partir, carajo!
La madre, sobresaltada e indignada, sale de la cocina y le dice:
- ¡Pero Pablito! ¿Te volviste loco? ¿De dónde sacaste ese lenguaje? ¿Quién te enseñó esas palabrotas? ¡Váyase a su pieza inmediatamente! ¡Estás castigado hasta que yo te diga!
El chico marcha a su cuarto, y la madre sigue en sus cosas. A la hora, considera que el castigo ya fue suficiente y va a buscar a su hijo.
- Pablito: ya podés salir... El chico, sin decir nada, vuelve al living a jugar con el tren eléctrico. Al rato, la madre escucha:
- Señores pasajeros: tengo el agrado de invitarlos a ascender a nuestros cómodos vagones, porque el viaje está a punto de comenzar. Acomoden sus objetos personales en los estantes encima de los asientos. Y permítannos disculparnos por la demora: ¡este tren sale UNA HORA TARDE por culpa de la burócrata pelotuda que está en la cocina!
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