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14 de marzo 2008 - 00:00

Consideraciones tras la Fiesta de la Vendimia

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Escribe Osvaldo Sorbara Enviado especial

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Mendoza - Definitivamente hay algo absolutamente indiscutible, la Fiesta Nacional de la Vendimia es un gran encuentro popular, donde la participación de más de 200 mil mendocinos ha hecho que se convierta en una extraordinaria fiesta, tanto en sus calles como en el gran acto central. Eso es lo importante, lo demás anecdótico.
Forma parte del ritual de la Fiesta que desde las carrozas arrojen frutos de esa generosa tierra a los asistentes. Ocurrió que a la señora Mirtha Legrand le cayó una manzana sobre su cabeza. Esto hizo que la afamada estrella, que estaba junto al gobernador Celso Jaque y el vicepresidente Julio Cobos, se retirara enojada del palco. El suceso me recordó las atajadas del comisario Tirelli.
En 1984, acompañando a Raúl Alfonsín durante su presidencia, el por entonces comisario mayor Tirelli, jefe de su custodia, se pasaba horas parado detrás del mandatario «atajando» lo que le arrojaban las reinas y las cortes vendimiales al jefe de Estado: manzanas, melones, uvas y hasta pequeñas botellas de vino.
Valdría la pena preguntarse, ante ese episodio irrelevante pero profusamente comentado por los medios, por qué nadie se ocupó de proteger de esa situación a la consagrada actriz y conductora. Y ya que se trata de ver los aspectos críticos: tampoco se preocupó la gente de ceremonial de atender a algunos de los empresarios invitados, entre ellos a algunos extranjeros que se bajaron muy molestos cuando los palcos asignados fueron ocupados por el público.
Más allá de esas situaciones desprolijas, la Fiesta estaba en marcha y no dejó de desplegarse. Una vez más desde esta columna debemos advertir sobre algo que es muy importante y hay que buscar remediar lo antes posible: sigue cayendo cada año la calidad de los carros vendimiales. Esto es una pena para los que tenemos la mirada atenta de quienes tienen como deber opinar con justeza y que, a la vez, no dejamos de desear lo mejor para este evento. Creemos que los mendocinos, los turistas del resto del país y los extranjeros se merecen mucho más que lo que se les ofreció. Es bien sabido que algunos bodegueros (y no son pocos) no la están pasando tan mal como para no acompañar a su reina departamental en esta Fiesta anual con algún apoyo económico y de imaginación, prueba de ello es el aporte de la bodega López, que nuevamente volvió a apoyar al carro de Maipú y lo convirtió en el mejor. ¿Se han olvidado ciertos bodegueros que ese desfile es una buena operación de marketing, una excelente exhibición de poderío y prestigio de marca?
Entre las sorpresas a aplaudir fue muy buena la incorporación de la comparsa de la comunidad boliviana, con su danza y su vestuario tradicional, ese que ha hecho de atractivo internacional a la «Diablada de Oruro».
Al caer la noche la cita estuvo centrada en la impecable organización de la Gala en el hotel Hyatt, al finalizar la Vía Blanca. A pesar de su estricta selectividad, congregó a más de 500 personas. Fue obviamente infartante la presentación de las reinas. Los pocos privilegiados que nos quedamos allí hasta altas horas de la madrugada nos granjeamos como regalo un exclusivo recital de Valeria Lynch.

La apuesta mas fuerte

Como cada año, el acto central es la apuesta fuerte de la Fiesta de la Vendimia. En la competencia por la monarquía vitivinícola Florencia Moreno Tous, una bellísima estudiante de Ciencias Económicas de 19 años, representante de Tupungato, sobrina de la Reina de la Vendimia 1985, arrasó desde el comienzo con los votos. Se alzó con 87 sufragios dejando atrás con 38 a Julieta Navarro de Las Heras, quien obtuvo el segundo lugar. Florencia dijo estar «sin novio hasta el momento», cosa que nadie le creyó y que hizo sospechar que si se ponía a nombrar a todos los que la cortejaban iba a monologar por dos horas. El espectáculo de «Nacida del río y de la tierra», que tuvo puesta en escena de Alejandro Conte, sorprendió por su estilo contemporáneo, moderno, aunque manteniendo el guión de corte tradicional.
El escenario reflejó el trabajo de la tierra, la llegada de los inmigrantes, los vínculos con las raíces latinoamericanas, la representación de las distintas culturas a través de canciones y bailes de las colectividades española, italiana y árabe (esta última parte mejor dejarla para el olvido por la descoordinación de los bailarines).
El homenaje a la Virgen de la Carrodilla, con imágenes proyectadas sobre una pantalla donde una lágrima suya inunda los surcos secos en la tierra, fue tan bien logrado como emotivo.
Todo esto en un marco de un excelente vestuario, impecable iluminación y sonido. La incorporación de la presencia de los músicos cumplió el objetivo deseado de dar fuerza al espectáculo. Aunque quizá deberían haber estado en un lugar del escenario más destacado. La música en vivo en un espectáculo de esta magnitud no es un tema menor. De todos modos los 750 artistas en escena maravillaron a mendocinos y turistas que colmaron el anfiteatro Frank Romero Day.
Dos momentos para destacar del espectáculo fueron el tango bailado por tres parejas sobre el agua, algo realmente espectacular y ovacionado (se comentó su calidad, sensualidad y cómo había sabido marcar con orgullosa humildad de pasos tangueros su diferencia) y la muy aplaudida e
inesperada presencia de Mercedes Sosa en un homenaje al músico mendocino Tito Francia.
Tal vez un detalle que se debería corregir es que los artistas no se queden en el escenario al finalizar el espectáculo o regresen al mismo con sus bolsos para presenciar la coronación de la reina, se ve desprolijo, y el público especialmente el extranjero, no entiende esta actitud tratándose de un evento internacional que es transmitido a otros países y por Internet a todo el mundo.
La luminosa despedida de la Fiesta recibió el cálido apoyo del sentencioso comentario de un alto directivo de una compañía aérea internacional: «este show de fuegos artificiales no tiene nada que envidiarle a los de Disney World».

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