ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

13 de junio 2008 - 00:00

¿Dónde, cuándo, cómo y por qué?

ver más
Escribe Silvia Montenegro

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Hace unos años, en el corazón turístico de Madrid, un graffiti decía: «Aquel viaje que no ha dejado huella en tu corazón jamás fue un viaje». Y de eso se trata ahora viajar para buena parte de los visitantes del mundo, que buscan en cada propuesta turística el valor agregado. Este tipo de viajeros ya no quiere que los paisajes se sucedan frente a sus ojos sin más, sino que eligen los viajes del asombro, la exploración y el descubrimiento. Experiencias es lo que se busca hoy, una vivencia que aleje de lo cotidiano y transforme a ese momento de ocio en algo memorable. Así lo expresa la llamada «economía de la experiencia», una teoría impulsada por los entendidos en marketing que, desde hace algún tiempo, empieza a imponerse en esta industria.
Uno de sus creadores, Joseph Pines, puso un ejemplo gastronómico que comparaba: una taza de café requiere 0,01 euro en gramos de materia prima de café, una taza de café en un bar o en un restorán cuesta hoy un euro o más por el servicio, pero una taza de café similar en El Capricho de Gaudí, Cantabria, vale alrededor de 3 euros por la experiencia. Turistas de todas partes del mundo llegan hasta el palacio diseñado por el genio catalán Antoni Gaudí, verdadera joya arquitectónica que combina servicio, calidad y paisaje, con una oferta gastronómica internacional que ronda los 50 euros por persona.

EXPERIENCIAS EXOTICAS

Las propuestas hoteleras también pusieron la imaginación al servicio de la experiencia del huésped, y hay algunas que son verdaderamente exóticas. El hotel Sabi Sabi, un cinco estrellas ubicado en plena reserva Sabi Sand, 500 kilómetros al este de la capital de Sudáfrica, Johannesburgo, en una zona virgen, propone lujo exótico con suites construidas bajo tierra. Se trata de habitaciones subterráneas, decoradas en piedra, madera y arcilla, con una ambientación que se confunde con el típico paisaje de la región, el bushveld, en donde abundan las criaturas salvajes del continente negro, como los felinos, los cocodrilos e hipopó-
tamos.
En la ciudad de Linz, Austria, en el parque público con vista al Danubio, el Estado financió el Parkhotel, que tiene habitaciones de caños de hormigón, de dos metros de diámetro por dos de largo con una cama doble, un placard y luz, comodidades básicas para pasar una noche diferente, y pagando a voluntad. Es posible ver las «habitacaños» en http://www.dasparkhotel.net/. En Suecia, en la ciudad de JukkasjTMrvi, al norte del círculo Artico, el Icehotel se construye en hielo todos los otoños, ya que indefectiblemente se derrite cada primavera. Tiene bar, restorán y hasta una iglesia de hielo y, aunque posee habitaciones cálidas de madera, también es posible alojarse en suites freezer de 2 a 8 grados bajo cero, con camas
de hielo cubiertas por piel de reno. http://www.icehotel.com/
Ya en nuestro continente, en Bolivia, en el corazón del subyugante Salar de Uyuni, se levanta el Hotel Palacio de Sal, donde exactamente todo -camas, sillas, mesas, paredes, techos- está hecho de sal (www.salardeuyuni. net). Pero además hay hoteles que proponen dormir bajo el agua -el Utter Inn, de Suecia-; o pasar la noche en una cárcel -The Old Jail, de Australia-, en una estación de tren abandonada -Antigua Estación, en Cádiz, España- o en un faro -Corsewall Lighthouse Hotel, en Escocia-, por citar algunos ejemplos.

AVISTAJE DESDE LOS ARBOLES

«Hace muchos años, en Kenia, participé en un safari fotográfico. Pasamos algunos días alojados en un hotel al pie del monte Kenia, cerca de Nairobi, en el medio de la selva, pero lo más emocionante fue cuando tuvimos que hospedarnos en los Treetops, que son camarotes construidos en la copa de los árboles, con comodidades reducidas, y desde donde se puede seguir contemplando a los animales durante la noche», cuenta Juan Carlos Vidal, gerente general de la Cámara Argentina de Turismo, y con una experiencia de 40 años en el sector.
Ubicado en el Parque Nacional Aberdare, en este singular alojamiento es habitual realizar una sola pernoctación y aprovechar la luz de los reflectores, que se prenden cuando cae el sol, para observar elefantes, búfalos, antílopes, rinocerontes.
Otra experiencia intensa es llegar hasta las cabinas dormitorios, ya que el visitante debe subir a una estructura aérea y recorrer alrededor de 150 metros hasta alcanzar el lodge: «Es como un puente construido a dos metros de altura. Recuerdo que, en una parte del recorrido, sentimos que el suelo se movía. Miramos para abajo y vimos una elefanta con dos elefantitos. Uno de ellos se rascaba el lomo y eso producía el movimiento del piso». La opción es ideal para viajeros que buscan contacto con la naturaleza más agreste. No se permiten chicos menores de 7 años y la estadía durante la noche es sumamente fría. Según TripAdvisor, una comunidad virtual con más de 25 millones de visitantes al mes, seis millones de miembros registrados y más de
15 millones de críticas y opiniones, pasar un día en este singular hotel sale 257 euros.
Pero más allá de los viajes absolutamente exóticos, en todo momento del año hay variadas propuestas que se adaptan a cada turista, y más aún si se acercan las vacaciones de invierno. En la Argentina, la operadora mayorista Essential Travel se especializa en «slow travel», una nueva tendencia global ideal para turistas con motivaciones diferentes, que buscan incorporar conocimientos y experiencias. Estos viajeros prefieren detenerse en cada lugar el tiempo que sea necesario para conocerlo, eligen la gastronomía típica y no la internacional, optan por hoteles boutiques o lodges en vez de cadenas internacionales, se interesan por el entorno natural y las diferentes culturas.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Otras noticias