Cada vez más niños y adolescentes viven en una burbuja digital. Son parte de una «generación digital», consumidores por excelencia de productos tecnológicos multimediales. Navegan y chatean desde el celular, no conocen el despertador, sino la alarma del MP3 o del teléfono, desconocen los sonidos de la calle porque están siempre con los auriculares en los oídos, frenando el paso cada tanto para chequear los mensajes de texto entrantes o para enviar uno. Tienen diarios íntimos, pero públicos, fotos personales, pero al alcance de todos. Viven el mundo de los e-mails, canales de chateo, blogs, fotologs, muds, etcétera. Tal es la dimensión del «mundo joven cibernético» que se ha convertido en el segmento más deseado por las telefónicas y las grandes compañías que operan en el mercado. Lo cierto es que la masificación de espacios públicos con acceso a Internet, un vacío legal que impide tipificar la mayoría de los delitos informáticos, la ausencia de campañas de concientización por parte del Estado y -en algunos casos- la falta de comunicación entre padres e hijos convierten hoy al ciberespacio en uno de los ámbitos más riesgosos para alrededor de 1.500.000 niños y adolescentes que consumen el servicio en la Argentina. La mayoría de los especialistas consultados coinciden en que si bien un pequeño grupo utiliza la Web para fines educativos, la mayoría lo hace para chatear, jugar en red, mirar páginas de adultos o revisar su correo electrónico. Los juegos más usados son extremadamente agresivos y pueden, o bien fomentar una tendencia violenta inexistente o profundizarla en caso de que ya exista. Profesionales consultados por este diario coinciden en que las actividades en Internet de mayor riesgo para los chicos son las conversaciones con desconocidos, los juegos violentos, las páginas pornográficas y compras on line, en ese orden. «Una Internet segura para los chicos sólo es posible si los padres se involucran, ya que los adultos están acostumbrados a prevenir a sus hijos acerca de los peligros reales, pero todavía no tienen una dimensión cabal de los peligros virtuales», comenta la psicóloga Graciela Verge. «Muchos niños y adolescentes tienen graves problemas de socialización. Están conectados a la computadora y no a la gente», sostiene la profesional. «Personalmente, me preocupa más la parálisis de los adultos, de los padres concretamente, en relación con esto. Por desconocimiento, no saben cómo transmitir el correcto uso de la tecnología a sus hijos», sostiene Verge, quien supervisa a otros colegas que llegan a su consultorio aquejados por esta problemática. «Los padres tienen miedo, se paralizan ante lo desconocido», sentencia, antes de aclarar que para ella el «correcto uso de la tecnología es excelente, y es bueno asesorarse, investigar y sobre todo educar, para sacarle el mayor provecho posible». Gabriel Mizler, directivo de multimedios, coincide con la psicóloga, al sostener que «la tecnología puede jugar a favor o en contra, pero hay que tener claro que toda la responsabilidad es nuestra y por ende nos tenemos que hacer cargo». Mizler aclara que los riesgos no son más que los que uno debe sortear en la vida. «Lo único que desnuda el miedo de los padres a la tecnología, y el abuso de niños y adolescentes de la Internet y de los celulares es la falta de comunicación entre padres e hijos.»
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