Se cree que muchos piratas aprovechaban para enterrar sus tesoros en las Seychelles. Allí podían descansar durante largas temporadas y reconstruir sus barcos para continuar con sus atracos.
Las Seychelles no fueron habitadas hasta la mitad del siglo XVIII, pero con anterioridad ya tenían a ilustres visitantes: piratas. Navegaban cerca de la península arábiga y asaltaban a los barcos que, cargados de oro y joyas, navegaban en ruta desde la India hacia Africa o Europa. En las Seychelles, los piratas podían descansar durante largos períodos, reconstruir sus barcos gracias a la buena madera que daban sus islas, disfrutar de buen clima y estar a salvo de enemigos. Se cree que muchos piratas enterraron allí sus tesoros. El más importante de todos ellos es el que se cree que escondió el pirata francés Olivier le Vasseur, conocido como El Aguila, después de asaltar el navío portugués Vierge du Cap y hacerse con un botín de oro, diamantes y piedras preciosas que se ha valorado en 100 millones de libras (148 millones de euros). Cuando el pirata, que fue amo del Indico durante 5 años, fue apresado y colgado en la isla de Reunión en 1730, lanzó a la multitud un papel que contenía un criptograma y exclamó: «¡Que encuentre mi tesoro quien pueda!». Casi dos siglos después, en una playa de Mahe, en Seychelles, una señora fortuitamente encontró dos tumbas con sendos restos que tenían un anillo en la oreja izquierda ¡piratas! Junto a ellas, ciertas marcas en las rocas enlazaban con el criptograma del Aguila. Años después, llegó a la isla Reginald Cruise-Wilkins, un militar inglés, que había enfermado de malaria. Al saber de este hecho, dedicó los siguientes 30 años de su vida, hasta su muerte en 1977, a buscar el tesoro. Para ello, tuvo que tratar de descifrar un complejísimo criptograma basado en estrellas y en mitología griega. Excavó y desenterró toda una zona, sin éxito. Al morir, su hijo John tomó el relevo. «Ahora todos los enigmas del criptograma están resueltos. Tras muchos años de esfuerzo, hemos conseguido meternos en la mente de Le Vasseur. Ahora sólo falta desenterrar el tesoro», explica este cazador de tesoros en la playa de Bel Ombre, en Mahe. Como asegura que su familia se ha arruinado en la búsqueda, ahora necesita la financiación de inversores para pagar la tecnología necesaria para desenterrar un botín que, según la ley de Seychelles, sería propiedad a partes iguales del dueño del terreno y de quien lo encuentre. «El tesoro no hay que buscarlo más. Ya está localizado. Está justo donde pisamos», explica. Mientras Cruise-Wilkins trata de capturar el antiguo tesoro más millonario del Indico, en esas mismas aguas hoy se han reproducido, casi tres siglos después, los ataques piratas a embarcaciones turísticas, cruceros y otros barcos.
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