- ámbito
- Secciones Especiales
La aviación era artesanal, ahora se profesionalizó
Pericoli asegura que «lo que se ha perdido en estos tiempos en esta industria es el concepto de la gran familia. Antes todos nos conocíamos y éramos amigos».
Este hombre, que solía mirar los aviones que partían de Aeroparque con toda su familia, ingresó en la industria de la aviación en 1959, en Pan American (que fue la aerolínea más grande del mundo y como una escuela para Pericoli) y en Panagra (que actuaba como una subsidiaria pero no lo era, ya que una tenía las rutas del Pacífico y otra las del Atlántico) como teletipista. En ese puesto se encargaba de perforar una cinta codificada como el sistema braille que después se enviaba a través de los teleemisores al mundo (ésa era la forma en que se hacían anteriormente las reservas). Siempre permaneció en el mundo de las aerolíneas, pasando por una gran variedad de puestos. En el 67, Panagra vende todas sus rutas a Braniff International, que fueron adquiridas por Easter Airlines en el 82 y luego por American Airlines en los 90. Pericoli se mantuvo en todas las empresas y fue evolucionando. Pasó de comunicaciones a reservas y pasajes, luego a ventas, donde estuvo como promotor y luego como supervisor, hasta desempeñarse, como lo hace actualmente, en el área de Relaciones Institucionales de American.
Desde su primer viaje en avión -a Mar del Plata, que iba a 1.400 metros de altura y demoró una hora y media-, Pericoli pudo palpar los cambios que fue sufriendo la industria de la aviación, cómo se fue pasando de la Primera Clase y Economy a la intermedia Business Class, y cómo la tecnología modificó la relación entre las personas y las aerolíneas, y el crecimiento del turismo que se fue dando en nuestro país. Esos fueron algunos de los temas sobre los que Ambito del Placer habló con este experto de la aviación.
Periodista: ¿Cuáles fueron, a su parecer, los cambios más importantes que fue sufriendo la industria?
Héctor Pericoli: Cuando yo comencé a trabajar en aerolíneas no existía el concepto de aviones sin escalas. Fue por eso que Panagra tenía una marca registrada, el Interamericano, que entrelazaba todos los países de Latinoamérica para llegar a Miami, Nueva York y Washington. Yo tuve una experiencia de viajar 36 horas a Nueva York. Salíamos de Buenos Aires y seguíamos la ruta San Juan-La Quiaca o Pocitos-Lima, Quito, Panamá, Miami, Washington hasta la Gran Manzana. Los aviones no volaban de noche porque no tenían radar nocturno y no había cabina presurizada. Recuerdo haber sobrevolado Cuba cuando aún no estaba en el poder Fidel Castro e íbamos sentados en una especie de living en el que se podía tomar una copa hasta llegar a destino. En ese momento viajar era un placer enorme, no porque no lo sea hoy, pero es que ha cambiado el concepto.
P.: ¿A qué se refiere con un concepto diferente de viajar?
H.P.: Hoy el concepto de viajar en avión es llegar de un punto al otro en el menor tiempo posible. La idea es aprovechar la noche para dormir y así cuando se llega a destino el pasajero ya está listo para comenzar sus actividades. Antes el concepto de volar era sólo para unos pocos; ahora esto se masificó. A principios de los 60, por ejemplo, no existía lo que ahora es la Business Class o la clase intermedia para ejecutivos. Había una Primera, que eran sólo 12 asientos, y una Económica. Quienes tuvieron oportunidad de viajar en Primera Clase desde el 65 hasta pasados los 70 vivieron una época romántica, de lujo. Los tripulantes no solamente hablaban más de un idioma, sino que eran chef y sommelier. A bordo se servían los mejores champagnes y vinos del mundo y cuando se terminaba de cenar también se podía degustar un habano.
P.: ¿Usted cree que el desarrollo de la tecnología ha ido despersonalizando la relación pasajeros-aerolíneas?
H.P.: Yo creo que no, porque por ejemplo Internet es una forma de mantenernos en contacto. Pero sí podemos concluir que aunque las compañías hayan ido evolucionando no pueden prescindir del agente de viajes porque con la cantidad de vuelos que hay hoy en día, las empresas no tienen capacidad para emitir esa cantidad de pasajes. También hay que tener en cuenta que siempre hay un porcentaje de pasajeros que prefiere comprar por su cuenta, desde su casa. Pero todavía hay gente que no tiene la práctica para comprar por Internet. El pasado fue artesanal, hoy la industria es profesional, aunque, como siempre digo, todo se puede mejorar. No creo que esté faltando nada en cuanto a técnica, pero sí estoy seguro de que deberíamos tener la posibilidad de darles a los pasajeros una prestación como sucedía antaño, aunque con las tarifas que manejamos es complicado. También hay que tener en cuenta que antes las empresas volaban dos o tres aviones por semana; entonces había una dedicación más específica sobre ese avión. Ahora salen cuatro por día.
P.: En paralelo al desarrollo de la industria de la aviación, ¿cómo evolucionó la industria del turismo en la Argentina?
H.P.: La industria del turismo siempre fue ciclotímica, tuvo momentos positivos y otros negativos. Antes las aerolíneas sólo se manejaban con un grupo minúsculo de agencias, eran alrededor de 30 y hoy son más de 3.000 en todo el país. Hoy hay muchas agencias que casi no conocemos. Se fue agrandando el mercado y es verdad que da para todos desde el momento en que subsisten. Pero ya es más difícil. El gran adelanto que tuvo esta industria fue para el consumidor final, para el pasajero, porque tiene mejores tarifas, mayores posibilidades de viajar. El viajero salió beneficiado.


Dejá tu comentario