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(TIME) -- Esta carrera hacia los Oscar debería ser menos frenética que de costumbre. Tras el 11 de septiembre, está claro que Hollywood y los miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas deben dar muestras de dignidad. A los estudios cinematográficos les encanta la sana competencia, y la sucia también. Pero ahora las batallas por el Oscar son más feroces que nunca y se libran desde las trincheras, usando cualquier tipo de artilugio. Entre las tácticas favoritas figuran las operaciones encubiertas, la propaganda política y la información y desinformación transmitida en secreto a los medios. Hay suficiente mala intención como para abastecer a toda una campaña para el Senado. Y también hay mucho dinero: se han invertido aproximadamente 15 millones de dólares para que gane A Beautiful Mind (Una mente maravillosa) —lrededor de 2.600 para cada uno de los 5.739 miembros de la Academia—
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A algunos promotores de Denzel Washington (Training Day), Will Smith (Alí) y Halle Berry (Monster's Ball) se los acusa de jugar con una carta debajo de la manga: levantando rumores de que si un actor de color no gana, quedará comprobado que Hollywood es racista. Quienes desean que fracase el filme A Beautiful Mind sobre la vida del matemático esquizofrénico John Nash y con la actuación estelar del fornido y pendenciero Crowe, alegan que el libro en que se basó la película incluye exalta el antisemitismo y contiene escenas tórridas sobre relaciones homosexuales; ellos apuestan por la carta judía y la homosexual. (Recuerde que Hollywood maneja barajas muy coloridas...).
Después de que Howard y el productor Brian Grazer le compraran a Sylvia Nasar los derechos para llevar a la pantalla su biografía no autorizada de John Forbes Nash y su esposa Alicia, también tuvieron que pagarle a Nash por los derechos de representar "su vida". El matemático, que había sufrido delirios esquizofrénicos durante mucho tiempo, negoció un contrato que contenía una cláusula de lo que "no se puede incluir sin consentimiento" e insistió en que no se lo presentara como un homosexual porque no era cierto". No pidió que se omitieran sus delirios antisemitas, o su relación de seis años con otra mujer con quien tuvo un hijo. A Howard simplemente no le interesó concentrarse en esos temas, que le parecieron que solo complicarían la relación entre John y Alicia, la principal historia de la película.
Pero aunque a los artífices del filme no les interesaran estos incidentes, a Matt Drudge, un experto en sacar los trapos sucios en Internet, por cierto que sí. Cuando se estrenó la película, publicó una nota en la que la acusaba de "haber censurado" todas las escenas homosexuales del libro de Nasar. La fuente de la información parece haber estado en Miramax, pero Drudge no dice quién le pasó el dato sino que comenta, con una sonrisa: "unos pajaritos han estado cantando en mi ventana". Luego, el mes pasado, surgió la cuestión del antisemitismo. Se intentó vincular a Fox con esta nueva crítica, pero Drudge dice que lo encontró él mismo cuando leyó el libro "y la cuestión judía fue muy evidente".
Para los detractores de la película, estas omisiones son cruciales. Les parece que equivalen a los episodios autobiográficos de "Yo no fumé eso", Paula Jones y el cigarro habano de Bill y Hillary Clinton. Pero la producción de películas es casi tanto un arte de borrar como de visualizar. Como Iris, por que Judi Dench y Jim Broadbent están nominados este año, A Beautiful Mind es una biografía simplificada, o elevada: fue convertida en una parábola sobre la pérdida de la razón que no es sinónimo de pérdida de amor. De todas maneras, esa es la película que hizo Howard, y que probablemente se consagre como mejor película la semana que viene. Ahora que ha sido castigada, es una candidata oficial a los votos compasivos.
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