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12 de diciembre 2008 - 00:00

La otra apuesta a la que se juega Iguazú

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Todos los cinco estrellas, que son sinónimo de distinción, buscan diferenciarse por el servicio. Están los que son elegidos por los corporativos, los buscados por los turistas, y otros que se dedican a un segmento exclusivo de huéspedes que viajan atraídos por la idea de jugar, someterse a los designios de lo que para unos es el azar y, para otros, un frío cálculo matemático.
«Aquí llevamos un registro de las apuestas que realiza cada jugador para definir el nivel de gratuidades (tiempo de juego por promedio de apuesta) que se les puede otorgar», aseguran en el Iguazú Grand Hotel Resort & Casino, que no compite con ningún otro en estilo dentro de la Argentina, sino directamente con Uruguay. En esos lugares, además de un gerente general, hay encargados del área de juegos y hasta de marketing, exclusivos para ese ámbito.
Este hotel, que en realidad surgió de un club house exclusivo para jugadores -y que hoy se alía con Lan para hacer llegar personas a Iguazú-, tiene varias diferencias con respecto a sus pares.
Las habitaciones no cuentan con bebidas alcohólicas en los frigobar ya que hay servicio a la habitación las 24 horas, y prefieren enviar al huésped su cóctel o trago preferido al instante y no limitarlo a algunas variedades. La gastronomía debe ser variada y con muchas opciones: dado que los pasajeros quieren estar al máximo en el casino, no salen del hotel y desean encontrar allí todo lo que necesiten.

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Texas Hold'em

Ese tipo de lugares está pensado para que disfrute toda la familia -además de tener convocatoria extra por las Cataratas-. Así es que hay kid's club y un spa con peluquería, para que sobre todo las mujeres puedan contrarrestar los avatares de la humedad misionera.
Máquinas tragamonedas y ruleta con apuestas sólo en dólares son dos de las atracciones del casino Iguazú, pero la que más ha ganado adeptos en el último tiempo, y que se ha buscado incentivar, es la del póker en el estilo Texas Hold'em, muy conocido en Estados Unidos y Europa, que se ha convertido en un pasatiempo al que muchas personas se han vueltos adeptos a jugarlo por internet.
«Recién ahora se está comenzando a tomar en serio este juego, al que algunos quieren convertir en deporte», afirma Luis Ramírez, gerente de casinos del hotel, para quien esa afición capta la atención por tener otra relación con lo lúdico («en la ruleta siempre se tiene una oportunidad de ganar»). Y debido a esa «seriedad» que se le está brindando es que una vez al año se organiza en el Iguazú el TLPE (Torneo Latinoamericano de Póker por Equipos), que reparte un millón y medio de dólares en premios, convirtiéndose en el juego que más paga en la Argentina (el ganador se lleva alrededor de 313 mil dólares).
Hay una dinámica para participar en los torneos: el dinero se deposita antes y hay jugadores que hasta cuentan con representantes. El público que concurre habitualmente a las salas es variado. Llega de Buenos Aires, Montevideo, Curitiba o San Pablo, de otras ciudades de la Argentina, de Uruguay y de Brasil.

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