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15 de marzo 2007 - 00:00

La Rioja: el Señor de la Peña espera a sus visitas

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Emblema riojano. Así se lo considera al Parque Nacional Talampaya, un Patrimonio Natural de la Humanidad que junto con Sierra de las Quijadas, en San Luis, y el Valle de la Luna, en San Juan, conforman, por su cercanía, una «ruta de los dinosaurios».
Acalladas las últimas vidalas de carnaval, La Rioja se prepara para recibir al turismo que, aprovechando las minivacaciones de Semana Santa, visitará la provincia para pasar unos días de descanso y relax descubriendo paisajes, costumbres y un rico patrimonio sociocultural, y experimentando la ya conocida hospitalidad riojana.
La Agencia Provincial de Turismo, con el apoyo de la Secretaría de Promoción Institucional y la participación de los municipios de toda la provincia, confían en que este año se superará la afluencia turística registrada en años anteriores, acorde con las campañas promocionales realizadas en los principales centros emisores de nuestro país y del extranjero.
Si el visitante llega a la Capital, podrá disponer de múltiples servicios: hotelería de primera categoría y a la vez para todos los bolsillos. Lo mismo sucede con la gastronomía, donde predomina la cocina típica tradicional de Semana Santa y una variedad de propuestas de la cocina moderna.
Iglesias y museos están dispuestos para atender al turista durante toda la Semana Santa, con la presentación de actividades participativas y contemplativas, como por ejemplo la escenificación del Vía Crucis, procesiones y conciertos al aire libre.

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Emblema

Para iniciar este impactante viaje por suelo riojano, nada mejor que conocer el Parque Nacional Talampaya, Patrimonio Natural de la Humanidad. Es el sitio más emblemático de La Rioja, donde se puede disfrutar de visitas guiadas, acompañados por guías especializados que le brindarán información detallada sobre este maravilloso lugar. Aquí se destacan los rojos farallones que superan los 150 metros de altura, en donde es posible hacer una lectura de las transformaciones colosales que modificaron la corteza terrestre; experimentar el fenómeno del eco; conocer la flora y la fauna autóctonas; observar dibujos y símbolos realizados sobre piedra (petroglifos) por los antepasados que habitaron el lugar, y admirar las llamativas formaciones geológicas, fruto de la erosión natural.
Allí podrá alquilar bicicletas para un paseo más informal y al finalizar relajarse en las cómodas instalaciones del Centro de Servicios donde es posible compartir un café o un buen almuerzo, además de disponer de sanitarios diferenciados, duchas y facilidades para personas con distintas capacidades.
Con características semejantes se destaca el Parque Provincial El Chiflón, también ubicado sobre la ruta que conduce al Valle del Bermejo. Transitando por este camino se puede conocer el Departamento Felipe Varela y visitar el Angelito Milagroso, para continuar hacia Villa Castelli hasta arribar a Vinchina, puerta de ingreso a la magnífica cordillera riojana donde se destacan el lago Corona del Inca, la laguna Brava y el monte Pissis.

Historia

Hacia los llanos del sur provincial, la oferta destacada es la pintoresca Quebrada del Cóndor, lugar apto para la práctica de cabalgatas y turismo rural. Recorriendo Olta (un verdadero oasis) y las verdes quebradas de Chamical, llegamos hasta Malanzán, Chepes, Ulapes y Milagro, para sumergirnos en nuestras raíces históricas conociendo antiguas capillas de sencillo estilo colonial y las características de nuestros héroes que entregaron su vida por la causa federal.
Sin embargo, donde la naturaleza se desarrolla exuberante y se muestra en su máxima expresión es en Chilecito y Famatina: sus distritos son depositarios de capillas cuya simple arquitectura se integra al paisaje montañoso formando una unidad inseparable que seguramente conmoverá al visitante.
El imponente cerro Famatina (6.250 msnm) es el preferido para la práctica de montañismo; allí se inserta el Cablecarril Chilecito-La Mejicana (35 km), magnífica obra de ingeniería que data de principios del siglo XX. Hoy es Monumento Nacional y está complementado con el Museo de la Minería y el moderno albergue situado en el predio de la Estación Nº 2.
El notable desarrollo turístico de este departamento le permite ofrecer alojamiento de primera categoría, diseñado especialmente para disfrutar de la naturaleza. Se puede practicar turismo aventura, trekking, turismo cultural, además de visitar importantes bodegas que producen los reconocidos vinos riojanos que deleitan a paladares de todo el mundo.
En Famatina se venera el Cristo Articulado, una bella imagen de origen peruano que guarda la iglesia de San Pedro. Para admirar el paisaje, se puede visitar el Dique de Chañarmuyo. Hacia el norte se llega al Departamento San Blas de los Sauces que dispone de lugares aptos para el campamentismo, con pintorescas quebradas y apacibles manantiales de montaña. Las Ruinas de Hualco son un antiguo conglomerado urbano donde se desarrolló la vida de nuestros ancestros aborígenes que habitaron esta importante zona de la provincia. En la actualidad, se encuentra en plena recuperación.

Alternativa

Si de visitar pueblos pintorescos se trata, nada mejor que conocer la Costa Riojana. Es una cadena de pueblos de sonoros nombres que comprende el Departamento Castro Barros en su totalidad. Aquí se puede descubrir la historia en el Museo de Chuquis, adquirir exquisitos vinos caseros, alfajores, dulces y frutas secas. Llevarse un hermoso recuerdo, plasmado en tradicionales artesanías en cestería, tejidos y conectarse con la espiritualidad en las blancas capillas que cada pueblo costeño exhibe con orgullo.
No cabe duda de que el atractivo que acapara la atención en la Semana Santa riojana es el Señor de la Peña, ubicado en el Departamento Arauco. Esta inmensa roca cuyo perfil semeja un rostro humano es venerado por miles de peregrinos que concurren para «cumplir» una promesa, agradecer un milagro y fundamentalmente invocar la protección divina a través del Señor de la Peña, símbolo inconfundible de religiosidad espontánea nacida en el pueblo humilde, pero creyente y fiel a las tradiciones.
El desierto que circunda este magnífico atractivo, más la presencia de plantaciones de olivo de inequívoco símbolo bíblico, es la trascendente combinación, ideal para encontrar la paz en un ambiente que evoca a la más profunda espiritualidad.

Guillermo Gaytan

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