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Una consecuencia de la revolución «noventista» en los hábitos y costumbres del consumidor argentino es el aggiornamento en el estilo de vino demandado desde un estilo nacional clásico y podríamos decir propio, hacia un cada vez más acentuado new wine world style, que más allá de sus características generales de baja acidez, mucha fruta, niveles de alcohol por encima de los 15 grados-, lo que para un bodeguero francés es un pecado capital-, presencia acentuada de madera, colores intensos, etcétera, posee casi tantos matices diferentes entre sí, como cada una de las centenares de bodegas y marcas nuevas quiera darle. Si a esta megaexpansión de la oferta le sumamos el cambio de actitud del consumidor global, desde una posición estática o marquista, a un dinámico hábito de permanente inquietud por probar la mayor cantidad posible de etiquetas, el resultado no puede ser otro que el del aprendizaje per se de lo que cada cual prefiere, sustentado en la mejor de las escuelas, que es la experimentación propia y la conclusión de lo que se prefiere basado en el gusto personalísimo de cada uno. Parafraseando al enólogo más importante del siglo XX, Emile Peynaud, el mejor vino es el que a usted más le gusta. Ahora bien, cabe preguntarse con tamaña cantidad de marcas que en el caso argentino superan las 4.000, ¿cómo puede hacer la creciente cantidad de consumidores ávidos por probar novedades, para darse precisamente ese gusto, sin fundir su bolsillo, o vivir en un permanente estado de ebriedad, producida por las varias botellas que tiene que liquidar por ejemplo en un tasting evening? La respuesta, aunque es originaria del mercado inglés que sigue siendo el testigo mundial, nosotros la importamos de los «States», donde hace unos 20 años aproximadamente se empezó a redefinir el concepto del pub inglés, viendo así la luz el wine bar, como novedosa alternativa de oferta vínica dirigida precisamente a esas legiones de enófilos infieles que cambian día a día de etiqueta.
HAPPY HOUR Y TAPEO El «cóctel» -con perdón de los bartenders- prendió por estas pampas expandiéndose luego a las principales ciudades del interior, de la mano de sus principales ingredientes, que además de una gran variedad de oferta por copa -su ingrediente principal-, son: la sinergia que provoca el wine bar con el ya impuesto happy hour o after office, una gran variedad de estilos arquitectónicos y decorativos, acompañados a sus vez por un amplio espectro musical que va desde los clásicos romanticistas, hasta el blues y el jazz, pasando por la bossa nova, el chill out o el new age, en otros casos la sinergia con otra moda como es el tapeo -que ayuda a incrementar las cantidades de vinos a probar sin consecuencias serias para el deseado estado de sobriedad- conjunto que conforma un ambiente relajado y propicio para el intercambio social, y el llamado office break de los jueves o viernes, o que permite una alternativa diferente al restorán clásico en un fin de semana. Otro aspecto importante de este nueva modalidad de consumo es el de las permanentes degustaciones dirigidas que ayudan al neófito a aprender con mayor celeridad, los principios básicos de la degustación. Incluso en muchos casos se da una suerte de integración vertical entre wine bar y restó, lo que permite llevar a cabo diferentes experiencias de maridaje. Al respecto opina Antonio Gallo, dueño de la vinería Frappé: «Antes, la gente hablaba sólo de tintos y blancos, hoy, en cambio, habla de crianza en barrica, de la elaboración del vino, es un consumidor más informado, lee y conoce más sobre vinos». Por su parte Elías Dayan de Ligier, reflexiona que «el principal cambio es que el consumidor actual de vinos finos está dejando el marquismo de lado y le da mucha importancia a todas las novedades que le sugiera el vendedor». Javier Espina de Dionisio Wine Bar explica que «en el auge de los wine bars en los principales centros de consumo se advierte que la moda del vino tiene su lado positivo y su contracara negativa: positiva, porque permite que el vino esté instalado en la mente de los consumidores; y negativa porque, como toda moda, puede ser pasajera». Alejandro Audisio, socio de Terroir, tal vez la tasting vinoteca más sofisticada de Buenos Aires, nos comenta, que ellos al hacer degustaciones dirigidas en varios idiomas, tienen experiencias curiosas como el hecho de haber fidelizado a turistas, que después de probar diversos vinos top argentinos, se convirtieron en clientes permanentes a la distancia, para lo cual cuentan con un servicio door to door a América del Norte y Europa.
wine tastings Trasladándonos a Mendoza, donde el planeta parece girar alrededor del néctar dionisíaco, Matías Fraga de Azafrán, en referencia a la multitud de espacios de este tipo que existen en esa capital del vino considera que «pronto llegará un proceso de decantación en el que van a quedar sólo los que sean capaces de brindar mejores instalaciones y mejores productos, es decir, los más eficientes y estratégicos» Un caso paradigmático es el de Dave Garret, norteamericano devenido mendocino, quien junto con dos socios, estableció The wines of Argentina, glamoroso wine bar tipo casa reciclada, donde nos recibió en el antiguo patio coronado por un centenario parral, que además de las permanentes wine tastings de rigor, le da la posibilidad a los argentinos y extranjeros enamorados de Mendoza de comprar terrenos con viñedos privados mediante cincuenta parcelas que serán implantadas por viñedos en el Valle de Uco para la elaboración de vinos propios. A tal fin está prevista la construcción de una bodega que permitirá a los propietarios de las tierras elaborar, embotellar y etiquetar su propio vino. En una tercera etapa piensan construir un wine resort & spa de lujo. En resumen, la pasión por el vino, un nuevo consumidor más exigente y desestructurado, su demanda constante de cambio, de asesoramiento y novedad, y disfrutarlo en un lugar acorde a sus gustos, se convirtieron en los factores clave que sedujeron a muchos jóvenes empresarios -no siempre ligados al mundo vitivinícola- para que invirtieran en este rubro, que resulta ser un negocio atractivo, elegante, de moda y aparentemente prometedor en lo rentable.
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