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3 de junio 2005 - 00:00

Maravilla natural, paseo ineludible

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Las Cataratas del Iguazú convocan cada año a miles de turistas de todo el mundo. Se trata de una expresión de la naturaleza que atrapa por su fuerza, sonoridad y belleza. La agradable temperatura de Misiones es un condimento extra.

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Cuenta la leyenda que en el río Iguazú vivía una enorme serpiente cuyo nombre era Mboy. Los guaraníes debían una vez por año sacrificar a una doncella y entregársela.

En una oportunidad, llegó un joven cacique de nombre Tarobá. Y conoció a una Naipí, una muchacha que ese año estaba consagrada al sacrificio. Tarobá se rebeló contra los ancianos de la tribu y en vano intentó convencerlos de que no sacrificaran a su amada. Para salvarla sólo pensó en raptarla y, la noche anterior al sacrificio, cargó a Naipí en su canoa e intentó escapar.

Según el relato, Mboy se enteró del plan y su furia fue tal que partió el curso del río formando las Cataratas, atrapando a Tarobá y a Naipí. Al cacique lo transformó en los árboles que hoy se pueden ver en la parte superior y la cabellera de Naipí, en la caída de agua.

El PARQUE

El área del Parque Nacional Iguazú y la reserva tienen en la actualidad 67.620 héctareas. En 1984 fue declarado Ptrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.
Desde su creación, el Parque fue creciendo y ahora ofrece a sus visitantes diversas formas de disfrutar el contacto directo con la naturaleza.
El paseo por las Cataratas comienza con el Tren Ecológico de la Selva, que fue diseñado exclusivamente para el Parque y es propulsado por gas comprimido. Tiene capacidad para 140 personas y lleva hasta los circuitos inferior y superior y la Garganta del Diablo. Para los amantes del trekking, existen dos senderos: el Verde y el Macuco, que ofrecen a los turistas la posibilidad de contactarse directamente con la selva misionera mediante el avistamiento de aves.

El circuito inferior, con un trazado de 1.700 metros, cuenta con pasarelas totalmente renovadas y ocho miradores que permiten el contacto pleno con los saltos y la vegetación.
Mediante otro circuito se recorre el área superior de los saltos. Cuenta con seis miradores y lugares de descanso. Para llegar a la Garganta del Diablo, se deben caminar 1.100 metros de pasarelas desde la estación del tren.
Con sus 80 metros de caída, la vista del mayor salto de agua de las Cataratas es tan impresionante como única. Desde la isla San Martín se pueden avistar otros saltos de gran belleza. Cinco veces al mes se realizan los paseos bajo la luna llena.

Para comprender mejor la composición de la flora y fauna del Parque, se puede visitar el Centro de Interpretación de la Naturaleza.
El Parque cuenta además con un anfiteatro con capacidad para 600 personas y una Plaza Institucional.
El área comercial cuenta con todos los servicios para el turista: restorán, locales de comidas rápidas, teléfonos, laboratorio fotográfico y lugares para adquirir souvenirs al término de un inolvidable paseo.




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