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21 de diciembre 2007 - 00:00

Para muchos fue la tarde de los sombreros

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El Gran Premio Carlos Pellegrini ha buscado cada vez más competirle al del Royal Ascot. Se destacaron por sus atuendos María Telesemian, Connie Piuma, Laura Noetinger (diseñadora de los sombreros), Mariel Quintana, Gabriela Flores Pirán de Neuss y Lili Basso
Escribe Sara María Louzan

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Largaron! Con esa frase tan cargada de adrenalina para los que frecuentan los hipódromos, comenzó el Carlos Pellegrini. Pero el clásico no es una carrera más: es el gran evento de cada año. Los 2.400 metros de la carrera fueron de gran emoción para los aficionados al turf y para los que no lo son. El presidente del Jockey Club, Bruno Quintana, tuvo un día distinto. A los más de 60 mil aficionados que vieron la carrera desde las tribunas se sumó una legión de invitados vip que disfrutaron de almuerzo y desfile de modelos en una carpa especial. La emoción de Quintana se prolongó porque tuvo que despedir al jockey Jorge «Valdi» Valdivieso, que a los 50 años se retiraba de las carreras. El segundo puesto en el Pellegrini y dos carreras ganadas ese día fueron el último toque de calidad que dejó el mejor jockey argentino, el único que supo competir con calidad a la fama de Leguisamo. El Gran Premio Carlos Pellegrini también tuvo la impronta del boom turístico; esta vez fue más internacional. Los distintos idiomas que se escuchaban daban fe.

UN DIA DE GLAMOUR 

Cuando se va al Pellegrini en San Isidro hay que estar preparado para un glamoroso día, no sólo en lo deportivo, sino también en lo social. La elegancia es obligada en el mundo vip que alberga la carpa. La fiesta hípica da un destacado lugar a la moda, en particular por los increíbles sombreros que son casi obligatorios. Hasta hay una competencia para premiar al mejor.
Las damas con sombreros remiten a los que usan las damas en la carrera de caballos más tradicional de Inglaterra. La reina Ana, fundadora del hipódromo de Ascot, descubrió el lugar en un bosque cercano al palacio de Windsor, en 1711, mientras paseaba con su carruaje. Imaginó en ese claro un lugar para carreras de caballos, su pasión.
Usando la imaginación, sólo faltaron los carruajes y la realeza, beber un Pimms, bocados de fresas con crema, típicos de esa carrera inglesa, para que el Carlos Pellegrini fuera el Ascot sudamericano. Hubo bocaditos y drinks -antes del almuerzo, que comenzó a las 3 de la tarde-en la muy bien ambientada carpa, que remontaron al even-to británico.
Laura Noetinger fue la encargada de confeccionar los sombreros de la mayoría de las elegantes damas presentes. Estudió en el Kensington and Chelsea College, con los mejores maestros de la sombrerería inglesa. Trabajó con Bruce Oldfield y Catherine Walker (diseñadores de Lady Di) y expuso un sombrero en el Victoria and Albert Museum, el museo de arte decorativo más importante del mundo.
Laura Noetinger vivió el Royal Ascot, pero no tan feliz como en el Carlos Pellegrini, porque aquí todas acuden a ella. Allá son famosos los clásicos Philip Treacy, Stephen Jones y Louis Mariette y para la generación joven hay dise-ñadores exclusivos y audaces, como Cozmo Jenks (high society), Edwina Ibbotson y Noel Stewart, entre otros.
El sombrero es parte indisoluble de Ascot por la tradición: hay que cubrirse la cabeza para poder hacer apuestas bajo el cielo inglés. De ahí partió la tradición ya no tan estricta: permiten algunas variedades de «milliners» como se los conoce en England, o Pamela en español, que son creaciones de gran gala.
El sábado en el Carlos Pellegrini los premios fueron para Gabriela Flores Pirán de Neuss y Vicky Gamboa, directiva de Fundaleu. Ambos, diseños de Laura Noetinger, por supuesto. También creó el sombrero de la elegante Teresa Calandra, conductora del evento y del desfile de Benito Fernández, de Machi Anzoátegui y Connie Piuma, entre otras.
En Ascot, aunque se aceptan los pantalones, la mayoría de las mujeres no abandona el vestido o el traje-pollera. Los hombres van de jacquet y galera, aunque podrían hacerlo de saco y corbata. La tradición es más fuerte. Hay un picnic en el estacionamiento, donde cada auto lleva lo suyo. Los más tops van con su buttler (mayordomo) de guante blanco para que los sirva.
San Isidro, sin copiar a Ascot, tiene otros lugares con elegancia afuera de la carpa. En el vip del edificio, que tiene la mejor vista del hipódromo, el traje y los sombreros estuvieron presentes. Vimos la carrera final desde el comisariato junto al flamante gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli, su mujer Karina Rabolini, el intendente de San Isidro Gustavo Posse, y el anfitrión Bruno Quintana, entre otros.

IRREFRENABLES FESTEJOS

Luego de un breve relax, esperando a los jockeys que estaban festejando, se hizo la entrega de premios a los ganadores del Pellegrini: el jockey uruguayo Julio César Méndez, que montó a Latency; detrás se colocó el caballo conducido por Jorge Valdivieso. La canción que hizo famosa Fredy Mercury, «We are the champions», que fue entonada por un enorme coro, fue considerada un toque emotivo para el triunfador. Nada de lo que ocurrió el sábado pasado en San Isidro fue disonante, se lo vio bien planeado.
Después llegó el homenaje a «Valdi», que se retiraba tras 33 años de actividad. Lo escoltaron cuatro colegas que le dieron un toque cinematográfico a la ceremonia. Cinco hombres que pesan poco más de 50 kilos, con sus chaquetas brillantes y coloridas, se destacaban entre tanto traje y corbata en un pesado día de calor de fines de la primavera.
Entre los asistentes se vio a Cristiano Rattazzi y Alicia Fernández, el escribano Alvarez Fourcade, Germán Neuss, Carlos Miguens, Jorge Pereyra de Olazábal, Ignacio de Mendiguren, Ignacio Gutiérrez Zaldívar, Martín Uriburu, Gonzalo Bergada, Enrique Martínez de Hoz, Teresa Garbesi, Teresa Solá, María Telesemian, Mariel Quintana, Enrique Llamas de Madariaga y Denise, la senadora María Laura Leguizamón. Pero los vip no se agotaban en la carpa, en los otros pasillos circu-laban antes de la gran carrera Luis Sessa, Alejandro Rainieri, Mora Furtado, Marcela Tinayre, Richard Willmott (h) y señora.
Los últimos se fueron casi a las 9 de la noche, cerrando un día que buscó ser de distinción. El Carlos Pellegrini es una tradición que trae a la memoria otros tiempos, donde ser elegante era parte de la vida cotidiana.
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UNA SEÑAL DE BUENOS DESEOS

En el tercer piso de su exclusivo local de avenida Alvear al 1600, Ermenegildo Zegna realizó un cóctel para informar que donará un porcentaje de sus ventas a la Fundación Make-a-Wish, en las compras que se realicen hasta el dia de Nochebuena. En el exclusivo evento hubo palabras de buenos deseos de la Sra. Karina Rabolini, para la Fundación Make-a-Wish presidida por Mónica Parisier. Fue centro un lindísimo árbol para juntar deseos de los presentes. Cada invitado colgó una tarjeta con moño azul, con su «deseo para estas fiestas, el año que comienza y la vida que sigue». Claudio Rígoli hizo la
presentación e invitó al escenario a la PR y encargada de marketing, Anabella Weber, para el anuncio del hecho solidario.

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