Aunque Marisú asegura que hay palabras que tiene que «pensarlas» para decirlas en español, hay otras que demuestran que aún tiene su argentinidad a flor de piel, cuando habla de sus «gurisas».
Los franceses son muy estructurados. Yo no sé qué voy a hacer mañana y pretenden que sepa qué voy a hacer en los próximos dos meses. Prefiero lo imprevisto.» Esa es la palabra que más se ciñe a la vida de Marisú Robin, «cartonniste» por elección (aunque en realidad afirma que lo que ella hace se le puede llamar de cualquier manera porque no tiene una palabra definida). Precisamente lo que hace es diseñar muebles y accesorios para la casa pero en un material nada convencional: el cartón. Marisú, paranaense de nacimiento, llegó a París de la mano de su marido, quien, por su trabajo, fue trasladado de la Argentina a Francia. Esto ocurrió hace más de dos décadas, tiempo suficiente para que esta diseñadora pudiese conocer a sus nuevos vecinos como para decir que, en cuestión de diseño, «los argentinos no tienen nada que envidiarle a nadie».
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DE BUENOS AIRES A PARIS
«Cuando recién llegué me gustaba todo. Todos los rincones de la ciudad representan a la historia. En todos lados se come muy bien y uno jamás se va a aburrir de la cantidad de lugares que tiene para conocer a nivel gastronómico. Uno puede dar la vuelta al mundo recorriendo los restoranes parisinos. Otra de las cosas que me volvían loca al principio eran los perfumes, hasta que encontré el mío.» Al principio Marisú también tuvo que buscar alguna actividad. En la Argentina ella era fonoaudióloga, carrera que eligió porque arquitectura le parecía demasiado extensa, pero que nunca la apasionó. Y en Francia le era difícil desempeñarse con esa profesión, porque tenía que conocer el idioma a la perfección (en esas idas y vueltas de la vida, ahora tiene miedo de equivocarse al hablar en castellano y numerosas veces espera que le digan que sus palabras están bien para continuar). Entonces fue adentrándose en el mundo del arte y realizó numerosos cursos relacionados hasta que conoció a la persona que creó el concepto con el que ella trabaja el cartón. Desde ese momento comenzó a especializarse para convertirse en una «artesana del arte», como los llaman los parisinos y dedicarse a lo que más le gustaba, buscar cosas y reformarlas. Pero también se dedica a hacer esculturas y otras cosas, por eso es que ingresó en la Casa de la Cultura. Y cuando habla de esa forma de trabajar el cartón, Marisú comenta que «siempre se le ocurren modelos, pero hace lo que el cartón le inspira. Una vez que está terminada toda la estructura, la cubro con cartón y con papeles vegetales nepaleses. Después con un líquido similar al plastificador de parquet le doy el toque final. A veces no me salen las cosas como yo quería y a veces queda más lindo de lo que uno imaginaba».
No todo es igual
«En la Argentina todos los artesanos están al mismo nivel, en Europa no. Hay una diferencia. No es lo mismo la persona que trabaja los materiales a un nivel artístico y el que hace souvenirs para turistas», afirma Marisú. Ella con sus diseños quería llegar a todo el mundo, por eso es que desde hace tiempo participa en exposiciones. Pero su sueño era regresar a la Argentina pero no ya para hacer turismo y visitar familiares, como hizo hace un tiempo con sus cuatro hijas, sino para traer sus obras. Un día decidió poner en un buscador de Internet las palabras mágicas: concurso, diseño y Argentina. Y allí fue que salió la búsqueda de obras que se estaban haciendo para Remade en Argentina, una muestra precisamente de muebles realizados sobre la base del reciclado y el reuso, que se presentó en el marco de Design Connection by cienporciento Diseño en el Buenos Aires Design, y cuyos ganadores irán a Remade en Italy (cabe destacar que Marisú resultó elegida y viajará con sus trabajos a Milán). Además de exhibir sus obras, como los sillones de cartón y los muebles para guardar compact disc, Marisú podrá hacer otra de las actividades que tanto le gustan, ésa que hace en los pocos tiempos que le quedan libres porque además da clases: viajar. «Estando allá es mucho más fácil, porque lo más difícil es 'cruzar el charco'», asegura, quien tuvo la suerte de recorrer Londres y Roma y caminar por Suiza, entre otros lugares, intentando apagar esa «curiosidad» que ella misma dice que la caracteriza.
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