Formosa esconde incontables paisajes que los visitantes podrán descubrir en cada rincón. La naturaleza se ocupa de sorprenderlos. El surubí y la corvina son los protagonistas de la pesca. Las zonas vírgenes habilitan las incursiones de caza.
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La laguna Herradura acoge a decenas de lanchas y botes para turistas, ávidos del surubí y la corvina. Hay tours de dos y tres jornadas, con alojamiento y comida típica a base a pescado, empanadas o «chupines». El río Paraguay tiene cardúmenes de surubíes, pacúes y corvinas. El destino ideal para los amantes de la fotografía y los paseos en lancha y a caballo es la reserva de biosfera de Laguna Oca, de 11.000 hectáreas. Su atractivo radica en la combinación del encanto de la naturaleza junto a las comodidades que el turista necesita para que su visita sea inmejorable.
Experiencia de campo
El turismo rural en las estancias formoseñas está en auge. Tal es el caso de La Victoria, en las cercanías de Comandante Fontana. La familia Buryaile, propietaria de la estancia, abrió el casco para que los visitantes disfruten de las maravillas de la vida rural.
La jornada se inicia a las cinco de la mañana con un mate amargo bajo un árbol, en las galerías de la casa. Los turistas se integran a la «peonada» y comparten sus actividades domésticas, como cocinar platos que todos comerán en una misma mesa. Otros optan por salir a cazar y, ya de regreso, disfrutar de lo capturado. Están los que tienen predilección por los guisados con carne de patos, charata, cotorra y chancho moro, cocinados en grandes ollas de hierro. También es posible degustar la afamada «torta» a la parrilla o «tortilla» con chicharrón frita. A ello se suma el disfrute del agua fresca del aljibe o de los cántaros ubicados en las habitaciones.
Los turistas se entusiasman y suelen lanzarse a actividades impensadas como enlazar animales o protagonizar las «yerras», que siempre terminan con un asado a la estaca con ensalada de huevos de toro. Para la digestión disfrutan de licores de mandarina y de hierbas lugareñas; y algunos de los budines caseros y dulces de mamón y leche. Por la noche, el clima se enciende en torno de los fogones, donde no faltan los cantores y los conjuntos de baile y música.
Homenaje a su riqueza natural
En este mes de junio, en la localidad de Laguna Blanca -a 190 kilómetros de la ciudad capital- se realiza la tradicional «Fiesta del Pomelo». Allí se reúnen productores de frutos de la zona, como la banana y los dulcísimos pomelos, que da el nombre a la celebración que ya lleva 24 ediciones. Se trata de una gran muestra agroindustrial, comercial, artesanal y gastronómica.
En ese marco también se difunde el valor artístico del hombre formoseño, las virtudes de sus bailarines, las producciones plásticas y la coronación de sus hermosas mujeres. El broche de oro es un impresionante desfile de carrozas alegóricas a los cultivos de la región. Vale la pena conocer, a pocos kilómetros, el Parque Nacional Pilcomayo y la reserva natural Paí Curuzú, donde se conjugan una riquísima flora y fauna.
Formosa guardó durante mucho tiempo sus paisajes para sí, pero ahora quiere compartirlos con quienes buscan experiencias únicas. Es una provincia joven, esbelta, dulce e indómita.
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