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17 de abril 2008 - 00:00

Un corredor turístico con estampa argentina

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El corredor turístico Bio Comechingones guarda en su existencia el objetivo de dar forma a la primera reserva natural habitada del país, una figura casi desconocida en la Argentina, pero con gran desarrollo en otros países. El proyecto busca recuperar, proteger y conservar el patrimonio natural y cultural, local y regional, de un circuito imperdible para el turismo, que seduce por su majestuosidad y belleza paisajística.
El corredor, que cuenta con el apoyo y asesoramiento de la Administración de Parques Nacionales, la Federación de Parques Naturales de Francia y del gobierno de la provincia de San Luis, integra las localidades de Villa de Merlo, Carpintería, Los Molles, Cortaderas, Villa Larca, Papagayos y Villa del Carmen. Son 90 kilómetros de longitud, entre 20 y 25 metros de ancho, y su eje principal está sobre la Ruta Provincial Número 1, en el límite con Córdoba.

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Naturaleza y turismo

Ante el boom turístico que la Argentina viene experimentando en los últimos años, en algunas regiones del país comenzaron a plantearse en qué medida el presente aluvión de visitantes podía generar efectos negativos, como contaminación ambiental, deterioro de la fauna y la flora, e incluso un cambio de hábitos en las culturas, en algunos casos. Para seguir siendo un destino receptor masivo, pero sabiendo que sus recursos naturales y culturales
no sufrirán daño alguno, San Luis pensó en el corredor Bio Comechingones.
La Administración de Parques Nacionales prestó la asistencia técnico-científica a este emprendimiento, que prohíbe la instalación de hipermercados y shopping en la región. Además, no permite erigir edificios altos, y debe respetarse el estilo de construcción que representa la identidad cultural de la zona.

Villa de Merlo

Reconocida internacionalmente, Villa de Merlo se podría decir que surge como el punto clave del corredor, por su amplia oferta de servicios y actividades. Merlo protege en su relieve montañoso pequeños bosques y arroyos cristalinos donde la flora y la avifauna, propia de la zona, se convierten en atractivos que invitan al avistaje y el safari fotográfico. Parte significante del valle del Conlara, la ciudad presenta este tipo de perspectivas incluso desde las zonas más altas de su casco urbano, las cuales permiten visualizar majestuosos horizontes.
Vale la pena conocer los talleres de artesanos de arcilla, los museos y un algarrobo de 800 años. Otros imperdibles son Villa Larca y chorro San Ignacio, la mina Los Cóndores y el Mirador del Sol. En cuanto a la gastronomía, el chivito ocupa un lugar en lo más alto del podio. El alojamiento se compone por más de 50 hoteles, hay decenas de casas para alquilar y campings para los más gasoleros.
El arroyo Piedras Blancas es otro de los sitios recomendados. Conserva en su territorio la casa donde creció la esposa de Leopoldo Lugones y recuerdos de las temporadas que el poeta pasó en la zona. Si de conocer se trata, Rincón del Este propone un paseo distinto, en una zona residencial recostada sobre las márgenes del arroyo homónimo. Las casas están construidas entre cerros, quebradas y abundante vegetación.
El arroyo presenta numerosas cascadas y un embalse, destacándose el salto del Tabaquillo, con sus 15 metros de altura. Desde este sitio, se puede acceder por camino pavimentado al Mirador del Sol, desde el cual se obtiene una magnífica vista del valle de Conlara.

La capital del vuelo

A esta propuesta se suman otras pintorescas localidades como Carpintería y Cortaderas. La primera, pequeña, pero de una belleza llamativa, es considerada la Capital del Vuelo Libre. Bien se lo podría definir como un destino apacible y aventurero.
Una rampa natural para el lanzamiento de parapente domina la cartelera turística. Si bien la principal actividad es el paracaidismo (en sus diversas modalidades), todas las disciplinas relacionadas con el riesgo deportivo sobre el fundamento de la montaña tienen aquí su importancia.
Otros imponderables son las travesías hacia el magnífico cerro Blanco. Se accede a él por la cuesta de Carpintería, antiguo camino utilizado por los lugareños para transportar sobre mulas el wolframio recolectado en las altas minas.
Llegar a la cumbre del cerro Blanco conlleva alrededor de tres horas y media de cabalgata, hallando finalmente su justificación en la cautivante vista panorámica del valle de Conlara.

ReflexiOn y serenidad

El Monasterio de Belén yace emplazado camino a la antigua villa Cerro de Oro, hacia el Sur, en el paraje Rodeo de Los Cocos. Está conformado por dos casas diferenciadas entre sí. La Casa de Arriba está reservada a la oración en soledad; la Casa de Abajo está constituida por un espacio de estricta clausura; el atrio de hospitalidad en el desierto congrega a los visitantes que desean participar de la vida solitaria y litúrgica del monasterio; y el atrio externo situado a cierta distancia aloja aquellos huéspedes que no desean permanecer en silencio y soledad.
Un interesante atractivo del monasterio lo constituye el sector de artesanías talladas delicadamente en marfilina y dolomita por las propias monjas. También se exhiben exquisitas piezas provenientes de la sede francesa de su congregación.
Se destacan, en esta morada de monjas de clausura dedicadas a la oración y la pintura de íconos religiosos, los prolijos y deslumbrantes jardines de plantas nativas de la región que reciben a la entrada.
La excursión a la población de Los Molles es también una buena excusa para seguir disfrutando del corredor. Se trata de una pequeña y encantadora localidad situada en cercanía a Carpintería; Los Molles atrae al turismo con sus variados atractivos naturales y servicios.
La comarca Cortaderas-Villa Elena se sitúa en el nordeste de la provincia. El pueblo se halla dividido en dos partes por la Ruta Provincial Nº 1, quedando del lado este Villa Elena, La Cañada, y San Miguel; y del oeste, Balcarce y Cortaderas.
Lo mejor de Cortaderas: su bosque de molles y transparentes arroyos. Villa Elena tiene un perfil serrano rocoso y abrupto, y está sumida en la más profunda tranquilidad. Recomendado: un paseo en sulky por las calles de Balcarce, conociendo a los lugareños y vivenciando sus costumbres. Otra opción de similar satisfacción: visitar las granjas inmiscuyéndose en sus labores, su tradición y su historia.

Un mundo de palmeras

Silvestre y matizado de verdes diversos, Papagayos se extiende en el nordeste de San Luis. Sereno y atractivo, este pueblo invita al contacto directo con la naturaleza y al encuentro con la cultura en los puestos de artesanías. Muy cerca del centro poblado de Papagayos, se descubre la quebrada del arroyo homónimo, cuyas laderas se exhiben intensamente pobladas de molles, helechos y jaguares, en permanente contraste con las rosadas rocas graníticas.
El cerro Negro, el cerro Papagayos y la pintoresca Reserva de Palmeras Caranday declarada Parque Provincial conforman gran parte de la estructura turística de Papagayos. Pero si hay algún aspecto sumamente destacable, es sin duda la artesanía en fibra de palmera nacida de las manos de los artesanos locales.
Papagayos tiene en su territorio un museo dedicado a la cultura aborigen, donde exhibiciones de piezas relativas a la cultura comechingón retrotraen al pasado. El Museo Cerro Negro constituye un lugar de visita obligada para aquellos apasionados por la multiplicidad cultural y el conocimiento histórico.

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