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8 de diciembre 2006 - 00:00

Una isla de artistas, poetas y archiduques

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La famosa cartuja donde el compositor polaco vivió con la escritora George Sand en 1838/39.
Escribe César Justel de El Mundo

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En Valldemossa nació santa Catalina Tomás, cuya vida se contempla en mosaicos incrustados en las paredes de las casas. Entre higueras, naranjos y almendros sobresale el tejadillo verde de la torre de la Cartuja, levantada en el siglo XIV, aunque casi todo el conjunto es del XVIII y principios del XIX.
«El cielo es de turquesa; el mar, azul; las montañas, de esmeralda y el aire es justamente como el azul del cielo.» Así describía Federico Chopin su estancia en Valldemossa. Sus amores con George Sand -pseudónimo de la escritora Aurore Dupin que pasó aquí el invierno de 1838 vistiendo con ropa de hombre- hicieron internacionalmente conocida esta cartuja donde, en la celda número cuatro, se conservan los pianos del músico, la máscara mortuoria y una serie de retratos.

RECUERDO
Por su claustro y corredores aún flota el recuerdo de otros que vinieron aquí en busca de paz y belleza: Rubén Darío, Unamuno, Azorín, Santiago Rusiñol... aunque el que más fama ha dado a Valldemossa ha sido el actor Michael Douglas que reside cerca de ella. En sus inmediaciones, olivos centenarios cuyas retorcidas ramas inspiraron a Gutave Doré sus dibujos para ilustrar el infierno de «La Divina Comedia». A 10 kilómetros queda Deià, caserío desperdigado en la montaña. Las más bellas vistas son desde el camposanto, donde pasa inadvertida una lápida con una simple inscripción semiborrada por la lluvia y el tiempo: «Robert Graves, poeta». Durante más de cincuenta años, el autor de «Yo, Claudio», contribuyó a que Deià se conservase como el conjunto rural más bello de la isla y fuese respetada por el turismo.
Años antes, el archiduque Luis Salvador (murió en 1915) hizo de esta parte de la costa un parque natural mandando levantar los palacios, con cuidados jardines: Son Moragues y Son Marroig, donde vino a visitarle su prima Sissi, la emperatriz de Austria. El archiduque dejó escrito en su testamento que «la maldición del cielo caiga sobre quien no cumpliere mi última voluntad». Y curiosamente por dos veces (en 1975 y en 1985) los rayos cayeron en su finca: uno destruyó la torre al borde del mar y el otro, un famoso templete de mármol de carrara.
Se dice que Deià es punto esotérico y Robert Graves
-que fuera autor de los estudios sobre «La diosa blanca», «Los mitos griegos» y «Los mitos hebreos»- también lo creía así. Desde Son Marroig se contemplan bellas puestas de sol y abajo queda Sa Foradada, roca que penetra en el mar, y que debe su nombre al agujero (forat) que la erosión ha practicado en ella.

GUIA
Cómo llegar: los pueblos de la costa norte de Mallorca se emplazan a 28 kilómetros de Palma, entre el mar Mediterráneo y la Sierra de Tramuntana. De Valldemossa a Deià, la carretera bordea la costa entre olivos y caseríos siendo seguramente el paisaje más bello de la isla.
Dónde dormir: La Residencia, un hotel rural considerado como de los mejores de Europa. Hotel Es Molí, casona señorial con cala y jardines privados. Vistamar de Valldemossa, finca mallorquina del siglo XVIII.

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