Brasil y Francia relanzan su relación bilateral luego de que esta se viera dañada por las rispideces en torno al acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE), pero bajo la idea firmemente pronunciada por el presidente francés Emmanuel Macron de que es necesario comenzar a trabajar en un nuevo tratado de libre comercio (TLC) entre los bloques.
Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea: radiografía de un letargo
El presidente francés Emmanuel Macron llamó a la elaboración de un nuevo convenio, mientras las negociaciones de 25 años parecen quedar a la deriva.
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Emmanuel Macron, Angela Merkel, Jair Bolsonaro, Mauricio Macri y Jean Claude Juncker el día que anunciaron el acuerdo ente el Mercosur y la UE en 2019.
“El asunto de la biodiversidad y del clima” será clave en el “nuevo” acuerdo que pretende Macron, y que le propuso a su par Luiz Inácio Lula da Silva en medio de su visita a Brasil. Sin embargo, no hay que olvidar que, por un lado, el capítulo que contiene estas cuestiones son las que más problemas ha traído a la negociación que lleva 25 años; y que, por el otro, los agricultores franceses se oponen firmemente a la firma de un tratado arancelario que aumente la importación de productos agropecuarios y el mercado europeo no pueda competir.
En este contexto, incluso las conversaciones sobre un nuevo acuerdo parecen complejas, aunque permiten dar nuevos aires a una negociación que comenzó en 1999, cuando el bloque europeo y Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, del lado sudamericano, empezaron la búsqueda conjunta por la eliminación la mayoría de aranceles aduaneros entre dos zonas con más de 700 millones de consumidores. Desde el norte, la UE exportaría autos, maquinaria y productos farmacéuticos, entre otros; mientras que desde el sur partirían carne, azúcar, arroz, miel y soja, entre otros.
La crónica de una negociación desgastada
Tras 20 años de negociaciones, en 2019 se alcanzó un acuerdo político que, ahora —y tras haber estado muy cerca de lograr la firma final a finales del año pasado— la oposición entre los 27 países de la UE, liderada por Francia, bloquea su adopción definitiva.
Alemania, potencia industrial automotriz, y España son favorables a la firma del acuerdo, que abriría a las empresas europeas nuevos mercados de unos 270 millones de consumidores. Sin embargo, naciones europeas donde el sector agrícola tiene un peso real o cultural importante, como Francia, Irlanda o Países Bajos, se oponen.
Más allá de su dimensión económica, "este proyecto de acuerdo tomó una dimensión geopolítica mucho más importante" que la que podía tener en 1999, observó Elvire Fabry, investigadora del instituto europeo Jacques Delors. "Brasil se acercó mucho a China, lo que condujo a una mayor alineación política entre ambos países", hasta la firma de un acuerdo en 2023 para permitir los intercambios comerciales en sus propias divisas, agregó.
Con ese acercamiento Brasil-China de fondo, y una transición climática que hace necesario el suministro en abundancia de determinadas materias primas, la UE tiene incentivos adicionales para estrechar su comercio con Sudamérica, una región rica en litio, cobre, hierro y cobalto. Sin embargo, y a pesar del llamado de los cancilleres del Mercosur a sellar el acuerdo comercial a la mayor “brevedad posible”, el acuerdo no parece ver la luz al final del túnel.
Los agricultores franceses, un obstáculo principal
En ese sentido, y a través de masivas protestas en las calles, los agricultores franceses se han presentado como un principal factor de presión sobre Macron que, ya de por sí, no estaba de acuerdo con el avance de las negociaciones con el Mercosur.
Los sectores agrícolas temen que, en caso de acuerdo, el mercado se vea inundado por carne procedente de potencias agrarias como Brasil y Argentina, sin respetar las normas sanitarias y de producción europeas. "Los ganaderos franceses no serán competitivos respecto a los ganaderos brasileños", señaló el economista Maxime Combes, opuesto a este tratado que, según él amenaza, con sustituir a los primeros por los segundos.
El acuerdo Mercosur-UE prevé cuotas de exportación de carne bovina a Europa de 99.000 toneladas de equivalente carcasa y la supresión de los aranceles de otras 60.000 toneladas de carne importada desde el bloque regional sudamericano. Este contingente está no obstante lejos de la producción de carne de vacuno sacrificada en Francia, que en 2022 ascendió a 1.361 millones de toneladas de equivalente carcasa, según datos del Instituto de la Ganadería francés.
Ante las protestas agrícolas que sacudieron Francia y otros países europeos en enero, Macron reiteró en las últimas semanas que su país no daría su visto bueno al acuerdo en su forma actual. Y, en Brasil, instó a la firma de uno nuevo: “Tal como se negocia actualmente es un acuerdo muy malo para ustedes y para nosotros”, aseguró.
Francia reclama que el acuerdo alcanzado en 2019 incluya garantías sobre el respeto del Acuerdo de París sobre clima y cláusulas espejo en las normas sanitarias y de producción para evitar una competencia desleal.
Las negociaciones siguen en pie
De todos modos, el vocero de la Comisión Europea indicó el lunes a la AFP que las negociaciones continúan.
A juicio de Fabry, el Ejecutivo comunitario busca "una base de negociación que permita ofrecer garantías a Francia", en un contexto de dudas sobre su modo de adopción. "Avanzar en este contexto sería catastrófico", comentó, por su parte a la AFP una fuente diplomática, en referencia a las protestas agrarias en Europa.
El exministro de Comercio brasileño Welber Barral, socio de la compañía BMJ, estima que "hay un problema de proteccionismo agrícola" y que "Francia no ayuda".
En tanto, desde países del Mercosur insisten en avanzar con el acuerdo. "Los problemas internos de cada país no deberían trasladarse de ninguna manera a los potenciales acuerdos" comerciales internacionales, dijo en febrero desde Roma la canciller argentina Diana Mondino, quien pidió que "no usemos estos tratados como un chivo expiatorio".




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