La presidenta de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), Carmen Porteiro, analizó la inminente aplicación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que comenzará a regir este viernes 1º de mayo, que tendrá un impacto en las exportaciones, pero también puede aportar beneficios en materia de inversión.
Carmen Porteiro: "Con el acuerdo Mercosur-UE listo, Uruguay debe definir sus diferenciales para captar inversiones"
La presidenta de la UEU puso el foco en el potencial del pacto comercial, analizó la estrategia de inserción internacional del gobierno y lanzó alertas sobre la competitividad y el clima de negocios.
-
El acuerdo Mercosur-UE entra en vigor a partir del 1 de mayo con la rebaja de aranceles en sectores clave
-
Uruguay proyecta capturar u$s 863 millones anuales como hub logístico tras el acuerdo Mercosur-UE
La presidenta de la Unión de Exportadores del Uruguay, Carmen Porteiro, se refirió a la importancia del acuerdo Mercosur-UE y puso la mira en la competitividad.
Porteiro recibió a Ámbito en el Club de Golf de Punta Carretas y analizó la negociación interna por las cuotas en el bloque regional, la adaptación de las empresas pensando en el mediano y largo plazo y el eventual efecto de los nuevos acuerdos que hay a la vista.
Una mejora de la competitividad, asociada al valor del dólar, pero también a la burocracia y costos internos, forman parte de la agenda del sector, que impulsa una mayor infraestructura, el cuidado de la reputación internacional tras el conflicto en el Puerto de Montevideo y una preocupación por cambios en el clima de negocios.
—Estamos a las puertas de la aplicación del acuerdo Mercosur-UE después de 25 años. ¿Cuáles van a ser los impactos en las exportaciones?
—Por más que sea un acuerdo largamente trabajado, ahora estamos acentuando el intercambio más directo con el sector privado para ver si hay un cabal entendimiento de las oportunidades que se abren para cada sector en específico. Quienes ya tienen negocios establecidos con la UE son los que van a tener el impacto más directo, porque ya tienen el lazo comercial y pueden ver cómo afecta sus rendimientos de inmediato o la profundización en cuanto al flujo comercial.
Ahora, hay sectores que tenían mucha relevancia en el mercado europeo, como la pesca, que después de la pérdida de las preferencias arancelarias perdieron pie en esos destinos. Entonces, ahí es retomar esos esos canales comerciales y ver si se puede volver a tener una presencia.
Y hay otros sectores en los que estamos empezando a trabajar. Algunos dirán: "Después de 25 años recién se ponen a trabajar". Pero entre todas las marchas y contramarchas, hay que dimensionar lo costoso que es para una empresa abrir un mercado y que después no pase nada. Es una inversión enorme de presencia, viajes y ferias. Hay que tomar dimensión de que en ciertos destinos no es solamente ir a presentar un producto, sino que hay que presentar a Uruguay. En muchos casos lo hace el país con sus agencias, por ejemplo, con Uruguay XXI. En otros, queda en la cancha del privado.
—¿Se puede entonces ver un efecto en el corto plazo?
—Hay una serie de sectores que se pueden ver beneficiados por el acuerdo, con lo cual tenemos expectativas de un incremento en el flujo de relacionamiento comercial en el corto plazo. Pero donde tenemos más puesta la mirada es en el mediano, pensando en desarrollar la inteligencia comercial y optimizar los recursos para mostrar los atributos que ese destino quiere o necesita. La Unión Europea es un mercado exigente, lo hemos visto con sus requerimientos medioambientales. Entonces, es un diferencial enorme para Uruguay que tenemos que explotar. Hay una inversión grande para hacer y, como contrapartida, entendemos que no va a dar frutos este año, sino en los venideros.
—¿El acuerdo puede ayudar también a captar inversiones?
—Hay una expectativa grande en que los efectos no queden en el flujo comercial, que es lo lógico en la primera etapa. A posteriori, lo que buscamos son inversiones. Pero todos estamos en lo mismo y no estamos solos en el mundo. Por eso tenemos que definir y mostrar lo que van a ser los diferenciales del Uruguay, como la seguridad de su marco jurídico y algunos diferenciales geopolíticos, para captar esas inversiones. Pero también están los temas de competitividad. Tenemos que hacer mucho énfasis en la matriz energética uruguaya, en el respeto por normas laborales y medioambientales. Tenemos mucho que acreditar y mucho por lo que sentirnos orgullosos. La contraparte va a poner en valor eso a la hora de invertir.
—¿Hay países objetivo por cuestiones de complementariedad económica o se mira a Europa como un todo?
—Con la UE hay oportunidades y sensibilidades de los dos lados. Algunos productos, como pudimos ver en las negociaciones, compiten con producción local. Visualizamos a la región como un conjunto. En algunos casos quizás se pueden abrir oportunidades que uno no tenga en el radar, pero porque un país determinado va a terminar siendo polo de distribución. No nos podemos cerrar a decir "nos vamos a enfocar en España, Italia, Francia" porque quizás la oportunidad está en otro país que va a terminar haciendo la distribución para los demás.
—¿Qué pasa a nivel interno con la negociación por las cuotas en el Mercosur? ¿Hay expectativa de poder resignar algunos productos para obtener mejores cuotas en los productos de mayor interés?
—Las cuotas nos desvelan. Es una parte muy importante del acuerdo porque están productos clave que ya tienen un canal abierto. En esta zona gris en la que quedamos ahora, que es el primero que llega es el primero servido, vamos a estar todos tratando de jugar la punta. Ahí claramente hay un trabajo de Cancillería que es arduo, que tiene el aval y los insumos del sector privado para poder poner el foco en aquellos productos que más pueden mover la aguja de las exportaciones del Uruguay.
Nuevos acuerdos en la mira y la estrategia uruguaya
—Hay varios acuerdos en la mira, como el EFTA, el Cptpp y RCEP. ¿Cómo ven el grado de avance y qué expectativas generan?
—El EFTA sería tremendamente complementario a la UE y son mercados acotados en cuanto a volumen, pero con un poder adquisitivo alto para colocar productos de nicho, de alto valor agregado. Los embajadores explicaron que hay que esperar por la ratificación de cada uno de los países y eso pueden llevar entre uno o dos años, pero está avanzado.
Con respecto al Cptpp, puede ser una puerta de ingreso muy significativa. Si bien con algunos países ya tenemos acuerdos, como Singapur, esto nos brinda un marco muchísimo más amplio de un porcentaje del PIB mundial enorme y a países de Asia Pacífico que tienen un nivel de desarrollo y de potencialidad muy grande. La ventaja en cuanto a su timing es que, como es una solicitud de adhesión, tenemos trabajo para hacer internamente para cumplir los requisitos de ingreso. No es un acuerdo en el que esté todo el Mercosur, por lo que quizás alguna barrera que pudiera estar del lado de los países que ya conforman el acuerdo, se pueden ver diluidos por ser Uruguay de un impacto tan bajo en el volumen de las exportaciones. Entonces, hay trabajo para hacer en casa y no perder la pisada para poder materializarlo.
En cuanto al RCEP, es muchísimo más reciente, viene de la última visita presidencial a China y es una posibilidad que está abierta. Desde el sector privado lo impulsamos porque tenemos que abrir las canchas del mundo. En algunos casos es simplemente para no perder pisada. Si tenemos mercados objetivo en los cuales otros países se están moviendo rápidamente y consiguen preferencias arancelarias, podemos perder un lugar ya conseguido. Tengamos bien claro que estos acuerdos no son solamente para explotar nuestra dinámica comercial, sino que van por lo que hubiera pasado si no los hubiéramos conseguido y hubiéramos perdido este lugar.
—A veces se habla de la importancia de India o el norte de África por ser complementarios, ¿cómo lo analizás?
—Son mercados importantes, sobre todo para determinados productos. Uno puede preguntarse si va a mover la aguja de la economía, pero tengo que mirar la aguja de las empresas individuales, porque en esos sectores hay cientos de fuentes de trabajo. Si lo miro desde lo macro, me puedo perder esa realidad. Lo mismo cuando hablamos de las exportaciones de servicios, el mercado estadounidense siempre va a ser fundamental y no puedo perder posicionamiento ni competitividad.
—¿Cómo evaluás la estrategia uruguaya en esta coyuntura global donde quizás Estados Unidos es un poco más agresivo en su política comercial y pone la mira en China?
—Uruguay tiene que ser visto como un país de muchas posibilidades comerciales, que por sus características tiene que ser abierto al mundo. Si querés mantener esa amplitud de criterios y de miradas, no podés elegir un lugar, tenés que ser el fiel de la balanza. En definitiva, el mundo necesita esas zonas confiables y neutras, de las que poder asirse.
Qué puede pasar con las exportaciones este año
—¿Qué proyecciones hay para las exportaciones en un año donde inciden factores como la sequía y la incertidumbre global?
—Si bien es un ejercicio que se hace, hablar de cualquier tipo de proyección raya casi lo irresponsable. Con los anuncios de las movidas arancelarias de Estados Unidos desde el año pasado, ocurre que hacés la proyección y un abanico de matices para darles rango, que te queda más amplio o más corto en función de esto. Lo hacemos porque de algún lado tenemos que proyectar la rentabilidad de nuestras inversiones, lo que necesitamos de stock, lo que vamos a producir y si tenés que hacer alguna ampliación de tu planta o plantilla. Cuando uno ve el número de las exportaciones en su conjunto, todos esos rangos de cada uno de los sectores se neutralizan o se amplifican.
—¿Qué otros factores se toman en cuenta?
—Por ejemplo, para la exportación de servicios, tenemos que tomar en consideración los anuncios que hubo de las grandes empresas de servicios globales que van a tener un impacto sin lugar a dudas. Tenemos que tomar en cuenta la competitividad para el sector turismo. También pensar en la sequía para las agroindustrias; en las fluctuaciones e inestabilidades logísticas que hacen que productos que salieron de Montevideo no hayan aún llegado a destino porque quedaron por el camino en este contexto de guerra. Eso te hace únicamente a las ventas. Sumémosles los factores que hacen al costo, como los combustibles o los fertilizantes. Y no estoy citando el tipo de cambio, que es una variable muy importante que te hace a la rentabilidad directa de las empresas.
Dólar y competitividad
—¿Cómo está impactando el valor del tipo de cambio?
—Lo vemos como una variable con dos efectos principales: En lo que hace a la competitividad en el exterior, el acople o el desacople de cómo se mueve el dólar en Uruguay y en el resto del mundo es clave para ver si mi producto llega más caro, igual o más barato que un producto del del competidor. Y también es un factor para ver cómo quedan los costos internamente y la rentabilidad de las compañías.
Veníamos con un desacople muy importante que se profundizó en los últimos meses de 2025 y primeros de 2026, hasta que se adelantó el Copom. Por más que después el tipo de cambio mejore o repunte, y en marzo tuvo un crecimiento en Uruguay mayor que en el resto del mundo, los efectos financieros de los dólares que tuviste que cambiar a pesos para pagar tus costos en moneda nacional ya sucedieron, se materializaron e impactó tu estado de resultados o tu cash flow.
Eso enciende luces amarillas sobre la posibilidad de las empresas, porque es una situación que viene de larga data y termina impactando en las decisiones de inversión de las compañías y afectando las capacidades de producción futura. Cuando uno produce bienes y va a ampliar una planta, uno lo piensa y no lo materializa de inmediato, lleva su tiempo. Si estás monitoreando cómo evolucionan las variables para tomar tu decisión y vas viendo lo que sucede con el tipo de cambio, con una inflación baja y costos salariales que no se acoplan; que no tenés la posibilidad de trasladar a precios tus costos incrementales porque quizás sos tomador de precios; que tenés un impuesto al patrimonio que no está mirando la rentabilidad, sino tus activos fijos. Entonces, te empezás a cuestionar y es lo que nosotros recibimos.
—¿En qué se está mejorando en materia de competitividad y qué sintonía hay con el gobierno?
—Hay muy buen nivel de comunicación con el gobierno, con avances y una agenda para seguir. Las cámaras empresariales y el ministro de Economía (Gabriel Oddone) nos reunimos apenas asumió este gobierno para hablar de medidas en materia de desregulación, desburocratización, reducción de determinadas tasas y eliminación de otras. Se dio la reducción de la tasa LATU, que terminó aprobándose en la ley de Presupuesto; la eliminación de la tasa ANSE; el Provac; la facilitación de las admisiones temporarias; y la posibilidad de las empresas de hacer autocertificados de origen, reduciendo el costo de la certificación. Todos esos son pasos positivos.
—¿Qué cosas quedan pendientes o incluso no están todavía en agenda?
—Ahora se está trabajando en la ley de competitividad y ahí trabajamos con una matriz de Excel donde tenemos los puntos que venimos relevando desde antes de la pandemia por cada organismo. Ahí te das como un golpe de realidad y ves que de cientos de líneas de Excel, veo cuatro pintadas en verde como áreas de mejora. Tenemos que apurar el tranco. Hay empresas que tienen espalda y yo tengo que marcar el timing en función de las que no.
Hay temas que van a estar en esta ley de competitividad y hay otros que quedarían para el segundo semestre. ¿Cuáles son las grandes cosas que nosotros vemos que no están y son urgentes? La conectividad del Uruguay, los temas logísticos.
Lo que pasó el año pasado en octubre en el Puerto de Montevideo fue un hecho tremendamente relevante. Tenemos que trabajar en fortalecer los instrumentos que permitan que el puerto opere de forma coordinada, permanente y competitiva en cuanto a las líneas y los costos, porque seguimos recibiendo incrementos de las tarifas. Tenemos que pensar en la competitividad y que en la región circulan vehículos de alto desempeño. Tenemos que trazar grandes ramales donde puedan circular y habilitarlos para que transiten.
—¿Eso se puede hacer rápidamente o lleva un poco más de tiempo por la infraestructura?
—Es un trabajo que requiere muchos actores arriba de la mesa, porque hay temas de inversiones y de obra pública. Si tenemos que ver la forma de financiar al transportista que requieran hacer un cambio de tecnología, tenemos que buscar la forma de hacerlo. Son discusiones que hay que dar, no podemos pasarla para el costado porque la región avanza.
Estas cosas van a ser parte de la absorción de los beneficios de los acuerdos comerciales. Pensemos a Uruguay también como un polo de producción y de distribución dentro del Mercosur. Para eso necesito ser tremendamente competitivo y conectado con la propia región. Si no, el mercado interno lo tienen Brasil y Argentina. Si además tienen un mejor trazado o con menos costos, van a ser los polos que van a terminar abasteciendo Uruguay. Esa estrategia de cómo posicionarnos para las inversiones, requiere que estas charlas estén y se lauden. La conectividad es importante y tiene que materializarse en el corto plazo.
Reputación internacional y clima de negocios
—¿Cuánto se afectó la reputación de del Puerto de Montevideo como centro logístico con los paros de 2025?
—Hubo esfuerzos, pero es inviable que en ese contexto todos salgamos como si no hubiera pasado nada. Se perdieron negocios y hubo mercadería en situación crítica que se pudo sacar. Cada empresa buscó formas de abastecer a su cliente a toda costa, porque iba a ser peor perder un cliente que perder un contenedor. Los privados absorbieron mucho y pusieron la espalda para hacer valer sus propios contratos. Hubo un costo económico importante para los exportadores. Tenemos que poner todas las cabezas en acción para encontrar las mejores estrategias y no llegar a un punto de inflexión como ese.
Por otro lado, retomando temas de competitividad, tenemos que abordar rápidamente los costos de determinadas empresas estatales que brindan servicios, como UTE. Tenemos que impulsar una revisión en el costo de la energía eléctrica y un acercamiento a la realidad de los privados o materializar efectivamente las posibilidades de comercialización entre privados sin que las tarifas o los peajes terminen siendo barreras para que el negocio ocurra.
—Con todo este panorama, ¿cómo ves el clima de negocios? ¿Se piensa un poco menos en el largo plazo?
—Vemos con preocupación que no estamos visualizando el impulso inversor que veíamos años atrás, salvo algún sector específico. No quiere decir que sea particularmente por cuestiones de gestión en Uruguay, sino por el entorno global.



Dejá tu comentario