17 de marzo 2026 - 08:59

Diplomacia cultural, una herramienta silenciosa con la que Uruguay puede abrir oportunidades económicas

Se trata de un concepto que puede ser llevado a la práctica e incluso convertirse en una estrategia de política exterior.

Uruguay puede abrir oportunidades económicas mediante el refuerzo de la diplomacia cultural.

Uruguay puede abrir oportunidades económicas mediante el refuerzo de la diplomacia cultural.

Foto: Freepik

Los licenciados en Relaciones Internacionales, Facundo de Almeida (además director del Museo de Arte Precolombino e Indígena) y Nathalie Peter Irigoin (actual ministra consejera de la embajada uruguaya en Estados Unidos) publicaron El poder de la cultura: teoría y práctica en el escenario internacional. En diálogo con Ámbito, analizan cómo la cultura puede convertirse en una estrategia de política exterior, atraer inversiones y fortalecer la imagen país.

En un escenario internacional donde el peso militar o económico no siempre define la influencia de los países, la cultura aparece cada vez más como una herramienta estratégica. La llamada diplomacia cultural se ha convertido en un instrumento clave para proyectar valores, mejorar la imagen internacional y abrir oportunidades económicas.

Ese es el eje de la obra que combina análisis teórico con herramientas prácticas para comprender cómo los países utilizan la cultura como instrumento de política exterior y de desarrollo económico. En entrevista con Ámbito, los autores explican por qué esta estrategia resulta especialmente relevante para países pequeños como Uruguay.

¿Qué es la diplomacia cultural y por qué ha ganado tanta relevancia en las relaciones internacionales?

Nathalie Peter Irigoin: La diplomacia cultural está muy vinculada al concepto de soft power o poder blando, desarrollado por Joseph Nye. Este enfoque plantea que el poder de un país no depende únicamente de su capacidad militar o económica, sino también de su atractivo, de sus valores y de su cultura. En el libro tratamos de llevar esa discusión teórica a un plano más práctico. Analizamos distintos índices de poder blando y los contrastamos con indicadores de poder duro, como el producto interno bruto (PIB) o el gasto militar de los países”.

Una de las conclusiones más claras es que solo 13 países en el mundo tienen realmente el poder duro como herramienta central de influencia. El resto, incluidos países como Uruguay, dependen mucho más del poder blando para posicionarse en el escenario internacional.”

¿La cultura puede ser entonces un motor de posicionamiento estratégico para el país?

NPI: “Cuando analizamos cómo se percibe a Uruguay en distintos países vemos que la cultura, entendida en un sentido amplio, es uno de los factores más importantes. No se trata solo de expresiones artísticas, sino también de valores, de la estabilidad institucional, de la calidad democrática o de la transparencia. En los índices internacionales de poder blando existen ocho pilares de evaluación y Uruguay se destaca especialmente en dos: cultura y patrimonio, y personas y valores. Eso muestra que la cultura es uno de los principales motores del posicionamiento internacional del país.

Uruguay: buena reputación, bajo nivel de conocimiento

Según el análisis presentado en el libro, Uruguay tiene una situación particular en los rankings de percepción internacional. En unos 50 países las opiniones sobre el país son estadísticamente relevantes y muy positivas. Sin embargo, en más de un centenar de países el país es poco conocido. Para los autores, el desafío de la política exterior uruguaya es justamente ampliar ese nivel de conocimiento, aprovechando la buena reputación existente.

¿La diplomacia cultural también puede influir en la atracción de inversiones?

Facundo de Almeida: “Cuando una empresa analiza la posibilidad de invertir en un país no evalúa solamente variables económicas. También considera aspectos como la confianza institucional, la calidad de vida o el entorno cultural. Las expresiones culturales transmiten valores. Si un país tiene instituciones sólidas, una vida cultural dinámica o un sistema educativo fuerte, todo eso forma parte de la imagen que perciben los inversores Un ejemplo sencillo es el de un ballet nacional reconocido internacionalmente. Quien ve ese espectáculo no solo está viendo danza: está viendo detrás un sistema educativo, instituciones culturales y trabajo colectivo”.

¿La cultura popular también cumple ese rol?

FdA: “Totalmente. Expresiones culturales como el candombe o la murga tienen una enorme potencia simbólica porque transmiten identidad. Uno ve candombe e inmediatamente piensa en Uruguay. Además, Uruguay logró algo muy importante: que el candombe fuera reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Eso lo convierte en una expresión profundamente uruguaya, pero con reconocimiento universal.

En el libro también analizan la cultura como sector económico….

FdA: Sí, porque además de ser una herramienta de política exterior, la cultura es también una industria. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, las industrias culturales representan más del 3% del PIB mundial y generan más de 30 millones de empleos. Es un sector con características muy interesantes: genera mucho empleo por cada peso invertido, exporta valor agregado casi puro y suele ser amigable con el medio ambiente. Para países con mercados internos pequeños como Uruguay, la internacionalización de la cultura es fundamental para que muchos proyectos puedan existir.

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El libro destaca a la cultura como creadora de oportunidades en el frente económico.

El libro destaca a la cultura como creadora de oportunidades en el frente económico.

El ejemplo de Corea del Sur

Los autores mencionan a Corea del Sur como uno de los casos más exitosos de estrategia cultural a nivel global. La expansión del K-pop y de la industria cultural coreana generó un fuerte impacto económico y de imagen país. Un caso emblemático es la banda BTS, cuyo fenómeno global se transformó en una poderosa herramienta de promoción cultural y económica para el país asiático.

¿La cultura también puede influir en negociaciones internacionales?

FdA: Sí, y hay ejemplos concretos. En una negociación comercial que se estaba desarrollando en Montevideo, desde la Cancillería se pidió incorporar una actividad cultural para mejorar el clima de las conversaciones. Se organizó una visita al Museo de Arte Precolombino e Indígena y resultó que el jefe de la delegación extranjera era coleccionista de máscaras. Quedó fascinado con la colección del museo. Ese tipo de instancias generan confianza y empatía. No resuelven una negociación por sí solas, pero ayudan a construir un mejor clima.

¿La cultura también puede funcionar como punto de encuentro entre distintos sectores?

NPI: Sí, y lo vimos incluso en el lanzamiento del libro en la Feria Internacional del Libro de Montevideo. Había actores del mundo cultural, pero también empresarios, cámaras empresariales y representantes políticos de distintos partidos. Eso demuestra que la cultura tiene una capacidad particular de unir sectores diversos. Puede ser un punto de partida para conversaciones que conecten al país con el mundo.

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