La faena vacuna del primer trimestre de 2026 sumó 534.089 cabezas, un 13,7% menos que en igual período del año anterior y el número más bajo para ese período desde 2020, cuando la irrupción del Covid-19 en marzo paralizó parcialmente la actividad y dejó solo 461.677 vacunos faenados.
El dato no es solo estadístico: refleja un sector que pasó de la euforia de precios máximos a operar con márgenes negativos en cuestión de meses. Marzo fue el tercer mes consecutivo de descenso en la actividad, se faenaron 168.054 vacunos, el nivel más bajo desde septiembre de 2024 y un 10% menos que en marzo de 2025, equivalente a unas 17.000 reses menos que hace un año. La semana de Pascua fue especialmente magra: 22.709 cabezas, la faena semanal más baja desde la primera semana de 2025, con solo 18 plantas operativas. Las tres más activas, Tacuarembó, Pando y BPU, concentraron el 50% del total procesado, lo que ilustra la concentración creciente de la actividad en un puñado de plantas mientras el resto opera al mínimo o directamente cierra.
La composición de la faena cambia y eso importa
Más allá del volumen total, la composición de lo que se faena cuenta una historia preocupante sobre el ciclo ganadero. Los novillos, el producto de mayor valor y el más ligado a la exportación de calidad, cayeron casi un 17% en el trimestre con unos 51.000 novillos menos que en el primer trimestre de 2025. Su participación en el total bajó del 49% de los últimos dos años al 47% en este primer trimestre.
Las vaquillonas, en cambio, mostraron una caída mucho menor, solo 5,2%, y su participación sigue subiendo: pasó del 12% en 2024 al 14% en 2025 y al 15% en este primer trimestre. Una mayor participación de vaquillonas en la faena suele interpretarse como señal de que los productores están enviando a faena animales que en otras circunstancias retendrían para reproducción, lo que puede aliviar la presión de corto plazo pero compromete la reposición futura del rodeo.
La voz de la industria: sin márgenes y sin mercado
Eduardo Urgal, presidente de la Cámara de la Industria Frigorífica (CIF) y director de Frigorífico San Jacinto y Pando, puso en palabras lo que los números sugieren. "Veníamos pagando más de lo que se podía pagar y nos tocó sufrir durante un trimestre o un cuatrimestre. Hoy no hay industria que quiera seguir trabajando poniendo plata", afirmó en diálogo con Valor Agregado de Oriental Agropecuaria.
El diagnóstico sobre los precios es contundente: "Pasamos de negocios en el eje de u$s/kg 5,80 a un mercado de u$s/kg 5 a US$/kg 5,20. Hoy directamente no hay mercado", resumió. El ingreso medio de exportación mostró cierta recuperación en las últimas semanas pero no alcanza para recomponer márgenes que se deterioraron durante meses de sobreprecios pagados al ganado.
Urgal fue también preciso sobre los niveles de actividad necesarios para que el negocio tenga sentido económico: "Con 22.000 cabezas no vamos a ningún lado. Con 30.000 tampoco. Recién con 40.000 empezamos a ver algo de luz". El dato de la semana de Pascua (22.709 cabezas) lo ubica exactamente en el peor escenario que describe.
Capacidad ociosa y plantas cerradas
La menor actividad industrial tiene un efecto compuesto: con menos ganado para faenar, los costos fijos de las plantas se diluyen sobre menos unidades, lo que eleva el costo unitario y comprime aún más los márgenes. Urgal señaló el caso de las cuatro plantas cerradas de las dos multinacionales brasileñas con presencia en Uruguay (MBRF y Minerva) como un ejemplo concreto de cómo la capacidad instalada del sector quedó sobredimensionada respecto al nivel de actividad actual.
"En la medida que no tengamos ganado para faenar y la actividad esté estrangulada, la posibilidad de generar margen es muy baja", advirtió, al tiempo que recordó que la "riqueza de un país no está en los recursos naturales, sino en el desarrollo de su industria", en una reflexión que apunta a la pérdida de competitividad estructural del sector.
Escepticismo sobre el segundo semestre
El discurso oficial y algunos analistas del sector apuntan al segundo semestre como un período de recuperación, impulsado por la demanda china, el acuerdo Mercosur-UE y la estabilización de precios internacionales. Urgal no comparte ese optimismo. "Los que queremos estar muchos años en este negocio somos bastante escépticos de esos escenarios, porque ya los vivimos y sabemos cómo terminan", afirmó.
Su argumento apunta a la sostenibilidad del consumo: "El bolsillo no resiste cualquier cosa. Cuando se pierde consumo, recuperarlo es mucho más difícil" y propone una visión distinta para el sector: "Trabajar con valores más estables es mucho más saludable para toda la cadena", en lugar de ciclos de euforia y corrección que terminan dañando a todos los eslabones.
La caída de la faena se da en un momento en que el sector ya enfrenta otros frentes abiertos. El frigorífico San Jacinto, cuyo director es el propio Urgal, permanece inhabilitado para exportar a China tras la detección de residuos de fluazurón en un embarque de septiembre pasado. China es el segundo mayor destino de la carne uruguaya, con exportaciones por 72 millones de dólares solo en marzo. La combinación de menor actividad, márgenes negativos y restricciones de acceso al principal mercado asiático configura un escenario de presión múltiple para la industria.
Dejá tu comentario