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23 de mayo 2013 - 08:35

Una década ganada por el pueblo en cada barrio de la patria

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Camau Espínola.
Por Camau Espínola, especial para ámbito.com.-


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Hace pocos días recorrí el barrio Costa Esperanza y me crucé con Javier, un vecino de la zona que con palabras muy sencillas marcó mi jornada y todavía lo recuerdo: "Un techo y un trabajo son las cosas que más dignidad le pueden dar a un ser humano", me dijo.

Javier vive con su familia en una casa nueva que pudimos construir desde la gestión municipal gracias a la articulación con una serie de programas oficiales, herramientas que nos propone el Gobierno Nacional.

De esa manera nuestro querido vecino, sus hijas y su esposa, así como otras 25 familias, pudieron abandonar la casita de la esquina que formaba lo que antes era un asentamiento precario y hoy puedo decir que es un barrio.

Lo pudimos dotar de más ambientes, mejores conexiones eléctricas, por primera vez tienen cloacas y veredas que son más que unos cuantos ladrillos en hilera. Tienen un patio grande y el terreno es suyo, con papeles y la libertad de proyectar allí las reformas y ampliaciones que quisieran.

Esa historia, que es un zoom en la historia de toda una comunidad, podría ser la síntesis de una década ganada por el pueblo gracias a las políticas de desarrollo que comenzó a implementar Néstor Kirchner y hoy profundiza nuestra Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Es que en Costa Esperanza reunimos la política de ingreso social con trabajo, mediante el aporte de las cooperativas para las construcciones, así como la inclusión a través de la adjudicación del derecho a la vivienda y un ambiente sano.

El Centro Integrador Comunitario que se construyó en la zona complementa la unidad vecinal con diversos servicios de salud, con medicamentos, insumos y profesionales. Allí los hijos de Javier se aplicaron las vacunas del calendario oficial: antes tenían que recorrer numerosas cuadras para llegar a una sala sanitaria y hoy a pocos metros tienen dosis que antes ni siquiera figuraban en los planes oficiales de salud para nuestros chicos.

Sé que aun falta: estamos avanzando en la planificación de más calles y sistemas urbanos que permitan accesibilidad y la extensión de servicios como el de la recolección de residuos.

Pero también sé que podemos hacerlo, porque entiendo que hay un Estado Nacional que otorga herramientas y pensó en Javier y su familia y en un país para 40 millones de argentinos.

Como cuando dispuso programas como el de la Asignación por Embarazo y Universal y en un plan de seguridad social como el Sumar.

Y en la educación, construyendo más escuelas que las que se habían construido hasta la actualidad a lo largo de la historia, a las que sumó netbooks y más conocimientos para aprender.

Y en la diversidad y en la libertad en el uso de la palabra, con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual; y en los jubilados, al recuperar sus aportes de toda la vida y reconstruir el PAMI; en la economía, con políticas concretas para el desarrollo y la creación constante de empleo; y en nuestra soberanía estratégica, con la repatriación de YPF y Aerolíneas; e incluso en la claridad a nuestra historia, con Memoria, Verdad, Justicia y Derechos Humanos.

La felicidad de las familias se refleja en su acercamiento con más naturalidad a nuestras expresiones culturales y deportivas a nivel masivo y siento que eso es una pauta clara de que hemos crecido como nación, porque volvimos a sentir el orgullo de ser argentinos.

Ese sentimiento, transmitido en cada mirada de correntino a correntino, de argentino a argentino, es lo que hace a una patria grande, la que sentí en el pecho muy profundo cuando subí la Bandera Argentina a lo más alto de los podios deportivos del mundo y hoy ese mismo sentir lo tengo cuando veo que más argentinos, de mi provincia o del punto del país que fuera, se suman a una patria que crece.

Y lo hace otorgando más derechos y la libertad que da estar en un país que después de verse en ruinas se supo reconstruir, gracias a las decisiones de dos presidentes que llegaron del frío pero tuvieron la sangre caliente para sentir las necesidades de la gente como propias y trabajar cada hora pensando que se puede estar mejor.

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