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Los resultados podrán aumentar, circunstancialmente, en un contexto de buenos precios para los granos, pero, en una nueva proyección a mediano plazo, son los costos los que definen la rentabilidad.
Los costos no deben tomarse como un valor absoluto (en u$s/ha) sino relacionados con la producción que se logre en cada caso, apuntando a costos por tonelada competitivos. Se pueden observar en los cuadros adjuntos los costos por tonelada para trigo, maíz, soja y girasol, sobre la base de planteos representativos para las respectivas zonas de producción.
El costo por tonelada depende tanto de la estructura de costos (cantidad y precio de insumos utilizados en cada caso) como del rinde obtenido. El mismo tiende a disminuir a medida que aumenta la producción, salvo que para lograr mayores rindes la utilización de insumos sea desmedida.
Los costos por tonelada actuales son menores que los vigentes hasta fines de 2001, principalmente por la incidencia de menores costos de laboreos, cosecha, comercialización y de estructura medidos en dólares.
No están incluidos en los cálculos precedentes las distorsiones derivadas de tasas asimétricas en el Impuesto al Valor Agregado, ni el Impuesto a las Ganancias, que en la presente campaña, en virtud del no ajuste por inflación, generará, asimismo, costos adicionales.
Para cada planteo productivo es conveniente evaluar qué combinación de costos y rindes lleva al menor costo por tonelada. Esa es la clave de la rentabilidad en el agro.
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