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30 de noviembre 2006 - 00:00

"El loco", una curiosa leyenda

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Uno de los vistosos puestos que promocionan el merchandising de Hugo Chávez. Remeras, gorras, banderas y hasta un muñeco que repite sus consignas.
Caracas (enviado especial) - El propio Chávez la alimenta, con comentarios casuales en sus discursos. Pero en la calle, entre taxistas, mozos y vendedores ambulantes, tiene categoría de mito: es la leyenda de «el loco», una especie de «otro yo» del bolivariano que por las noches, disfrazado, sale de incógnito a fiscalizar cómo funciona su gobierno.

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«Se calza una peluca, como si fuese un loco, se monta a un moto y va a los hospitales o a los lugares donde están los obreros haciendo autopistas o viviendas para controlar que trabajen», cuenta Desiderio Villalobos, un maracucho -como apodan a los nacidos en Maracaibo- que vive y trabaja en Caracas.

El relato se enfoca sobre los médicos. «Va a constatar que no duerman cuando deben estar curando a los enfermos. Si los pesca durmiendo, los bota», cuenta Villalobos, que se confiesa «chavista hasta la muerte» y da por hecho que, el domingo, el presidente logrará la reelección.

En las plazas, en algún bar, entre mozos, señoras y pibes que venden «lo que sea» en las calles -analfabetos, pero rudimentariamente bilingües-, la fábula salta de boca en boca. Algunos sonríen con incredulidad, otros la consideran irrefutable: ni se les ocurre dudar de su veracidad.

«Me dijeron que pasa por los hospitales, de noche, para certificar que estén atentos», cuenta Eleodoro: no hay una pizca de sospecha en sus palabras, sí de sigilo: trabaja en un hotel internacional y declara, mirando de reojo a su alrededor, que votará por el bolivariano.

«Voto por Chávez, claro», asegura. El «claro» es terminante, irreversible. Refleja lo que en Caracas es pan del día: la distancia, cuando no la enemistad, entre las elites y los sectores bajos. Una postal de Latinoamérica que en Venezuela se observa con extrema crudeza.

  • Dudas

    Azucena se dice « apolítica» y avisa que no va a votar el domingo. Duda de todo y atribuye a «fantasías de los chavistas» la leyenda del Chávez disfrazado que se lanza a recorrer obras y hospitales.

    Como Azucena, también Jeanette se desentiende de la disputa Chávez-Rosales. La joven que vende artículos de computación en un local de Las Mercedes, una zona top al este de Caracas, es una «ni-ni»: desencantada, planeaba votar al humorista Benjamín Rausseo, que se bajó de la competencia.

    «Si Chávez saliera a ver los hospitales, éstos andarían mejor», dice Jeanette, que sostiene que la leyenda de «el loco» es otra de las muchas que rodean al presidente y que, alentadas por éste, pretenden dorar de mística su figura. Es que todo parece posible en el «planeta Chávez».

    En cambio, Pablo, que llegó a esta ciudad desde «el llano» hace 40 años y realiza tareas de mantenimiento en una empresa internacional, avala la fábula, pero la ubica en el pasado. «Ahora Chávez tiene muchos enemigos: ya no puede andar por ahí», afirma en línea con las denuncias del presidente.

    Con matices, casi religiosa, la leyenda viborea entre incrédulos y místicos para, como todo en esta Tierra, glorificar o demonizar a Chávez. Ese es un juego, se sabe, que el bolivariano disfruta. Con o sin disfraz.
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