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"Veníamos observando que la soja se incorporó como una oleaginosa de pocos requerimientos para ocupar un lugar en las rotaciones extensivas y este pensamiento se tradujo en rendimientos muy por debajo del potencial del cultivo", aseguraron ambos productores. Utilizando toda la tecnología disponible en semilla, fertilización, inoculación, protección de cultivos y mecanización, en setiembre del año pasado, los Avellaneda iniciaron un ensayo junto a Montsanto y a un grupo de empresas y asesores del sector en el establecimiento San Marcelo, en el sur de Santa Fe. «Lo bueno es que armamos un equipo que funcionó muy bien y cada uno cumplió su rol», destacó Avellaneda.
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El dueño de casa señaló que para obtener altos rendimientos se requiere un importante volumen de nitrógeno, inclusive más de lo que necesita el maíz. En tanto,
A pesar de todos los insumos que se aplicaron, el análisis de costos del ensayo resultó rentable. Según indicó Agustín Avellaneda, los gastos se incrementaron de 100 a 150 dólares contra un margen de 350 dólares. "El costo se incrementa más que nada con los fertilizantes, pero se puede llegar a arreglar. En soja de segunda, los costos son menores porque los fertilizantes ya se utilizaron para el trigo", aseguró.