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«Durante los meses de invierno, existen productores que faenan en forma casera, ya que la carne no se les pudre», indicó Ribicich, quien añadió que «lo que deberían hacer esas personas es realizar consultas con un veterinario que, a través de un análisis, determinará el estado del producto».
La especialista reveló que avanza en una investigación para detectar si un animal vivo posee la enfermedad, para complementar la técnica establecida por el SENASA denominada «digestión artificial», que se basa en la observación y cuantificación de los parásitos en muestras de cerdo ya faenado en el frigorífico. «La implementación de esa técnica de diagnóstico, en los mismos establecimientos de porcinos vivos, permitiría obtener un mayor conocimiento de dispersión de la enfermedad», destacó Ribicich, quien remarcó que «la técnica es complementaria de la que se realiza en el frigorífico».
«Se trata de una prueba inmunológica basada en un test de Elisa que, mediante un análisis de sangre, permitiría que el productor sepa de antemano si sus cerdos están parasitados o no antes de enviarlos al matadero», añadió.
Ribicich recomendó que «los consumidores deben comprar alimentos que tengan control del SENASA y observar con atención los chacinados y embutidos de realización casera que se venden en puestos callejeros ubicados a la vera de las rutas y caminos de zonas suburbanas del interior del país».
También destacó que «cuando se consume carne fresca de cerdo debe cocinarse bien hasta observar que el calor llegue hasta el centro del corte, de tal manera que una vez trozado no presente coloración rojiza ni rezuma sangre».
La triquinosis es una enfermedad producida por el parásito Triquinella spiralis, que al ingresar en el organismo se aloja en los músculos y si no es tratada en forma inmediata, puede provocar desórdenes gastrointestinales, dolores musculares, edemas faciales y hasta lesiones cardíacas.
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