La cosecha de algodón se ve afectada por el avance del picudo.
La cadena de valor del algodón, por su carácter intensivo en mano de obra, es esencial en las provincias del Norte, sobre todo ante la ausencia de oportunidades laborales genuinas. Por ello, es importante impulsar la actividad del sector y superar sus principales obstáculos: la contaminación por polipropileno y la destrucción que genera el picudo algodonero.
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En cuanto a la contaminación, las provincias algodoneras deberían persuadir a sus productores para que usen exclusivamente bolsas, hilos y cintos de algodón durante su cosecha manual, ya que la utilización de bolsas de polipropileno u otras fibras sintéticas degrada la fibra y dificulta su posterior teñido. Asimismo, sería conveniente fomentar la cosecha mecanizada, como en general se produce en Brasil. A través de esa tecnificación, disminuiría el riesgo de incluir restos de telas y de hilados sintéticos. Ambas medidas tenderían a eliminar la contaminación, bajaría la importación y se promovería el cultivo de los pequeños y medianos productores.
Más allá de la gravedad del problema de la contaminación, no menos difícil de sortear es el daño y la amenaza del picudo algodonero, una plaga regional que afecta también a Brasil, Paraguay y Bolivia.
Al respecto, la Argentina ha aplicado, desde hace más de 10 años, una política de prevención y erradicación de focos, y ha impuesto la decisión de erradicar el picudo en cinco años en la reunión celebrada entre los cuatro presidentes en Iguazú en 2004.
Lamentablemente, los picudos no respetan fronteras, tienen un alcance de más de cien kilómetros por año; los picudos paraguayos de Ñeembucú pueden llegar en forma masiva a los algodonales de Formosa, Chaco y Corrientes. Sin embargo, irresponsablemente, las autoridades de Misiones, nuevamente promueven el cultivo en esa provincia, que está rodeada y cercada por la plaga.
Para eliminar el picudo, es preciso llevar adelante una política pro activa. En concreto, es primordial coordinar un plan con Paraguay, Brasil y Bolivia para disminuir la plaga a su mínima expresión, y reducir las fumigaciones y la pérdida de producción causadas.
La Cámara Algodonera Argentina ha elaborado una Estrategia Regional Privada, que cuenta con el consenso de ABRAPA, Cadelpa y ADEPA, entidades gremiales algodoneras del Cono Sur. Este es el primer paso para abordar el problema de manera eficaz.
Los productores argentinos por ahora no han tenido pérdidas, porque el SENASA ha llevado adelante acciones en Formosa, Chaco y Corrientes, con elementos provistos por las licitaciones del BID y del Prosap. Estos aportes, que no siempre llegaron a tiempo, han sido útiles hasta ahora, pero no es suficiente para eliminar la plaga.
Los gastos fueron abonados por el SENASA, los hilanderos y algunos exportadores que pagan $ 20 por tonelada de fibra, sin posibilidad de descontarlos a los productores que se benefician directamente de estas acciones.
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