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30 de octubre 2007 - 00:00

3 puntos frágiles del diagnóstico Cristina

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El inédito traspaso del poder del presidente Kirchner a su esposa también resulta extravagante en materia de transición económica. En efecto, desde la recuperación de la democracia, los cambios del poder o, inclusive, las reelecciones, como la de Menem del 95 (después de todo, la actual es una reelección encubierta), tuvieron como característica principal una urgencia coyuntural importante. Alfonsín enfrentaba la recesión y la crisis post-Malvinas. El Menem del 89, la hiperinflación y el colapso social. El Menem del 95, las consecuencias del tequila en materia de nivel de actividad y desempleo. Fernando de la Rúa, por su parte, la hiperrecesión, el desempleo, la deuda y el tipo de cambio real. Finalmente, Néstor Kirchner necesitaba solucionar y consolidar la salida de la crisis terminal de 2001, que había comenzado, tímidamente, a resolver el gobierno de Duhalde, pero que enfrentaba temas pendientes de extraordinaria magnitud.

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Vista desde esa óptica, la transición entre los Kirchner surge como mucho más apacible. Es cierto que Cristina hereda un escenario conflictivo en materia inflacionaria. Es cierto, también, que los temas pendientes en materia energética, de precios relativos, de cuellos de botella en la inversión, plantean desafíos importantes. Pero no es menos cierto que, en comparación con las «herencias» anteriores, el inventario que recibe la primera dama del primer caballero luce mucho más manejable, en la medida en que el escenario internacional siga favoreciendo los precios de nuestros productos de exportación y el mercado de capitales se mantenga relativamente abierto para renovar deuda argentina a tasas aceptables.

Y éste parece ser el diagnóstico que predomina en los círculos económicos allegados al poder. 1) Tenemos un problema de inflación, precios relativos e incipiente puja distributiva. 2) Hace falta atraer más inversión en sectores claves. 3) El mundo sigue a favor en el sector real, pero algo más duro en materia financiera, de manera que hay que hacer «buena letra» en reputación crediticia, para poder renovar deuda, en especial en 2009, y no ser tan Chávez dependiente.

El «tratamiento» que se sugiere frente a los problemas comentados surge de analizar los dichos, tanto de Cristina en sus escasas definiciones públicas, como de los funcionarios actuales o de aquéllos que « suenan» con más chances de seguir ocupando un lugar de privilegio entre los «asesores» y «allegados».

1) Inflación, precios relativos, puja distributiva. La inflación obedece a tres causas: a) el aumento del precio de los alimentos y la energía en el mundo. Este es un problema global, «les pasa a todos». Pero nosotros tenemos la «suerte» de ser exportadores netos de alimentos. De manera que podemos «aislar» a los consumidores argentinos de los problemas que enfrentan otros, mediante retenciones móviles, cupos de exportación, subsidios cruzados, etc. Estos mecanismos de intervención del Estado han sido utilizados en el pasado y serán utilizados aún con más énfasis en el futuro. En el caso energético, en donde surgen «costos de oportunidad» de los inversores extranjeros que pueden desviar la inversión hacia países con mayor rentabilidad relativa: «negociaciones» o búsqueda de capitalistas « amigos» más dispuestos a invertir en la Argentina, en condiciones menos rentables. b) El poder oligopólico y la capacidad para formar precios a lo largo de la cadena de producción y comercialización. Allí, profundización de los mecanismos de control del Estado para combatir la concentración económica y la falta de transparencia en los mercados. (Dicen que con herramientas más « sofisticadas» que las del amigo Moreno). c) La puja distributiva derivada de la tensión del crecimiento. En este caso, será muy útil el acuerdo social, para recuperar salario real -2 puntos por encima de la inflación esperada- con compromisos del Estado en materia fiscal, cambiaria y de tasas de interés. De las empresas, en materia de horizonte de inversión. Y de los sindicatos con «paz social».

2) Cuellos de botella y faltantes de inversión. Reconocimiento gradual de precios, en los casos regulados de servicios públicos. Uso de los fondos de las AFJP, banca pública y líneas de bancos privados, para financiamiento de la inversión, en el marco de los «acuerdos». Algún incentivo impositivo para la reinversión de utilidades.

3) Para el problema de financiamiento externo.Renegociación con el Club de París. Alguna propuesta, más adelante, a los holdouts. Recompra de deuda. Normalización del INDEC con algún índice que se siga llamando IPC y que deje de lado los productos « estacionales» para ajustar deuda.

Como puede apreciarse, el comienzo de la gestión Cristina o, inclusive, la transición Néstor-Cristina, asoma, como advirtieron desde el oficialismo, sin grandes shocks, ni sorpresas, en materia económica.

El único interrogante serio a estas alturas es si tienen el diagnóstico correcto. Si las medidas sugeridas son adecuadas. Y si la combinación de ambas cuestiones puede resultar exitosa.

¿O dicho de otra manera? ¿Se puede entrar al paraíso con los mismos instrumentos con los que se salió del infierno?

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