Impulsado por una acuciante necesidad de mejorar su competitividad, restaurar el crecimiento y reducir su elevado desempleo, Alemania ya comienza a extender a 40 horas la semana laboral en varios segmentos de su industria (sin suba salarial). Esto reclamó ayer el sector automotor al gobierno socialdemócrata y ya lo negocian decenas de empresas de otros sectores, como el metalúrgico y el eléctrico, con sus sindicatos. Alemania se suma así a Francia, que está intentando desmontar la semana laboral de 35 horas, probadamente perjudicial.
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