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20 de diciembre 2006 - 00:00

Angustia por crisis energética

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Como predicaba aquel sabio chino, a quien quiera hacer una revolución le debería bastar con cambiar el lenguaje. Acaso siga esta lógica el gobierno, al afirmar que sobre la Argentina no pesa una crisis energética. Sin embargo, no sólo el país se ha puesto al borde del apagón una y otra vez con los últimos calores. También salieron de servicio dos centrales nucleares, Atucha I y Embalse ( regresó ayer a la producción, pero con la mitad de su potencia) sin que nadie ofrezca explicación alguna sobre una emergencia de este tipo. Una curiosidad, tratándose de un gobierno que ha decidido ir hasta el tribunal de La Haya envuelto en la bandera del medio ambiente. El silencio es llamativo, no sólo en este caso, sino en todo lo referido a la peripecia energética. Por primera vez, Julio De Vido no habla en público del tema: calla desde el lunes de la semana pasada. En privado, sus amigos lo escuchan lamentar: «Ya no sé cómo decirle al 'Flaco' que estamos en una crisis». No debería extrañar que «el Flaco», es decir, Kirchner, haya comenzado a recibir explicaciones sobre el problema de otras fuentes, aproximadas por Alberto Fernández. Por sensatez o, lo más probable, por mera rivalidad, acaso las palabras comiencen a tener su antiguo significado.

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