La cantidad exacta en el caso de Brasil asciende a 69.657 millones de dólares, de los cuales la mayor parte -50.746 millones-está en Inversiones Externas Directas (IED) como colocación genuina de capital, con fines productivos no especulativos.
En el caso argentino, en cambio, se observan números muy distintos: con una deuda externa estimada en 150.000 millones de dólares, la comisión legislativa estimó que los fondos fuera del país -a diciembre de 2001- sumaban 127.074 millones. De ese monto estimado, la IED no supera 20%, según explicó el encargado de Cuentas Internacionales del INDEC,
El analista precisó que otro 20% del total corresponde a inversiones en cartera, mientras que la abrumadora mayoría --60%, unos 75.000 millones de dólares-está en depósitos, efectivo y otros activos financieros.
Así, las cantidades de dinero en el exterior en relación con la población y la deuda externa arrojan un resultado muy inclinado hacia la Argentina, a lo cual habría que agregar que las inversiones de los brasileños llegan a otros países con fines productivos y no sólo para preservar los ahorros.
A los motivos políticos y económicos que explican tales diferencias hay que sumar una cuestión operativa, que tiene que ver con que la normativa para este tipo de movimientos es en el vecino país muy complicada y onerosa, con impuestos que van de los 500 a los 2.000 dólares, y montos mínimos por encima de los 20.000. Sin embargo, la crisis financiera que azotó a la región en las últimas semanas no se detuvo en los límites internacionales, e impulsó a los brasileños de mayores ingresos a volcarse hacia la habitual práctica de los ahorristas argentinos, más proclives a fugar dinero a plazas más seguras cuando cunde el pánico.
Según el último informe del BCB, fechado el 12 de julio, las remesas líquidas de recursos de personas físicas sumaban en el año hasta ese momento unos 3.200 millones de dólares.
Dejá tu comentario