18 de octubre 2005 - 00:00

Baja empleo industrial. (Es bueno)

En la revista «The Economist» de la semana pasada se analizó en profundidad qué está pasando en el mundo con el empleo industrial. La caída que está observando en países desarrollados es buena señal. Se explica con fundamentoel fenómeno, que de hecho no es nuevo, y se ejemplifica una de las causas: los hogares sólo necesitan una cantidad fija de heladeras, TV, autos, ropa y a medida que se vuelven más ricos, gastan más en servicios como vacaciones,salud y educación. La divisiónentre empleo industrial y servicios es redundante. No hay mejor ni peor. Para tener en cuenta, especialmente por el equipo económico hoy focalizado sólo en la industria.

Baja empleo industrial. (Es bueno)
Por primera vez desde la revolución industrial, menos de 10% de los trabajadores de EE.UU. está actualmente empleado en la industria. Y probablemente la mitad de estos trabajadores sólo realice tareas relacionadas con los servicios como diseño, distribución y planeamiento financiero. El porcentaje real de trabajadores que fabrican cosas que pueden caer encima de tu pie podría ser sólo 5%. ¿Es éste un motivo de preocupación?

En 1970, alrededor de 25% de los trabajadores de EE.UU. era empleado industrial.

También el porcentaje ha descendido en el resto de las economías desarrolladas desde ese año. La caída más abrupta se registra en Gran Bretaña, donde la proporción de estos empleos bajó de 35% a 14% de la fuerza de trabajo. La caída más leve fue en Italia, donde aún representan 22% del empleo. Alemania es la otra economía grande en la que más de un quinto de los trabajadores se dedica a fabricar productos. En Japón, el porcentaje se ha reducido a 18%.

Hoy, la mayoría de la gentetrabaja en servicios. En Estados Unidos, 80%. Pero esta tendencia difícilmente sea nueva. Ya en 1900, Estados Unidos e Inglaterra tenían más trabajadores en servicios que en la industria. Aun en su punto más alto, a principios del siglo XX, el empleo industrial nunca superó un tercio de la fuerza de trabajo de EE.UU.


• Caída

Lo que sí es novedad es el descenso absoluto de la cantidad de trabajadores fabriles. El número de trabajadores industriales se había mantenido casi constante entre 1970 y 1990. Desde entonces, el empleo manufacturero ha caído año tras año. Desde 1996, el número se ha reducido en un quinto en EE.UU, Gran Bretaña y Japón. En la eurozona, la pérdida promedio sólo fue de 5%.

Más allá del dolor de cabezagenerado por el « norteamericano industrial en descenso» y el cambio en la producción en masa de China, el PBI real ha estado creciendo a 4% anual desde 1991, más rápidamente que el PBI del mundo.Y a pesar de que China está siendo ampliamente aclamada como el nuevo taller del mundo, Estados Unidos sigue siendo el mayor productor mundial de manufacturas. Después de Japón, China produce, en un distante tercer puesto, u$s 700 mil millones en productos industriales, sólo la mitad que EE.UU.


China tiene aproximadamente seis veces la cantidad de empleados industriales que EE.UU., pero son mucho menos productivos. Además, China aún no ha escapado a la declinación del empleo industrial que se está produciendo en el mundo. Entre 1995 y 2002, el número de estos empleados se redujo en 15 millones en China, debido a la reestructuración de las ineficientes empresas estatales. Contrario a lo que se podría pensar, la producción industrial ha estado creciendo fuertemente. La caída en este tipo de empleo en EE.UU o en cualquier otro país debería ser vista como una buena señal. Refleja un rápido crecimiento de la productividad. Y dado que el desempleo no ha aumentado en la última década, aun cuando se han perdido empleos industriales, parecería que esos trabajadores despedidos han encontrado nuevos empleos.

La desindustrialización, la disminución del empleo industrial, es popularmente percibida como un síntoma de declinación económica. Al contrario, es una etapa natural del desarrollo de la economía. A medida que un país se vuelve más rico, es inevitable que sea requerida una menor proporción de trabajadores industriales. En primer lugar, porque los hogares necesitan sólo cierta cantidad de autos, heladeras o microondas, por lo que, cuando se vuelven más ricos, tienden a gastar una mayor parte de sus ingresos en servicios como vacaciones, salud y educación por sobre los bienes.

En segundo lugar, es más fácil automatizar las industrias que los servicios, reemplazando hombres por máquinas. Un crecimiento de la productividad más rápido que en los servicios significa que la industria necesita menos trabajadores. Por lo tanto, a medida que los trabajadores se movilizan a áreas más productivas, se estimula la productividad global y, por lo tanto, el nivel de vida.

• Debilidad

Desde este punto de vista, el hecho de que el trabajo industrial siga teniendo tanta participación en el empleo y en el producto en Alemania y en Italia podría ser un síntoma de debilidad económica. No sólo ambos países han tratado de cuidar el empleo industrial con leyes de protección laboral, sino, además, una maraña de prohibiciones también desalienta la creación de nuevos puestos de trabajo en servicios. Estos dos países, por lo tanto, enfrentaran más desafíos por la creciente competencia de las economías emergentes en los años que siguen.

La división entre industria y servicios se ha vuelto redundante. Una división más clara existe hoy entre trabajos de alta y baja calificación. Ningún rubro es mejor que el otro, son independientes. Las computadores son inservibles sin programadores; una televisión no tiene valor sin programación. La cuestión no es si la gente trabaja en las fábricas o no, sino si está creando riqueza. La industria solía ser la que mayor valor agregaba; industrias de alta tecnología como la espacial o la de medicamentos aún lo son. Pero, hoy en día, las economías desarrolladas, telecomunicaciones, software o bancos, pueden crear más riqueza que haciendo pantalones o zapatillas. En poco tiempo, nadie se preocupará por si las empresas son industriales o de servicios. La prosperidad dependerá no de cómo una actividad económica esté etiquetada, sino de la capacidad de una economía de innovar y ajustar.

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