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30 de mayo 2006 - 00:00

Cómo una inversión china hizo resurgir a pueblo

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El puerto de Sierra Grande, de donde partieron las primeras 60.000 toneladas de mineral de hierro. Stock que pertenecía al trabajo de la antigua mina Hipasam.
«...Llegó la empresa china, y vivieron felices para siempre». Este sería un buen final para la historia que está protagonizando el pueblo de Sierra Grande, luego de que los chinos restablecieron una de las minas más grandes de la Argentina, que brinda más de 200 puestos de trabajo. Pero no. Sus habitantes tienen esperanzas, pero muchos consideran, a pesar del resurgimiento que está sobrellevando el pueblo, que la ex mina Hipasam (hoy Minera Sierra Grande), fue «regalada» a los empresarios chinos, con stock incluido de 60.000 toneladas de mineral de hierro, que hace poco más de un mes exportaron al país oriental.

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En 1991, la mina cerró y con ello 1.300 personas se quedaron sin trabajo. El pueblo sufrió una emigración de la mitad de sus habitantes y un nivel de desempleo de 50% que preocupaba y quitaba todo tipo de esperanzas de un futuro mejor.

Hoy se respira tranquilidad y confianza. Sus habitantes mantienen la fe en que su pueblo no va a morir. Ese tormentoso cliché del «pueblito fantasma» genera vergüenza y humillación entre sus pobladores a pesar de que hayan vivido un caos económico y social. Los ánimos eran bajos y el trabajo escaseaba: «En esa época no se encontraba a alguien de buen humor, se necesitaba una fortaleza muy grande para poder salir adelante», recuerda Griselda Burgos, vicedirectora de la Escuela Nº 62 de Sierra Grande.

«Cuando la empresa estaba funcionando, habían muchos servicios: se formaron barrios para las casas de los obreros, pero fueron abandonadas; no se podía creer que haya un pueblo tan abandonado. Me da mucha vergüenza decirlo, pero los que se fueron, sintieron tanto odio por el cierre, que destruyeron y arruinaron varias de esas casas. Fue una época muy oscura y triste», relata Burgos.

  • Sufrimientos

  • Griselda vive en Sierra Grande desde los dos años. Recuerda con precisión y con ojos tristes todo lo que sufrió su pueblo. Su padre era minero y en 1991 se quedó sin trabajo. Poco tiempo después, enfermó y falleció: «Era un hombre que no faltó nunca al trabajo, no tenía antecedentes de enfermedad. La situación lo enfermó.

    Mucha gente querida pasó por lo mismo; las condiciones de vida en ese momento deprimían a varios mineros».

    Luego del cierre, en 1993 la mina subterránea pasó a manos de la provincia con el nombre de Hierro Patagónico Rionegrino Sociedad Anónima ( Hiparsa), pero nunca pudo ponerse en funcionamiento hasta su privatización. El pueblo, para sacarle provecho, la transformó en un paseo turístico donde mostraban los pasadizos subterráneos con los que cuenta. Pero nada de eso servía para lograr la activación económica que el pueblo necesitaba para salir adelante.

    A fines de 2004, la empresa-china Grade Trading logró la reactivación de la mina, que en su momento perteneció a la disuelta empresa Hierro Patagónico de Sierra Grande Sociedad Anónima Minera ( Hipasam), por la suma de 6,4 millones de dólares. Jaime Brown es el presidente de la mina que creó 250 nuevos puestos de trabajo con la promesa de llegar a los 850: «Nuestro objetivo es acrecentar la producción hasta llegar a los 120.000 a 180.000 toneladas de mineral de hierro. Por ende, más puestos de trabajo». «Eso le da esperanza al pueblo, y es lógico que la haya; ellos saben que las cosas de ahora en más van a cambiar para mucho mejor. Nosotros hemos notado ese cambio en el pueblo, la gente está contenta, y es lógico que lo esté», agrega Brown.

  • Deuda

    Nelson Iribarren es el intendente de Sierra Grande desde 1999. «En esa época todavía seguía con el luto del cierre de la mina», recuerda, y agrega: «Cuando me toca asumir, ocupo el puesto con una deuda de 5 millones de pesos y 8 meses de atrasos salariales de los empleados municipales. Ellos cobraban a cuentagotas de a 40 y 50 pesos. No tenían posibilidad de crecimiento.El pueblo estaba fundido.Era un caos». «Cuando cerró la empresa, la gente se encontró con que no tenía nada. Todavía quedan muchas secuelas de todo eso. Hoy hay 12% de desocupación», agrega Iribarren.

    ¿Por qué el país no se hizo cargo de la mina dado que es una de las más grandes de Latinoamérica? Iribarren intentó responderlo: «Abrir la empresa significaba muchísimos millones de dólares para su reactivación, sumados a las nuevas máquinas, que cuestan alrededor de 600.000 dólares. Además, se necesita entrar en el mercado, y los chinos ya están adentro».

  • Jubilación precoz

    Otro de los puntos claves en la historia de la mina y su pueblo es el privilegio que reciben los ex trabajadores de Hipasam: luego de una ley impuesta por el senador Miguel Angel Pichetto, todo minero que haya trabajado en Hipasam puede jubilarse a los 45 años de edad: «Pichetto fue el que acompañó el cierre de la empresa Hipasam. Fue intendente de Sierra Grande en 1985 y ahora planteó esto que solamente lo recibe 5% de la sociedad». Según el intendente, hay personas que han trabajado un solo año en la empresa y poseen el privilegio de la jubilación: «Pichetto vino, levantó la mano para el cierre de la empresa y desapareció durante 14 años. La mayoría del pueblo está descontenta con este hombre. Gestionó esta ley para ganarse al pueblo ya que estuvo en las últimas elecciones para intendente».

    Ya se jubilaron más de 400 obreros, de los cuales, 150 son de Sierra Grande, el resto tiene su domicilio en otras provincias del país: «Vino gente de Mar del Plata, Jujuy, Mendoza. Se jubilaban y se iban».

    Es verdad, los ánimos son otros, la mina volvió. Los chinos llegaron y quisieron darle un final feliz a la historia del pueblo, pero Sierra Grande no puede ni debe depender de una mina que solamente tiene 50 años de producción, ya que se ha usado 10% de sus recursos: «El hierro es un recurso no renovable. Es más, todo depende de cómo funciona el mercado; la mina puede durar 50 o 10 años. No se sabe; por eso queremos trabajar con los recursos alternativos, como el balneario Playa Dorada, que es uno de los mejores del país, con tres kilómetros de extensión de arena y aguas cálidas», explica el intendente Iribarren y finaliza: «Estamos apostando muchísimo al turismo; la gente viene para descansar y desenchufarse. Pero claro, la frutilla del postre, sigue siendo la mina».
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