Sebastián Briozzo explica que la política
económica del nuevo gobierno deberá concentrarse
en lograr mayor superávit fiscal.
Para Sebastián Briozzo, director de Riesgo Soberano de la calificadora Standard & Poor's, la nota de riesgo de la Argentina no mejora desde octubre del año pasado porque surgieron conflictos macroeconómicos como un fuerte crecimiento del gasto público y una alta inflación. Por eso, el economista opina que el gobierno de Cristina de Kirchner va a tener que hacer hincapié en la política fiscal -dado que la monetaria no permite tanta flexibilidad-, que a su vez «va a ayudar a reducir la deuda y a contener la inflación».
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Con esperanzas en el nuevo ministro de Economía, Martín Lousteau, Briozzo espera que la Argentina concrete el desafío de crecer de forma sustentable. Sin embargo, no deja de destacar que hace falta «previsibilidad» para atraer inversores y solucionar los temas de infraestructura energética, que quedaron pendientes desde la crisis de 2001.
Periodista: ¿Qué balance hace S&P sobre el mandato de Néstor Kirchner?
Sebastián Briozzo: Eso se refleja en nuestras calificaciones, y en el caso de la Argentina la subimos por última vez en octubre de 2006, un buen momento para separar el análisis. Hasta esa fecha subimos la calificación tres veces, desde el default, hasta el nivel actual, que es «B+». Realmente, lo que ha respaldado esta suba es la combinación de alto crecimiento y, principalmente, la solidez fiscal. Este es un factor importante para una calificadora, ya que mide la capacidad de pagar la deuda, y esta solidez llevó a reducciones importantes en los niveles de endeudamiento en términos relativos al PBI.
P.: ¿El fuerte aumento del gasto público en los últimos años no es un inconveniente?
S.B.: Bueno... lo que estoy comentando subió la calificación en octubre de 2006 a «B+», luego de una profunda crisis como la de fines de 2001. Se logró un marco macroeconómico bastante sólido frente a otros países y frente a la propia historia económica argentina. Pero en ese momento, algunas debilidades de la calificación estaban en aspectos microeconómicos que quedaron por resolver desde la crisis y todavía siguen pendientes. Un ejemplo es la infraestructura, que tiene que ver con renegociar contratos con las empresas privatizadas en el sector de servicios, como en el tema energético. Entonces, a partir de octubre de 2006 no sólo no hubo solución a los problemas que venían desde la crisis sino que se agregaron nuevos conflictos a nivel macroeconómico, como el gasto público y la inflación. Esto hizo que la calificación se mantuviera sin cambios en «B+» hasta el momento.
P.: ¿Qué expectativas tienen frente al nuevo gobierno?
S.B.: Son buenas, porque los deterioros macroeconómicos son fácilmente reversibles. Para corregir la situación fiscal no hace falta cortar el gasto, sólo se requiere que no crezca a los niveles que mantiene desde el año pasado. Eso se logra con decisión política y siguiendola evolución de los ingresos públicos.
P.: Con respecto a ese tema, ¿la crisis en el INDEC no influyó en la visión de S&P sobre la Argentina?
S.B.: Es evidente que la inflación es más elevada y hay estudios privados que lo demuestran e indicadores como los de actividad y precios a nivel provincial. La cuestión del INDEC está incorporada dentro de la calificación en lo que respecta a cuestiones institucionales que todavía hay que mejorar. No son una fortaleza en la Argentina.
P.: ¿Hay esperanzas de que esto se consiga ahora que Cristina de Kirchner designó a Martín Lousteau en el Palacio de Hacienda?
S.B.: En la Argentina y en cualquier país, cada vez que asume un nuevo gobierno se abren posibilidades. Nosotros vemos una fuerte oportunidad a partir de la designación del nuevo ministro. Creo que tiene la combinación de un conocimiento muy profundo de la realidad argentina, no sólo en las cuestiones macro sino también financieras. Hay que ver si esto se enmarca en la agenda política de Cristina Fernández.
P.: A nivel regional, ¿cómo está posicionada la Argentina?
S.B.: La calificación es baja. Tenemos 24 países calificados en América latina y sólo dos son grado de inversión: México y Chile. Ya lo eran antes de que empezara el boom de los commodities en 2002. La mayoría de las calificaciones han subido en la región y el promedio está en «BB», esto quiere decir que la Argentina con «B+» está dos escalonespor debajo.
P.: ¿Por qué sucede esto?
S.B.: Hay dos cuestiones. Una es continuar disminuyendo el nivel de endeudamiento respecto del PBI; hoy es el más alto de la región, está entre 50% y 55%. Pero aquí es donde se puede avanzar más rápido. Por otro lado, están los problemas que vienen desde la crisis, que tienen que ver con cuáles son las reglas de juego para el sector de servicios, de energía, que permitan ampliar el horizonte de inversión de las empresas que están en el sector. Se requiere previsibilidad.
P.: ¿Qué recomendaría para reducir el nivel de endeudamiento?
S.B.: Siempre hablando en términos relativos, se logra fácilmente manteniendo una buena situación fiscal. Si el Producto sigue creciendo a tasas importantes -no necesariamente tiene que ser 8%, 4% ya es interesante- y con un buen superávit fiscal, la deuda va a seguir cayendo. A medida que esto suceda, el gobierno de turno va a ir ganando grados de libertad y menos dependencia de los mercados. Por eso, éste debería ser el objetivo de la política.
P.: Crecer a un menor ritmo también podría ayudar a reducir la inflación.
S.B.: Sin lugar a dudas. La inflación está enviando información de que la Argentina no puede seguir creciendo a tasas de 8% sin generar este tipo de problemas. Y éste es un punto en el que Martín Lousteau junto a Javier González Fraga han hecho hincapié. La Argentina ha crecido fuerte a lo largo de su historia, pero el problema no es crecer sino hacerlo de forma sustentable. Ese es el desafío.
P.: ¿La política fiscal sería la clave?
S.B.: Claramente. Ahí es donde el gobierno debe jugar. Es la clave para reducir la deuda, para generar más grados de libertad y para contener la inflación. En cuanto a la política monetaria, uno puede discutir si tiene que ser más contractiva o no, y si bien hay riesgos en tener una tasa de interés real negativa como la que existe actualmente, nosotros no creemos que haya que aplicar una política fuertemente contractiva. Sí es cierto que la tasa de interés debería tender a valores positivos. También entendemos que el poder de juego de la política monetaria en la Argentina no es muy amplio.
P.: En cuanto a la situación internacional, ¿cree que la crisis va a perdurar?
S.B.: No la llamaría crisis, sino turbulencia en los mercados internacionales. Es probable que persista durante un tiempo y que en 2008 continúen las correcciones, como la baja en los precios de las viviendas.
P.: ¿Cómo puede repercutir en la Argentina?
S.B.: La verdad es que no vemos una modificación en los escenarios para América latina. Es cierto que los riesgos van a ser mayores, pero el escenario base va a ser el mismo.
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